La detención de personas en operativos de inmigración alrededor del país va más allá de la legalidad de un caso. Cientos de familias están sufriendo la ausencia de quien guía, apoya económicamente, provee o es el pilar que mantiene al núcleo familiar fuerte y unido.
Este es el caso de la familia Orozco, quienes desde el 9 de enero pasado viven en la incertidumbre, luego de que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) detuviera a Eustáquio Orozco, el padre, en Minnesota.
El Tiempo Latino conversó con Gerardo Orozco, el hijo, sobre el impacto que ha tenido esa detención en la vida familiar y cómo honran el legado de un líder comunitario, reconocido por defender los derechos de los trabajadores.
La vida en las comunidades de Minnesota había cambiado ese enero. Dos días antes del arresto de Eustáquio, Renee Good fue asesinada por agentes de ICE. Mientras muchos faltaban a sus trabajos o dejaban de llevar a sus hijos a la escuela por miedo a ser detenidos en las redadas de la “Operation Metro Surge”, Gerardo Orozco, hijo de Eustáquio, recibía la peor noticia de su vida.
“Como para otras familias a las que el gobierno les ha arrebatado a un ser querido, esta es la peor y la más traumática experiencia que hemos atravesado. Ese día, cuando mi tío me llamó para decirme que mi papá se había comunicado para avisar que había sido arrestado, lo primero fue ir a buscar su carro en el highway. Luego ir a casa por mi mamá para llevarla a mi casa y buscar documentos importantes… se lo llevaron como a las diez de la mañana y no fue hasta la noche que pudimos tomar aliento y sentir lo que sentíamos”, recuerda Gerardo.
Esa misma noche, la familia supo que Eustáquio había sido llevado al Whipple Building y que, por primera vez en 20 años, le había sido asignado un “número de alien”.
“Todos estos años mi padre había vivido una vida pacífica y honesta y ahora el gobierno lo ha detenido solo porque el sistema prejuicioso demanda papeles, al mismo tiempo que no crea avenidas y bloquea cualquier forma de obtenerlos. Si fuera fácil obtener esos papeles, ¿quién no lo haría, verdad?”, cuestiona.
Un líder en el movimiento laboral
Eustáquio es un incansable trabajador del campo, carpintero y ganadero que, al igual que miles de inmigrantes que viven en el país, ha dedicado su vida y su esfuerzo para que sus hijos tengan mejores oportunidades, estudios y una mejor calidad de vida.
Pero además, es un líder en el movimiento laboral, reconocido en la comunidad porque ha ayudado a cientos de trabajadores a organizarse, afiliarse a un sindicato, luchar por sus derechos y combatir el robo de salarios, un problema recurrente entre los trabajadores inmigrantes.
“Cuando mi papá se convirtió en organizador en el movimiento laboral, tuvo mucho sentido para mí el significado de los valores con los que él y mi mamá nos educaron. El hecho de que mi papá sea un servidor público para la comunidad, un organizador, es lo que me llevó a mí a trabajar también como servidor público. Trabajo para el estado de Minnesota, amo ayudar a otros; esos son los valores que mi papá y mi mamá me heredaron, no solo con sus palabras, sino con su ejemplo”, comparte Gerardo.
“Un acto de crueldad”
El drama y el dolor de las familias inmigrantes apenas comienzan cuando alguno de sus miembros es detenido por ICE. Si corren con suerte, pueden buscar ayuda y tomar acciones legales antes de que su ser querido sea trasladado a otro estado. De lo contrario, pueden pasar días o incluso semanas hasta saber que ha sido trasladado a Nuevo México, Texas o Luisiana.
Eustáquio se encuentra en el Cibola Correctional Center, un centro de detención administrado por una empresa privada. No ha visto a su familia desde el 9 de enero, cuando salió al trabajo. Para la familia Orozco, la cotidianidad no es la misma desde ese amargo momento.
“Hacía lo posible para cenar juntos, toda la familia, una vez a la semana. No es lo mismo sentarse a la mesa sin mi papá. Él tiene ahorros, con eso mi mamá ha podido continuar pagando la casa. Hemos recibido mucho apoyo y generosidad de nuestra comunidad… pero el reto más grande es que lo extrañamos tanto, que lo queremos de regreso en Minnesota, donde pertenece”, afirma Gerardo.
Ese apoyo y la fe son lo que mantienen fuerte a la familia Orozco. Gerardo, quien ahora ha asumido el cuidado de su madre y de otros asuntos administrativos de la familia, está seguro de que la forma de mantenerse resilientes en este momento es mantener todo en orden, como lo haría su padre, y pensar en el siguiente paso.
Y aun en medio de la incertidumbre, la familia Orozco procura honrar el legado de Eustáquio, manteniendo el apoyo a su comunidad y a quienes lo necesitan.
“El gobierno va a continuar haciendo las cosas difíciles para nuestras comunidades, por eso necesitamos estar cuidando los unos a los otros, ayudando a quienes lo necesitan. Eso es lo que mi papá estaría haciendo en este momento. La misión no ha cambiado y debemos hacer lo que podemos hacer mientras trabajamos para que mi papá regrese a casa, porque sé que, una vez regrese, va a ir de inmediato a ayudar a nuestra comunidad”, aseguró Gerardo, lleno de esperanza.