Era 1995 y la MLS todavía no había jugado un solo partido. Pero Oscar Zambrana y un grupo de inmigrantes bolivianos en el área de Washington ya habían fundado La Barra Brava. Quince personas, sección 135 del RFK Stadium, con la misma lógica que traían de Sudamérica: el fútbol no se mira, se vive.
Un año después, cuando DC United debutó el 20 de abril de 1996 ante el LA Galaxy, con 35,000 espectadores en el estadio, las gradas sur del RFK ya tenían dueño. No era el club quien lo había decidido. Lo decidieron ellos.
Mario Amaya lo vivió desde adentro. Hijo de inmigrantes salvadoreños, creció yendo al RFK antes de convertirse en periodista que cubre al equipo hoy. Cuando consiguió trabajo en la tienda oficial del club durante la última temporada del estadio, lo pusieron a vender mercancía en la mismísima sección de La Barra Brava.
"Llegaban a comprar y todo lo demás", recuerda. "Siempre podía oír que gritaban. Quería salirme un ratito a ver el partido, porque ahí no más estaba la grada".
El alma de las gradas sur
En una ciudad que a menudo hacía invisible a su comunidad inmigrante, el RFK fue durante dos décadas un territorio propio. Los latinos del DMV (bolivianos en Arlington y Falls Church, salvadoreños en Mount Pleasant, colombianos en Langley Park) encontraron en ese estadio algo que pocas instituciones les ofrecían: un espacio donde el español era el idioma dominante, donde gritar era bienvenido, donde la identidad no se negociaba.
La Barra Brava creció de 15 a más de 1,600 miembros en 2012. Y no era solo ruido, era la atmósfera que definía al equipo. Cuando los visitantes llegaban al RFK y hablaban de la experiencia DC United, hablaban de las gradas sur. Hablaban, sin saberlo siempre, de los inmigrantes que las habitaban.
Para Noelia Izarza, fotógrafa y creadora de contenido venezolana bajo la cuenta PicanteDC, esa conexión tiene raíces profundas.
"La relación entre DC United y la comunidad latina ha estado presente desde los primeros años del club. Desde su fundación, el equipo se convirtió en una referencia dentro de la MLS por la presencia de grandes futbolistas hispanos que marcaron una época en Washington".
Para Izarza, que llegó primero como fan y hoy documenta al equipo desde la línea de banda, el vínculo entre DC United y la comunidad latina no es solo historia, es una identidad activa que el club ha tenido que decidir, en cada etapa, si quiere sostener o no.
Etcheverry. Moreno. Los nuestros
No cualquier jugador puede ser símbolo de una comunidad. Marco Etcheverry y Jaime Moreno lo fueron porque representaban algo más que goles.
Etcheverry, "El Diablo", llegó desde Bolivia en 1996, fue el tercer jugador firmado por el club, asignado antes del primer Draft de la MLS. Ya era un héroe en Bolivia por haber ayudado a clasificar a su selección al Mundial de 1994. En Washington se convirtió en algo más: el espejo donde los inmigrantes bolivianos del DMV se reconocían. Cuando el salvadoreño Raúl Díaz Arce marcó el primer gol de la historia del club, cuando Etcheverry ganó el MVP de la MLS en 1998, cuando Moreno se convirtió en el máximo goleador histórico del equipo, cada logro era colectivo.
"“Lo lindo de todo esto y lo más significativo de este día es que Jaime era el último de los pioneros que llegamos acá hace 15 años y por toda la jerarquía que le dio al club y a la liga podemos decir que se va uno de los últimos grandes que ayudó a construir y consolidar la MLS y de enormes contribuciones al fútbol de este país", dijo Etcheverry al retiro de su compañero en 2010.
No lo decía solo por el fútbol.
Para Amaya, la lógica era simple y poderosa: "Raúl Díaz Arce, Etcheverry, Moreno… los tres son representantes de las dos comunidades inmigrantes más importantes aquí: la salvadoreña y la boliviana. Siempre ha sido importante tener esas bases".
Lo que construyeron en los noventa dejó una marca duradera. Cuando el peruano Edison Flores llegó al club en 2020, muchos peruanos del DMV que habían dejado de ir al estadio cuando se fueron Etcheverry y Moreno volvieron a sentir que tenían un lugar en Audi Field.
