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Francisco Javier González pone voz al amor en Maybe Happy Ending

El actor de raíces cubanas interpreta al cantante de jazz Gil Brentley en el musical que llega al National Theatre del 6 al 11 de octubre

Francisco Javier González en el tour nacional de MAYBE HAPPY ENDING. | Photo by Evan Zimmerman for MurphyMade

Dos robots asistentes que empiezan a descubrir el amor y un cantante de jazz cuya música les ayuda a entender lo que sienten: ese es el encuentro que propone Maybe Happy Ending, el musical que llegará a The National Theatre de Washington, DC, el martes 6 de octubre y se presentará hasta el domingo 11. Ganadora de seis premios Tony, incluido el de Mejor Musical, la producción dirigida por Michael Arden combina un mundo tecnológico con preguntas sobre la soledad, la conexión y la posibilidad de compartir la vida con alguien.
En su primera gira nacional, Steven Huynh y Claire Kwon interpretan a Oliver y Claire, los robots protagonistas. A su lado, Francisco Javier González encarna a Gil Brentley, un cantante de jazz que ofrece una voz a emociones que los personajes todavía no saben nombrar.
González, de Miami y de familia cubana, llega a esta producción después de interpretar a Raoul en Masquerade, dirigida por Diane Paulus. Graduado de NYU Tisch, también tiene entre sus créditos televisivos Only Murders in the Building. En una entrevista con El Tiempo Latino, habló de sus raíces, de la construcción de su personaje y de lo que significa regresar a Washington con una historia sobre el amor.

 

Maybe Happy Ending, llegará a The National Theatre de Washington, DC, el martes 6 de octubre y se presentará hasta el domingo 11.

De Celia Cruz al jazz de Gil Brentley
La música que escuchaba en casa de sus abuelos sigue siendo parte de su identidad. Celia Cruz y Willy Chirino acompañaron su infancia y hoy le recuerdan una herencia que también influye en sus decisiones artísticas.
“Soy de Miami, Florida, y vengo de una familia de inmigrantes cubanos. Los cubanos somos apasionados; ¡en mi familia hay personalidades fuertes de sobra!”, cuenta. “Creo que por eso me atraen los personajes con un poco de fuego y los proyectos que me conectan con mis raíces”.
Su trabajo en Buena Vista Social Club le permitió acercarse a esa memoria familiar. “Trabajar en Buena Vista Social Club me acercó mucho a mis abuelos. Crecí escuchando a Celia Cruz y a Willy Chirino en su casa, así que esa música me trae muchísimos recuerdos. Y si me toca interpretar a alguien con un poquito de picante, ¡mejor todavía!”.
La oportunidad de incorporarse a Maybe Happy Ending surgió mientras trabajaba en Masquerade en Nueva York. Le pidieron una audición grabada con dos canciones de Gil, y lo atrajo precisamente la distancia entre el personaje y su propia experiencia.
“Es un cantante de jazz famoso internacionalmente, y ese estilo musical era algo que nunca había hecho. Me entusiasmaba asumir el reto”, explica.
También debía modificar su presencia física. Mientras González se describe como alguien que tiende a ir hacia delante, Gil se recuesta, observa y espera a que los demás se acerquen. Para un actor acostumbrado a apoyarse en sus compañeros, el papel plantea otra forma de trabajar: su principal compañero de escena es el público.
“Poder transformarme tanto vocal como físicamente, y tener una temporada larga para profundizar en el personaje, es justo el tipo de oportunidad que busco”.

 

Claire Kwon y Steven Huynh en MAYBE HAPPY ENDING. | FOTO: Matthew Murphy and Evan Zimmerman

Una voz para lo que todavía no tiene palabras
Gil conecta la música del pasado con las emociones que nacen en el mundo futurista de Oliver y Claire. Su presencia permite que los robots se aproximen a sentimientos que escapan a una explicación sencilla.
“Oliver recurre a la música de Gil para entender emociones que apenas está empezando a descubrir, especialmente el amor. En ese sentido, Gil crea un vínculo entre los personajes y el público”, dice González. “En los musicales existe esa idea de que, cuando las palabras ya no alcanzan, cantas. Los robots asistentes toman prestada la voz de Gil mientras intentan expresar algo para lo que todavía no encuentran palabras”.
Para construir al cantante, escuchó a Chet Baker, Frank Sinatra, Nat King Cole y Bobby Darin, y estudió grabaciones de sus presentaciones. A esas referencias sumó una experiencia más contemporánea: antes de salir de Nueva York vio a Harry Styles en concierto y le impresionó su capacidad para dominar al público con movimientos muy sencillos.
El objetivo, sin embargo, era encontrar una interpretación propia. El equipo creativo lo animó a descubrir las particularidades de su Gil e incluso le recomendó alejarse de la grabación del elenco de Broadway.
“Dez creó algo muy suyo, que respeto muchísimo. Yo quería darme el tiempo y el espacio para encontrar mi propia versión”, explica sobre la interpretación de Dez Duron en Broadway.

