Un estudio publicado en el Journal of Criminal Justice evaluó a 101 condenados por delitos de lesa humanidad recluidos en Punta Peuco, Chile, utilizando el principal instrumento internacional para medir psicopatía, creado por el canadiense Robert Hare. El medio chileno The Clinic difundió una extensa entrevista a las investigadoras donde exponen sus conclusiones.
Los hallazgos: niveles excepcionalmente altos de frialdad emocional, manipulación y ausencia de culpa. En síntesis: eran psicópatas. Siempre lo fueron. El sistema no los creó; los encontró.
Conclusión seductora. También peligrosamente incompleta.
Como autor de "El Efecto Lucifer en Tiempos de Pinochet" —escrito a partir de correspondencia directa con condenados en Punta Peuco y Colina—, identifico cinco sesgos que comprometen este trabajo.
Primero: el Error Atribucional Fundamental. Atribuyen la violencia exclusivamente a rasgos internos, ignorando las fuerzas situacionales. Zimbardo demostró en Stanford que personas normales ejecutan crueldad extrema bajo estructuras totalitarias. Milgram confirmó que el 65% obedece órdenes de infligir dolor cuando la autoridad lo exige. Arendt lo llamó "la banalidad del mal". El estudio no los menciona.
Segundo: ausencia de grupo control. El test utilizado —conocido como PCL-R— es una escala de 20 ítems que un evaluador puntúa tras entrevistar al sujeto y revisar su historial; es el estándar forense internacional. Las investigadoras comparan puntajes de Punta Peuco con delincuentes comunes. Pero nadie preguntó: ¿cuáles serían los puntajes de militares de la misma generación que no participaron en la represión? Sin esa comparación, no se puede saber si los rasgos son preexistentes o producto de décadas de institucionalización militar y encarcelamiento. Sin grupo control no hay causalidad.
Tercero: sesgo temporal. La edad promedio de los evaluados era 71 años. Los hechos ocurrieron cuando tenían entre 25 y 45. Un individuo que lleva 20 años preso puede puntuar alto en "frialdad emocional" como mecanismo de supervivencia, no como rasgo originario.
Cuarto: frases que delatan prejuicio. Una evaluadora clínica objetiva no dice "yo quedé helada" al ver a un entrevistado pedir perdón en televisión. No afirma "no te mandaron, fuiste escogido" sin evidencia verificable. No repite la misma anécdota dramática como marco interpretativo antes de presentar datos. Eso no es ciencia: es alegato con bata blanca.
Quinto: ciencia presentada como thriller. La entrevista abre con "¿Qué víctima? Yo solo maté comunistas", establece horror emocional y luego presenta números como confirmación de una conclusión ya tomada. No incluye ninguna voz disidente ni lectura alternativa de los mismos datos.
No niego que existan rasgos psicopáticos entre esos condenados. Cuestiono que se presenten como la explicación, cuando la psicología social demuestra que el contexto situacional es el predictor más poderoso de la violencia en regímenes totalitarios.
Reducir las atrocidades a la personalidad de los ejecutores exime al sistema que los formó. Exime a las instituciones. Exime a la sociedad. Y cierra la pregunta que debería permanecer abierta: en esas circunstancias, ¿usted qué hubiera hecho?
Porque si la respuesta es "yo nunca habría hecho eso, porque no soy psicópata", no hemos aprendido nada. Y el "nunca más" será solo un eslogan.
Braulio Jatar Alonso es abogado chileno-venezolano, editor de Reporte Confidencial, profesor de inteligencias, escritor, expreso político del régimen de Maduro (2016-2021), autor de "El Efecto Lucifer en Tiempos de Pinochet" y columnista de El Tiempo Latino y diversos medios.