Por Noelia Izarza | El Tiempo Latino | Fotos: Jesús Rincón
En la misma ciudad donde hace 250 años se firmó la Declaración de Independencia de Estados Unidos, organizaciones venezolanas provenientes de distintos puntos del país se reunieron alrededor de una aspiración que también atraviesa su propia historia: libertad, soberanía y la construcción de instituciones democráticas para Venezuela.
¿Cómo lograr que una diáspora tan grande, diversa y dispersa por Estados Unidos pueda trabajar junta cuando hay temas que la afectan a todos? Esa fue una de las preguntas que marcó la III Cumbre de Organizaciones Venezolanas-Estadounidenses, celebrada el 10 y 11 de septiembre en Filadelfia. Durante dos días, representantes de organizaciones de diferentes estados discutieron sobre Venezuela, inmigración, participación cívica, cultura, medios de comunicación y la necesidad de encontrar espacios comunes sin borrar las diferencias entre las organizaciones.
De esas conversaciones surgió el Manifiesto de Filadelfia, fechado el 13 de septiembre y suscrito por 39 participantes.
“Ya no basta con conversar por separado. Es hora de coordinarnos, actuar y construir”, señala el documento.

Comunicación y organización de la diáspora
Ana Julia Jatar, editora jefe de El Tiempo Latino, tuvo una participación activa durante la Cumbre y suscribió el Manifiesto en representación de Casa Venezuela New England. Jatar participó, entre otros espacios, en un panel dedicado a medios, narrativas y el impacto de la información en la comunidad venezolana en Estados Unidos, una conversación sobre el papel de la comunicación, los medios y las nuevas narrativas dentro de la diáspora venezolana.

Washington y el DMV estuvieron presentes
El área metropolitana de Washington también tuvo representación entre los firmantes. Carla Bustillos, de Fairfax, Virginia, participó por Visión Diáspora; Elisa Mata, de Washington, D.C., también por Visión Diáspora; Rosario Ponte, de Arlington, Virginia, por el Programa de Ayuda Humanitaria; y Noelia Izarza, de Washington, D.C., por Venezolanos en DC.
A la representación regional se sumó Mayra Sulbarán, de Casa DC Venezuela, quien participó en el panel dedicado a cultura durante la Cumbre.
Una mirada desde la experiencia diplomática
La Cumbre contó además con la participación de Nathalie Rayes, quien se desempeñó como embajadora de Estados Unidos en Croacia, y estuvo a cargo del discurso de cierre.
Rayes llevó la discusión hacia uno de los desafíos que enfrentaría Venezuela ante un eventual proceso de democratización: cambiar a quien ocupa el poder no basta si permanecen las estructuras que hicieron posible el autoritarismo.
El Manifiesto recoge su llamado a desmontar las estructuras autoritarias y reconstruir instituciones independientes, con separación de poderes, justicia imparcial, libertades civiles y reglas electorales confiables.
Su participación aportó al encuentro la perspectiva de una venezolana-estadounidense con experiencia diplomática y de servicio público en Estados Unidos.
La mirada sigue puesta en Venezuela
Buena parte del Manifiesto está dedicada a Venezuela y a las condiciones que sus firmantes consideran indispensables para una transición democrática real.
La lista comienza con la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos, el fin de la persecución y las detenciones arbitrarias, un cronograma electoral público y verificable, observación internacional independiente y elecciones libres, competitivas, transparentes y auditables.
También pide la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) y del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y plantea el derecho efectivo de los venezolanos en el exterior a votar y a inscribirse o actualizar sus datos en el Registro Electoral.
El documento habla además de una “auditoría cívica de la transición”, mediante la cual la sociedad civil y la diáspora puedan observar, documentar y verificar compromisos, así como registrar avances y retrocesos durante un eventual proceso de cambio político.
La preocupación migratoria también estuvo sobre la mesa
Pero hablar de la diáspora venezolana en 2026 implica hablar también de lo que está ocurriendo dentro de Estados Unidos.
