Baltimore tiene 21.000 lotes vacíos, un 17% más que hace una década, mientras el alcalde Brandon Scott promete $3.000 millones públicos y $5.000 millones privados para resolver la crisis de vivienda de la ciudad.
La cifra contrasta con el avance en edificios: desde que Scott asumió, las estructuras vacías e inhabitables bajaron de 16.000 a menos de 12.000. Pero los terrenos baldíos siguen sin dueño ni plan claro.
La ciudad es dueña de 8.000 lotes
De los 21.000 lotes vacíos, la ciudad posee cerca de 8.000 parcelas directamente. El resto pertenece a propietarios privados, muchos de ellos ilocalizables o en disputas de herencia.
Baltimore tiene dos programas para poner esos terrenos en manos de vecinos: Adopt-a-Lot, que permite mantenerlos temporalmente, y Side Yard Program, que permite comprarlos.
Los programas de venta casi no se usan
Solo 835 parcelas están licenciadas bajo Adopt-a-Lot. Y desde que el Side Yard Program arrancó en 2010, apenas 108 lotes se han vendido a residentes.
El concejal Mark Parker explicó que la lentitud del proceso resulta frustrante para los vecinos que sí mantienen sus propiedades mientras los terrenos municipales permanecen abandonados, según declaraciones recogidas por The Banner.
El comisionado interino de vivienda, Tim Keane, dijo que el problema no es la falta de datos o tableros de seguimiento, sino definir qué se quiere hacer con cada terreno.
Una latina lidera un proyecto verde en West Baltimore
Mientras la ciudad define su estrategia, algunos vecinos ya actúan por su cuenta. En West Baltimore, Arica Gonzalez lidera The Urban Oasis, un proyecto que convierte lotes abandonados en espacio verde comunitario.
En Gwynns Falls, Chris Schulze reunió cerca de $1 millón mediante donaciones y subvenciones para crear Mighty Park. En el noreste de la ciudad, Atiya Wells hace lo mismo con BLISS Meadows, a través de su organización Backyard Basecamp.
Ruben Chandrasekar, director ejecutivo de Bon Secours, señaló que construir un proyecto es más fácil que sostenerlo en el tiempo, porque las fundaciones rara vez cubren gastos operativos como la factura del agua.
Un costo directo para los vecinos
Para propietarios latinos cerca de estos lotes, el problema tiene un costo concreto: la ciudad puede emitir multas por maleza o basura acumulada en predios colindantes, incluso cuando el terreno vacío no les pertenece.
Verificar quién es el dueño legal de un lote vacío cercano puede hacerse a través del sistema de registros de la ciudad, antes de asumir responsabilidad por su mantenimiento.
El plan de 15 años de Scott todavía depende de financiamiento estatal y privado que no está completamente asegurado. La ciudad ya replantea otros terrenos ociosos, como el antiguo campus de Lake Clifton, tras años de espera.
El dilema no es exclusivo de Baltimore: en Boston, edificios de oficinas vacíos se convierten en casi 200 viviendas nuevas con apoyo estatal.