Hay algo único de pasar los dedos entre las páginas de un libro, o esperar unos minutos a que se revele una polaroid. Es algo difícil de explicar, pero que muchos compartimos. En plena era digital, cuando los ojos no pueden más con las pantallas, la simple sensación del papel entre las manos se convierte en una novedad, especialmente para aquellos que han crecido con un teléfono antes que un lápiz.
Eso fue exactamente lo que vivió Andrea Cifuentes el año pasado, cuando representó a El Tiempo Latino en el Career Day de la escuela primaria Georgian Forest, en Silver Spring, Maryland. Ante ella, un salón lleno de niños que, por primera vez en sus vidas, sostenían un periódico impreso.
"Les fascinó ver algo físico, poder tocarlo, explorarlo. Se sorprendieron mucho al ver que tenían dos hojas de papel", me contó Andi, como la conocemos en El Tiempo Latino.
El encanto del impreso
Y es que los libros impresos, siguen siendo el formato más popular entre los adultos estadounidenses. Quizás fue esa fascinación con las cosas analógicas lo que llevó a Andi, con formación en mercadeo, a terminar como Project Manager de un medio que, aunque la contactó por Instagram, aún conserva su edición impresa. Para Andi, el periódico impreso tiene algo que ninguna pantalla puede reemplazar.
"El periódico lo puedes tocar, lo puedes oler... y genera recuerdos. Mi papá salía todas las mañanas a recogerlo y se sentaba con su taza de café a leerlo. Ahora hacemos lo mismo, pero en el teléfono", reflexionó.
Porque nuestro periódico impreso tiene un encanto que va más allá de la tinta. Lo dice hasta Microsoft, que lanzó Signal, una revista impresa de 120 páginas dirigida a líderes empresariales. Su vicepresidente de comunicaciones lo resumió así:
"Vivimos en un mundo donde todo parece tan efímero. Era momento de hacer algo que fuera casi lo opuesto".
Y los jóvenes lo sienten igual. Estudiantes de preparatoria describieron los periódicos impresos con un atractivo retro. Para ellos, leer en papel es también una pausa del ciclo infinito de TikTok y las noticias en línea.
El regreso a lo analógico
Muchas veces escuché decir que las librerías y los periódicos impresos iban a morir. Pero eso es lo curioso de la humanidad: cuando creemos que vamos sin dirección, volvemos al origen. La Generación Z se ha convertido, inesperadamente, en el principal motor del mercado analógico en Estados Unidos. Para los menores de 25 años, comprar vinilos, CDs y libros físicos no es solo nostalgia, es un acto de identidad, una forma de diferenciarse en un mundo donde todo es descargable y efímero.
Andi lo siente exactamente así. Colecciona libros físicos que la han acompañado desde Chile hasta Boston y Washington. "Si hay algo que me fascina y no lo puedo explicar es el olor a libro nuevo. Activa algo en mis neuronas que me hace feliz", confesó. Con los vinilos le pasa algo parecido, los pone mientras trabaja como quien enciende una vela, para cambiar la energía del cuarto. Y las Polaroids las imprime porque quiere tener el recuerdo en las manos, no perdido entre miles de fotos en el teléfono.
Este interés por lo tangible no es solo personal. Las Polaroids, los libros de segunda mano y las revistas físicas forman parte de la misma búsqueda. El 80% de los jóvenes de 14 a 25 años prefiere leer un libro físico, frente a sólo el 30% que elige la versión electrónica. Una generación que creció entre algoritmos está eligiendo, activamente, desconectarse.
"En un mundo tan digitalizado, las conexiones humanas se perdieron. Y tener cosas tangibles nos llena", resumió Andi.
Pequeños lectores, grandes curiosos
Los niños de Georgian Forest lo demostraron sin saberlo. Cuando vieron el periódico de El Tiempo Latino, lo abrieron con entusiasmo, pero muchos no sabían bien qué era. Algunos lo habían visto antes, pero en otro contexto: como papel para envolver regalos, o para indicarle al perro dónde hacer sus necesidades. Verlo como un medio de comunicación, como algo que alguien escribió, diseñó y pensó para ellos, fue una revelación.
Ese día de 2025, Andi no llegó a Georgian Forest solo a hablar, llegó a hacer. Invitó a los niños a crear su propio mini periódico. Con lápices y crayones en mano, los estudiantes ilustraron sus historias favoritas: algunos escribieron sus sueños, otros dibujaron a su personaje favorito de televisión. La actividad no solo despertó la creatividad, les mostró que su voz tiene valor, que sus historias merecen ser contadas.
Legado cultural
El Tiempo Latino lleva 35 años siendo la voz de la comunidad hispana en el área metropolitana de Washington, DC. Treinta y cinco años de titulares, de historias, de papel. Y aunque hoy existe en web, en redes, en newsletter; el impreso sigue siendo el origen, la identidad, la prueba tangible de que esta comunidad existe y tiene voz.
Eso es lo que Andi les mostró a esos niños ese viernes de mayo. No solo un periódico: un legado.
"En cada evento como este, reafirmamos nuestro compromiso con las familias del DMV. Creemos en el poder de inspirar desde temprano, y en mostrarles a los niños y niñas latinos que sus historias importan y que tienen un lugar en los medios", dijo Cifuentes al cerrar esa jornada.
Quizás alguno de esos niños, el que pasó las páginas del periódico con asombro, el que dibujó su historia con crayones de colores, algún día escribirá para El Tiempo Latino. Y lo hará en papel.