La situación migratoria ocupa un capítulo completo del Manifiesto: “Dignidad y debido proceso para los venezolanos en Estados Unidos”.
El documento reconoce que hacer cumplir las leyes y proteger las fronteras es una responsabilidad legítima del Estado. Al mismo tiempo, rechaza que se criminalice colectivamente a una comunidad por su nacionalidad, origen o situación migratoria y pide que cada caso sea evaluado individualmente, respetando el debido proceso.
“Ser venezolano no es un delito. Tener un proceso migratorio pendiente no es una presunción de culpabilidad”, sostiene el Manifiesto.
Es uno de los planteamientos que conecta más directamente lo discutido en Filadelfia con la realidad cotidiana de la comunidad venezolana en Estados Unidos.
El documento busca además colocar el tema fuera de la confrontación partidista. Sus firmantes señalan expresamente que no se trata de republicanos o demócratas, sino de derechos fundamentales y de las garantías reconocidas por la Constitución y las leyes estadounidenses.
De estar presentes a participar
Otro tema atravesó buena parte de las discusiones: qué lugar quiere ocupar la comunidad venezolana dentro de Estados Unidos.
Después de años creando organizaciones, negocios, medios, redes profesionales y espacios comunitarios, el Manifiesto propone dar un paso adicional.
Habla de formar líderes para juntas comunitarias, universidades, empresas, medios e instituciones públicas, ofrecer educación cívica y aprender de otras diásporas con experiencia organizativa en Estados Unidos.
La intención es que venezolanos y venezolano-estadounidenses no sean solamente espectadores de las decisiones que afectan a sus comunidades, sino que tengan herramientas para participar en los espacios donde esas decisiones se toman. El documento establece que ese trabajo debe realizarse de manera no partidista.
También propone una Red Global de Talento Venezolano para conectar profesionales, universidades y empresas, crear mentorías, movilizar expertos y aprovechar el conocimiento y la experiencia de los venezolanos establecidos dentro y fuera del país.
“Que Filadelfia no termine en Filadelfia”
Una de las preguntas que queda después de la Cumbre es qué ocurre una vez terminados los paneles, las reuniones y las conversaciones.
El propio Manifiesto reconoce ese desafío.
La propuesta es mantener un directorio nacional de organizaciones venezolanas, establecer canales permanentes de comunicación, compartir recursos y contactos y coordinar respuestas cuando existan temas sobre los cuales haya consenso.
El documento lo resume en una frase: “Unidad sin uniformidad”.
No se trata de que todas las organizaciones piensen igual ni de crear una sola estructura que pretenda representar a toda la diáspora. La propuesta es identificar los asuntos en los que sí existe acuerdo y desarrollar capacidad para actuar conjuntamente cuando sea necesario.
El relevo generacional aparece también como una preocupación. El Manifiesto propone mentorías, pasantías y espacios reales de decisión para jóvenes venezolanos y venezolano-estadounidenses, además de planes de sucesión para que las organizaciones puedan continuar más allá de quienes las fundaron.
Filadelfia fue el comienzo
La elección de Filadelfia tampoco fue casual. El documento recuerda el papel de la ciudad en la construcción de las instituciones estadounidenses y menciona las visitas de Francisco de Miranda en 1783-84 y Simón Bolívar en 1806.
La referencia histórica refuerza una de las ideas centrales del Manifiesto: “Recuperar la libertad será apenas el comienzo. El verdadero desafío será construir instituciones capaces de protegerla”.
Hay además una fecha para comprobar cuánto de lo escrito logra convertirse en realidad.
En 2027, los participantes acordaron volver a encontrarse para revisar avances, exigir cuentas sobre los compromisos asumidos, discutir nuevos desafíos y actualizar el Manifiesto de acuerdo con lo que esté ocurriendo tanto en Venezuela como entre los venezolanos en Estados Unidos.
El documento termina con una frase que resume ese compromiso: “Filadelfia no fue el final de la Cumbre. Fue el comienzo del trabajo”.