Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, muchas familias en Washington sienten que el suelo desaparece bajo sus pies. Recortes al empleo federal, una economía asfixiante y políticas que generan miedo en las comunidades inmigrantes marcan el clima actual. Aun así, los latinos de la capital encuentran formas de no solo resistir, sino de mantenerse con fuerza, creatividad y corazón.
Una economía que golpea, pero une
La región de Washington, DC, Maryland y Virginia perdió más de 72,000 empleos federales durante 2025; solo en el Distrito desaparecieron cerca de 24,000 puestos. El desempleo escaló y situó a DC entre las tasas más altas del país, con picos del 6%.
Estos números golpean directamente a familias y negocios locales, y las comunidades inmigrantes y latinas sufren de manera desproporcionada, ya que predominan en los sectores de servicios, hospitalidad y transporte. Ante la crisis, vecinos y organizaciones se movilizan para ofrecer talleres, redes de empleo, espacios de apoyo emocional y, sobre todo, una mano amiga para volver a levantarse.
“Hay un ecosistema de personas dando un paso al frente para ayudar”, dice Jenny Mattingley, de Partnership for Public Service.
El hambre se combate en comunidad
Poner comida en la mesa es una lucha diaria. En el último año, el 36% de los hogares del área metropolitana enfrentó dificultades para acceder a alimentos, afectando a más de 1.5 millones de personas. Entre ellas, 820,000 adultos padecen “muy baja seguridad alimentaria”, lo que los obliga a reducir su consumo o saltarse comidas por falta de recursos.
Para muchas familias latinas, el dilema es constante: pagar la renta, llenar la nevera, comprar medicinas o alimentar a los niños. Los washingtonianos han respondido con solidaridad tangible. Bancos de alimentos como Bread for the City, DC Central Kitchen y los mercados de la Capital Area Food Bank distribuyen comida semanalmente, incluyendo pop-ups dirigidos a trabajadores federales despedidos y contratistas.
Redes de apoyo y asesoría legal
La ayuda en la capital es activa y organizada. WellFed, fundada por ex empleados gubernamentales, reúne a más de 3,000 miembros en busca de redes de apoyo y asesoría profesional. Por su parte, organizaciones como Ayuda, CARECEN y WE ARE CASA ofrecen servicios legales gratuitos para frenar deportaciones, cubriendo procesos que en el sector privado pueden costar hasta $20,000. Además, diversas redes de ayuda acompañan a niños inmigrantes a la escuela y entregan víveres a familias que temen salir de sus hogares.
"DC está lleno de abogados y gente con ganas de marcar la diferencia", afirma Laura Trask, de Ayuda.
Cuidar a quienes cuidaron de todos
La crisis también moviliza a veteranos del servicio público. Scott Handmaker, tras 37 años en una agencia federal, ahora sirve comida en Miriam’s Kitchen y dice que “todo empieza con una comida, pero eso es solo el comienzo”. Muchos profesionales despedidos y abuelos donan horas en refugios porque saben que su gente necesita, además de alimento, dignidad y escucha.
Resistencia cotidiana
La resistencia también es cultural y digital. Elli, de 19 años, documenta la presencia de agentes federales en Instagram (@elli_documents) para proteger a su comunidad. Los fans del Washington Spirit gritan “¡Free DC!” en cada partido para exigir autonomía, mientras abuelas organizan círculos de apoyo emocional en Sixth & I.
Aunque se espera que la economía se contraiga un 3.5% en 2026, la respuesta ciudadana es profundamente humana. No se trata solo de estadísticas, sino de la vecina que ayuda con el currículum o del voluntario que reparte pan al alba. Mientras la comunidad se cuide con esta valentía, Washington seguirá siendo un hogar, sin importar quién ocupe la oficina oval. Aquí, la solidaridad es un acto diario y la ciudad se mantiene de pie, compartiendo lo que tiene y abrazando a los suyos.