Después de semanas de incertidumbre y ausencias laborales por falta de pago durante el cierre del Departamento de Seguridad Nacional, los empleados de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) podrían empezar a recibir su salario este lunes, una medida que llega tras un fin de semana marcado por largas filas y retrasos en aeropuertos clave para residentes de Washington DC, Maryland y Virginia.
Pago en camino tras semanas de presión
El presidente Donald Trump firmó el viernes un memorando para ordenar el pago a los trabajadores del TSA, quienes no habían recibido su salario desde el inicio del cierre el 14 de febrero. Según un correo interno de la agencia, los empleados esperan recibir la mayor parte de los pagos atrasados a partir de este lunes, lo que podría estabilizar la operación en los aeropuertos.
La decisión se tomó luego de un estancamiento en el Congreso, donde la Cámara rechazó un acuerdo del Senado que financiaba casi todo el DHS, pero dejaba fuera a agencias clave. Funcionarios de la Casa Blanca señalaron que el dinero provendrá de la One Big Beautiful Bill aprobada en julio y que el retraso se debió a un “proceso de revisión prolongado” para encontrar una salida a la crisis.
Impacto directo en la región del DMV
En el aeropuerto Baltimore-Washington International Thurgood Marshall Airport (BWI), pasajeros enfrentaron filas masivas el domingo por la mañana mientras esperaban pasar los controles de seguridad. Aunque la situación mejoró a medida que más empleados del TSA regresaban al trabajo, el caos inicial dejó claro el impacto directo del shutdown en la región.
“Voy a estar aquí cinco horas, lo cual es bastante desafortunado”, dijo Noa Assouline, residente de Potomac, Maryland, quien llegó con mucha anticipación para su vuelo. Otros pasajeros también reportaron haber recibido alertas recomendando llegar hasta cuatro horas antes.
Las autoridades aeroportuarias recomiendan ahora llegar al menos tres horas antes de cualquier vuelo en BWI hasta nuevo aviso, una medida que afecta directamente a miles de viajeros del área metropolitana de DC.
Soluciones temporales y retrasos persistentes
Para aliviar la presión, agentes de ICE fueron desplegados en el aeropuerto por segundo día consecutivo para ayudar en los controles de seguridad. Esto permitió reducir las filas con el paso de las horas, aunque no evitó retrasos en vuelos y cambios de itinerario.
“Mi vuelo se retrasó. Era a las 3 p.m. y ahora es a las 4:30”, explicó Assouline, reflejando una situación común para muchos viajeros durante el fin de semana.
Frustración y empatía entre pasajeros
A nivel nacional, los viajeros expresan una mezcla de frustración con Washington y empatía hacia los trabajadores afectados. “No queremos otro 11 de septiembre… me gustaría que estas personas reciban financiamiento”, dijo Lizabeth Garza-García mientras esperaba en una larga fila.
Otros pasajeros señalaron que, aunque las largas filas son molestas, la situación de los empleados federales es mucho más difícil, ya que muchos han tenido que recurrir a familiares, amigos o bancos de alimentos para sobrevivir sin ingresos.
La política detrás del caos
El cierre y la falta de pagos han intensificado el debate político. Algunos culpan al Congreso por no financiar la agencia, mientras otros responsabilizan al presidente o a ambos partidos. “Es un incumplimiento del deber del Congreso”, dijo David Goodspeed, residente de Alexandria, Virginia.
Otros, como el viajero David Simmons, consideran que “todos tienen la culpa” por no llegar a un acuerdo. La frustración bipartidista refleja un problema más amplio: la incapacidad del gobierno federal para coordinarse en medio de disputas políticas.
Si los pagos comienzan a distribuirse este lunes, la región DMV podría ver una mejora progresiva en la operación de sus aeropuertos, pero el episodio deja una lección clara: los efectos del estancamiento político en Washington se sienten de inmediato en la vida diaria de los residentes, desde filas interminables hasta viajes retrasados.