El debate sobre la posibilidad de abrir un casino en el condado de Fairfax, Virginia, vuelve a tomar fuerza en la legislatura estatal. Un proyecto de ley que permitiría un complejo de juegos de azar en cualquier parte del condado avanza en el Senado de Virginia, pero genera fuerte resistencia entre residentes preocupados por la congestión, la adicción al juego y el impacto en la comunidad.
Legisladores empujan el proyecto ante déficit millonario
El senador estatal Scott Surovell, líder demócrata en el Senado de Virginia, argumenta que Fairfax enfrenta un déficit de $300 millones y mantiene la tasa de impuestos a la propiedad más alta del norte de Virginia. Surovell señala que los métodos tradicionales de desarrollo económico ya no son suficientes y pone como ejemplo el éxito del MGM National Harbor en Maryland.
“Fairfax County necesita una estrategia económica diferente. Las oficinas comerciales ya no funcionan”, afirmó.
El proyecto de ley original se enfocaba en Tysons, pero la versión actual permite que el casino se construya en cualquier lugar del condado, siempre que forme parte de un desarrollo de entretenimiento de uso mixto de 1.5 millones de pies cuadrados.
Residentes y líderes locales alzan la voz
Lynne Mulston, de la coalición No Fairfax Casino, lidera la oposición y asegura que los residentes no necesitan ni desean un casino. “Nadie pidió esto excepto los políticos que presentaron la ley y el desarrollador que se beneficiará”, sostuvo Mulston. La coalición cita una encuesta de Freedom Virginia que muestra que una “supermayoría” de los residentes rechaza el proyecto.
El delegado Rip Sullivan, de Fairfax, coincide en que la cuestión ha movilizado a la comunidad como pocas veces antes. Otros demócratas, como la senadora Jennifer Boysko y la delegada Holly Seibold, destacan que el mercado inmobiliario comercial de Tysons está estable y que la tasa de vacantes de oficinas bajó a 20% en 2025, por debajo del promedio del área metropolitana de Washington DC.
Posibles beneficios fiscales vs impactos sociales
Los defensores del casino argumentan que el proyecto podría generar ingresos fiscales adicionales y reactivar la economía local. Surovell señaló que los opositores, principalmente residentes de McLean, Great Falls y Reston, muestran un enfoque de “NIMBY” (Not In My Backyard, “No en mi patio trasero”) que no se basa en la realidad.
Por su parte, los críticos alertan sobre mayores congestiones viales, riesgos de adicción al juego y la concentración de beneficios en manos de desarrolladores privados, mientras que la calidad de vida de los vecinos podría verse afectada.
Camino legislativo y referéndum futuro
Si el proyecto de ley supera el Senado, aún deberá pasar por la Cámara de Delegados, donde legislaciones similares se estancaron el año pasado. En caso de aprobarse y ser firmado por la gobernadora Abigail Spanberger, la decisión final recaería en los votantes de Fairfax mediante un referéndum.
El debate sobre el casino en Fairfax refleja la tensión entre la necesidad de nuevos ingresos fiscales y la preocupación por los efectos sociales y comunitarios. Con residentes organizados y legisladores divididos, el futuro del proyecto dependerá tanto del resultado en la legislatura como de la voz de los votantes en el condado.