El proyecto del nuevo salón de baile en la Casa Blanca del presidente Donald Trump obtuvo esta semana la aprobación final de diseño por parte de la National Capital Planning Commission (NCPC), un paso clave en su ambicioso plan de remodelación valorado en $400 millones. La decisión llega apenas días después de que un juez federal ordenara detener la construcción hasta que el Congreso autorice el proyecto, marcando un nuevo capítulo en la controvertida iniciativa.
Aprobación clave pero construcción detenida
Aunque la NCPC dio luz verde al diseño, esto no reanuda la construcción en el sitio de la antigua ala este de la Casa Blanca. La aprobación elimina un obstáculo procedimental, pero el fallo del juez Richard Leon —quien recordó que Trump no es propietario del edificio— mantiene paralizadas las obras que afectarían la estructura histórica más significativa de la residencia presidencial en más de 70 años.
Cambios en el diseño y defensores del proyecto
Los arquitectos realizaron ajustes de última hora para reducir el impacto visual del ballroom. Entre ellos, se eliminó una gran escalera exterior y se añadió un porche descubierto al lado oeste. Según Will Scharf, presidente de la NCPC, estas modificaciones disminuyen la huella del salón y buscan que, en el futuro, sea “tan valioso como cualquier tesoro nacional”.
El diseño fue defendido por el arquitecto principal Shalom Baranes, mientras que las críticas públicas no cesaron: más de 9,000 páginas de comentarios se habían presentado en contra del proyecto, retrasando el voto por un mes. Solo un miembro de la comisión, Phil Mendelson, votó en contra, argumentando que la altura del salón, similar a la de la Casa Blanca, era excesiva.
Controversia legal y seguridad nacional
El proyecto enfrenta un obstáculo legal significativo. El juez Leon enfatizó que cualquier construcción adicional requiere autorización del Congreso, lo que pone en pausa el progreso de un proyecto que Trump espera completar antes de terminar su mandato en 2029.
Trump, por su parte, ha agregado un elemento de intriga, reveló que bajo el futuro ballroom se construirá un complejo subterráneo militar “masivo”, que según Scharf responde a necesidades de seguridad nacional, similar al búnker de Franklin D. Roosevelt en la Casa Blanca.
Donaciones y financiamiento
El ballroom, que se ha expandido en alcance y precio desde su anuncio, se financiará principalmente con donaciones de personas adineradas y corporaciones, aunque los fondos públicos cubrirán mejoras de seguridad y la construcción subterránea. Esto ha generado llamados de mayor transparencia por parte de grupos de ética y vigilancia ciudadana.
Con la aprobación de diseño de la NCPC, la administración Trump podría fortalecer su posición en los tribunales para revertir la paralización de la obra. Sin embargo, la batalla legal apenas comienza y es probable que el caso llegue hasta la Corte Suprema, manteniendo en tensión a críticos y defensores del proyecto mientras Washington observa cómo se redefine la histórica residencia presidencial.