Hay musicales que entretienen y otros que logran mantener al público completamente inmerso de principio a fin. Beetlejuice, que actualmente se presenta en el National Theatre de Washington, pertenece a esta última categoría. Con un ritmo vertiginoso, cambios de escenografía constantes, efectos especiales sorprendentes y un humor irreverente, la producción convierte cada escena en un espectáculo visual que hace que las más de dos horas de función pasen casi sin darse cuenta.
Y lo mejor es que no hace falta ser fanático de la película de Tim Burton —ni siquiera conocer la historia— para disfrutarla. El musical funciona por sí solo, gracias a un personaje principal tan travieso como carismático, capaz de conquistar al público desde su primera aparición. Entre risas, música y momentos espectaculares, la obra también invita a reflexionar sobre la pérdida, la familia y la importancia de aprovechar la vida.

Como parte de la gira nacional, el elenco regresó a Washington, una ciudad con un significado especial para la producción, ya que fue aquí donde Beetlejuice tuvo su estreno mundial antes de dar el salto a Broadway. Para Justin Baret, integrante del ensamble y understudy del personaje de Otho, volver al lugar donde todo comenzó tiene un valor muy especial.
"Es una oportunidad y una experiencia realmente hermosa regresar al lugar donde todo empezó", comentó en una entrevista con El Tiempo Latino. "Tenemos algunos de los mejores fans del mundo y Washington no es la excepción. Cuando llegamos al teatro vimos la chaqueta original de Beetlejuice, firmada por el elenco que ayudó a crear el espectáculo que conocemos hoy, y fue un momento muy especial".

El trabajo invisible que sostiene el espectáculo
Aunque el público suele concentrarse en los personajes principales, Baret destaca que el ensamble es una pieza esencial para que una producción tan dinámica funcione con precisión.
"Me encanta el trabajo que hace el ensamble y constantemente me sorprenden su talento y su nivel artístico", explicó. "En muchos momentos funciona casi como una extensión de personajes como Beetlejuice para ayudar a desarrollar sus objetivos dentro de la historia".
Como ejemplo menciona el número "Beautiful Sound", en el segundo acto, cuando Beetlejuice invoca múltiples versiones de sí mismo para una compleja secuencia musical y de baile.
"Esos clones, interpretados por casi todo el ensamble, representan la toma total de la casa de los Deetz por parte de Beetlejuice y Lydia".

El reto de estar listo para cualquier función
Además de formar parte del ensamble, Baret también cubre el papel de Otho, lo que significa estar preparado para asumir un personaje importante con muy poco tiempo de anticipación.
"Una de mis cosas favoritas de interpretar a Otho es que cada actor puede darle un enfoque completamente distinto", señaló. "En mi caso, trato de no tomarme demasiado en serio y vivir la comedia del texto de la manera más auténtica posible".
Para él, los understudies no solo garantizan que el espectáculo continúe, sino que también aportan una energía diferente cada vez que suben al escenario.
"Personalmente me encanta cuando un understudy entra en una función porque aporta una nueva vida al espectáculo de una forma inesperada. Casi se siente como ver un show completamente nuevo".
Aunque muchas veces se les considera héroes anónimos del teatro, Baret cree que en Beetlejuice existe un esfuerzo consciente por reconocer su trabajo.
"No diría que sean héroes 'anónimos' porque en cada función en la que un understudy entra al escenario procuramos darle el reconocimiento que merece. Sin ellos, simplemente el espectáculo no podría continuar".
Un personaje tan excéntrico como divertido
Cuando tiene la oportunidad de interpretar a Otho, Baret disfruta especialmente el peculiar sentido del humor del personaje.
"Lo que más me gusta es lo ridículo que puede llegar a ser", comentó entre risas. "Como actor debes comprometerte completamente con el texto y tomarlo en serio, pero al mismo tiempo puedes pensar: 'Este tipo está completamente loco'".

Una comedia sobrenatural
Aunque Beetlejuice está lleno de humor, efectos visuales y momentos extravagantes, Baret considera que el mensaje final conecta con cualquier persona.
"Todos somos diferentes y venimos de realidades distintas, pero también compartimos experiencias muy poderosas, como perder a un ser querido o enfrentar el miedo a la muerte", reflexionó. "Creo que nuestro espectáculo habla de la muerte con naturalidad y eso, al final, nos ayuda a valorar mucho más la vida y el presente".
Con una producción visualmente impactante, actuaciones llenas de energía y una historia que combina comedia con emoción, Beetlejuice demuestra por qué sigue conquistando nuevos públicos. La producción permanecerá en el National Theatre únicamente hasta el 19 de julio, ofreciendo una oportunidad ideal para quienes quieran disfrutar de uno de los musicales más entretenidos que actualmente recorren Estados Unidos.