Cuando el club cambió de dirección
En 2018, DC United inauguró Audi Field. Estadio nuevo, diseño moderno, capacidad reducida, precios más altos. Las entradas que el club vendía a los grupos de hinchas a $20 en el RFK llegaron a revenderse a $60 en el partido inaugural de Audi Field, con el club otorgando ese control exclusivamente a los Screaming Eagles. El club otorgó control exclusivo de las gradas de fanáticos a los Screaming Eagles, grupo históricamente más blanco y de clase media, desplazando a La Barra Brava de los espacios que había ocupado por dos décadas.
El día inaugural, el 14 de julio de 2018, La Barra Brava marchó desde Canal Park. La consigna era simple: Stadium for All.
"Los altos costos de los boletos han hecho que haya mucho menos hispano que va al estadio. Antes en el RFK podías ir al tailgate sin boleto, o comprar uno afuera por cualquier precio. Eso ya no es igual", dice Amaya.
Aunque el cambio no fue total, Mario asegura que "todavía hay un número significativo de hinchas hispanos que van. Y hay una nueva banda de animación —La Banda del Distrito— donde la mayoría son hispanos. Todavía traen esa energía del RFK hasta Audi Field".
La tensión no era solo sobre asientos. Era sobre quién pertenecía a ese nuevo DC United, quién podía pagarlo, quién era bienvenido.
Lo que persiste
La Barra Brava sobrevivió. Reducida, pero presente. Y en el vacío que dejó su repliegue, La Banda del Distrito tomó algo del relevo: hinchas hispanos de una generación posterior, con la misma necesidad de pertenencia.
Fue precisamente La Banda el corazón de una historia que Amaya guarda como una de las más significativas que ha cubierto. Durante la pandemia, el grupo se plantaba afuera del Audi Field para animar al equipo desde la calle, con el estadio cerrado. Cuando reabrieron las puertas, Amaya fue a hablar con ellos.
"Se notaba que estaban felices. Era regresar a una rutina que conocían antes, ir al estadio todos los fines de semana a animar a su equipo. Para muchos fue importante porque también en tiempos así, uno quiere recuperar esa normalidad".
Era, dice, una historia sobre el deporte como ancla, no sobre resultados.
"No solo lo deportivo. La importancia cultural y social de poder animar a tu equipo cada fin de semana".
El club también ha construido alianzas que no existían en los tiempos del RFK: donación de entradas y transporte a estudiantes hispanos a través de DC SCORES, colaboración con la Oficina del Alcalde para Asuntos Latinos, apoyo al Latino Student Fund.
"No todas las organizaciones deportivas logran sostener una relación tan fuerte con su base hispana. En ese sentido, DC United ha sido un ejemplo dentro del fútbol profesional en Estados Unidos", dice Izarza.
Si esos gestos compensan la distancia que creó el cambio de estadio es, dependiendo de a quién le preguntes, una pregunta todavía abierta.
30 años después
DC United juega hoy en Audi Field con el guatemalteco Aarón Herrera en defensa y el canterano Óscar Avilez (15 años, fichado en octubre de 2025) como promesa de la academia. La representación latinoamericana sigue siendo parte del ADN del club, aunque los nombres ya no tienen el peso simbólico que Etcheverry y Moreno tuvieron para comunidades específicas del DMV.
La Barra Brava sigue existiendo, aunque con presencia reducida. La comunidad latina —que según McKinsey representa el 28% de los fanáticos de la MLS a nivel nacional, la mayor proporción entre las ligas mayores— sigue yendo al fútbol en el DMV. Pero no siempre va al mismo lugar.
"Hay esa conexión entre la comunidad hispana y el DC United. El club comenzó ya con el crecimiento de la comunidad hispana que hay aquí en el DMV. Eso no desaparece", dice Amaya.
Izarza estuvo en el M&T Bank Stadium de Baltimore cuando más de 72,000 personas vieron a DC United perder 2-1 ante el Inter Miami de Messi. Documentarlo para la comunidad desde El Tiempo Latino, dice, es exactamente por qué hace lo que hace.
"El fútbol también cuenta una parte importante de la historia deportiva y cultural de nuestra ciudad".
Washington DC no es sede del Mundial 2026. Pero sigue siendo una ciudad de inmigrantes con un equipo que esos inmigrantes ayudaron a construir, preguntándose quién escribe lo que viene.
La respuesta probablemente venga de las gradas.