Aún recuerdo la primera vez que introdujeron la inteligencia artificial en la redacción. Dudo mucho que fuésemos uno de los primeros medios en aplicarla, pero para mí fue toda una novedad. Se llamaba Newie, nuestro pequeño bot, al que le lanzábamos enlaces y, en cuestión de segundos, escupía un artículo. Asombro y miedo fueron los sentimientos predominantes.
Para mí fue genial, me ahorraba tiempo. Pero al revisar con detalle, me daba cuenta de que mezclaba fechas, inventaba nombres y cambiaba el género de las personas. Por más que cumplíamos el papel de editores, perdía ese lado humano que tanto caracteriza a la redacción. Esas fallas borraban el sentido editorial y la veracidad, y con ello, el periodismo. Pero surgieron dudas, ¿seríamos reemplazados?
Renovar sin perder la esencia
Cuando Javier Marín, dueño del medio, adquirió ETL en 2016, se encontró con una marca cuya reputación estaba intacta, pero cuya plataforma digital era, en sus palabras, "casi inexistente". Había una desconexión entre el potencial del medio y las herramientas para comunicarlo.
“La real transformación del medio desarrollando sus plataformas digitales apenas tiene menos de cinco años”, reflexionó Marín.
Desde aquella icónica primera portada bajo su mando titulada “HOLA DONALD”, tras la primera elección de Trump, el enfoque ha sido rescatar la esencia de la marca y proyectarla hacia el futuro a través de newsletters locales y una presencia robusta en internet.
Un medio que madura, no que envejece
Rafael Ulloa, nuestro deputy publisher, describe esta evolución de ETL no como el envejecimiento de una institución, sino como el crecimiento de una personalidad: “Si ETL fuera una persona, no sería un anciano sentado en un parque, sería alguien de 45 años. Inteligente, extrovertido y analítico, que ahora, gracias a la tecnología, tiene canales con los que antes no contaba”.
Hoy, esa “persona” tiene TikTok, postea en Instagram e interactúa sin miedo. Ha pasado de un iPhone antiguo y limitarse a Facebook, a dominar herramientas como ChatGPT, Claude y suscripciones digitales avanzadas. No se trata solo de tener el último teléfono o la mejor app; la tecnología ha dado a ETL nuevos canales para crecer, madurar su perspectiva y fortalecer su capacidad de análisis y networking, sin perder su esencia editorial.
La tecnología como espejo de nuestros valores
La pregunta no es si la tecnología es buena o mala, sino qué sucede cuando una redacción con tres décadas de historia se enfrenta a herramientas que hacen el trabajo en segundos. La respuesta nosotras ya la tenemos. La tecnología no reemplaza los pilares de ETL, los hace más necesarios.
Lo que Google o un algoritmo no pueden dar es el valor de un medio que conoce a su comunidad desde adentro. La IA puede redactar un reporte sobre un evento en Washington, pero no puede comprender la responsabilidad editorial de informar a una población migrante que busca prosperidad y oportunidades.
En un giro inesperado de los acontecimientos, aquel temor inicial frente a Newie dio paso a otra realidad. Hoy, tres años después, escribo casi el 100% de mis artículos con apoyo de inteligencia artificial. Es funcional, pero aún comete errores. Y hay algo que la tecnología nunca podrá automatizar: el filtro, el tono y el color del ser humano. No hace falta ser experto en periodismo para entender quién simplemente deja que la IA haga su trabajo y quién le pone corazón.
Mirando hacia atrás, aquel miedo se ha transformado en certeza. La tecnología puede poner las palabras, pero nosotros ponemos el sentido. A 35 años de nuestra fundación, seguimos evolucionando: con mejores herramientas, con más alcance, pero con el mismo pulso humano. Al final del día, el periodismo que trasciende no es el que se genera en segundos, sino el que se escribe con el compromiso de quien sabe que, del otro lado de la pantalla, hay una comunidad que confía en nosotros.