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Tras los layoffs en el Post ¿quién narrará el deporte del DMV?

Tras los despidos en el Post, Washington pierde su "Murderers’ Row" del periodismo. Sin una sección de deportes que cuestione al poder y narre la ciudad, el fanático queda a merced de las redes sociales y el silencio oficial. ¿Quién contará ahora nuestra historia?

Photo by Esma Atak/Pexels.

Los despidos masivos en The Washington Post borraron casi por completo la sección de deportes, dejando a los fanáticos del DMV sin la cobertura que durante décadas contó la historia de sus equipos, desde los Nationals hasta los Commanders. Más de un tercio de los periodistas del Post fueron afectados, y la primera víctima fue justamente el área que daba vida al deporte local. Para los residentes del DMV, esto no es solo una noticia, es un vacío en la narrativa de su propia ciudad.

Una sección de leyenda que se desvanece

Durante décadas, esta sección fue el "Murderers’ Row" del periodismo deportivo estadounidense. Nombres como Tony Kornheiser, Michael Wilbon y Sally Jenkins elevaron el estándar, logrando que las historias importaran más que el marcador. Les Carpenter, periodista despedido y presente en los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán, lo describe con dolor:

“Se acaba de despedir a un Murderers’ Row, y lo hicieron en todo el periódico”.

Desde fuera, la industria observa con preocupación. The Miami Hurricane ya expresó sus condolencias y Marty Baron, editor ejecutivo del Washington Post, calificó este hecho como uno de los días más oscuros para el periodismo mundial. Xander Tilock, redactor principal y exeditor de deportes de The Cavalier Daily, lo definió con una imagen que duele:

“En el bosque del periodismo deportivo, el Post era un árbol gigante, y su caída derribará a otros”.

El vacío en el vestuario de los Commanders

Para los que viven en DC, la ausencia es visible. En la última rueda de prensa de Dan Quinn, nuevo coach de los Commanders, tres asientos que siempre pertenecieron al Post estaban vacíos. Esa imagen refleja lo que se pierde: la voz independiente que cuestionaba, analizaba y explicaba el juego para la ciudad.

No hay que olvidar que fue el equipo de deportes del Post quien llevó la investigación sobre Dan Snyder. Sin esa presión periodística sobre la cultura tóxica y el acoso sexual en la organización, Snyder quizá seguiría siendo dueño del equipo. Ese es el "facto" más grande. El periodismo deportivo de calidad no es solo decir quién metió el gol, es fiscalizar el poder.

Intentos de llenar el vacío, pero con incertidumbre

El hueco es tan grande que empresarios locales ya empiezan a asomarse. Mark Ein, inversionista de los Commanders, tuiteó que está “en eso” para llenar el vacío, mientras que David Rubenstein, nuevo dueño de los Orioles, también aparece como posible salvador. El problema es que hasta los billonarios buscan modelos sostenibles, y como señala Mark Zuckerman, quien cubre a los Nats desde Substack por ocho dólares al mes, el modelo de negocio está roto.

Como advierte Michelle Kaufman, reportero de deportes del Miami Herald y profesor adjunto en la Universidad de Miami, estamos entrando al “Lejano Oeste”. Sin el rigor del Post, la narrativa queda en manos de los equipos, que solo cuentan lo que les conviene, o de creadores de contenido que priorizan el like sobre la verdad.

La transformación del periodismo deportivo

El cierre del Post refleja un fenómeno global. La cobertura deportiva tradicional enfrenta presupuestos recortados, equipos que controlan su narrativa y una avalancha de creadores sin verificación. Steven Goff, con 40 años de oficio y 14 Copas del Mundo cubiertas, explica que antes podías entrar al vestuario y hablar con cualquiera; ahora los equipos controlan el acceso y las preguntas difíciles desaparecen. La información fiable se vuelve escasa mientras las redes sociales llenan el vacío, muchas veces sin rigor periodístico.

Esta pérdida trasciende la simple lectura de resultados; es un golpe directo a la memoria colectiva del DMV. Sin periodistas que aporten contexto, denuncien irregularidades y conecten con la comunidad, el deporte se degrada a un espectáculo sin alma ni relato. Les Carpenter lo sintetiza en la conexión humana: “muchos me decían cuanto amaban esta sección”. Esa relación con la comunidad es precisamente lo que hoy está en juego.

El silencio del Washington Post deja un vacío que es, en última instancia, un desafío para la cultura deportiva de la ciudad. La pregunta es si alguien logrará reconstruir esa voz crítica y cercana a la comunidad, o si la cobertura deportiva seguirá siendo fragmentada, dependiente de redes sociales y cuentas no verificadas. Mientras tanto, los fanáticos esperan y los periodistas buscan un modelo que mantenga viva la historia que nos une.

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