 

Cada teatro cambia la interpretación
Encontrar el equilibrio entre la voz, la elegancia y la sensualidad del personaje sigue siendo un trabajo en desarrollo. González lo reconoce con humor: “Si soy sincero, ¡todavía lo estoy descubriendo!”.
La gira lo obliga a adaptarse constantemente. Cada ciudad trae una energía distinta y cada sala cambia la relación con los espectadores. Algunas son altas, otras profundas y otras se sienten íntimas; varias son mucho más grandes que los teatros que conoce en Nueva York.
“Estoy aprendiendo a llegar a cada sala sin forzar nada. Algunos de estos teatros son mucho más grandes que los que conozco en Nueva York, y eso a veces impone, pero cada noche se vuelve un poco más fácil”.
Esa variación también mantiene vivo el personaje. “La elegancia y la sensualidad de Gil tienen muchas capas. Lo emocionante es que puedo seguir descubriéndolas. Con un público y un teatro nuevos en cada ciudad, no creo que la interpretación llegue a quedarse del todo fija. Y eso me gusta”.



Robots que nos devuelven nuestras propias preguntas
La nostalgia musical de Gil le da a la historia una dimensión que González considera atemporal. Aunque los personajes habitan un futuro tecnológico, sus dudas sobre el amor resultan familiares.
“No hay una sola manera de amar; es algo profundamente personal. Llevamos toda la vida intentando entenderlo, y me imagino que en el futuro seguiremos igual”, señala.
Al preguntarle por qué esta historia de dos robots logra conmover de una manera tan humana, destaca la oportunidad de descubrir un mundo original. Disfruta también las reposiciones y las nuevas versiones de historias conocidas, pero aquí el público conoce a los personajes sin llegar con otra historia en mente.
“Lo que me conmueve es ver a los robots asistentes descubrir que los sentimientos no son blancos o negros. Intentan comprender todos esos matices. Y, sinceramente, ¿los entendemos mejor los seres humanos? Yo diría que no. ¡Yo desde luego no!”.


El reto de cantar a más de seis metros de altura
Sus experiencias anteriores le aportaron herramientas distintas para enfrentar la gira. Masquerade le dio resistencia: durante las funciones subía escaleras, corría, cantaba, gritaba, lloraba e interactuaba con espectadores que lo rodeaban.
La televisión le enseñó otra clase de precisión. “A mantener las cosas sencillas por fuera, pero llenas por dentro. También me enseñó a llegar exactamente a mis marcas, algo muy útil en una producción tan técnica”, explica.
Aun con esa preparación, Maybe Happy Ending presenta desafíos propios. Uno de ellos es actuar a más de seis metros sobre el escenario.
“Nada me preparó del todo para actuar a más de seis metros de altura, ¡aunque cuando estoy allá arriba parecen treinta! Dane Laffrey y George Reeve han creado una escenografía exquisita. Como soy bastante torpe, mi reto de cada noche es disfrutar estar ahí arriba y bajar sano y salvo”.

 
Un regreso a Washington con más experiencia y mucho amor
La visita al National Theatre será también un regreso a una ciudad que forma parte de su trayectoria. González actuó en Shakespeare Theatre Company en 2019 y ahora vuelve con más experiencia y una obra cuyo tema central considera especialmente necesario.
“Significa mucho regresar con una obra que tiene tanto que decir sobre el amor. Al mundo le hace falta mucho amor ahora mismo… aunque, pensándolo bien, ¿cuándo no?”.
Conectar con los espectadores latinos del DMV tiene un valor particular para él. Al mismo tiempo, este musical le permite compartir una historia marcada por una cultura que sigue conociendo y sobre la cual aprende de sus compañeros de elenco.
“Actuar para el público latino siempre es especial para mí”, afirma. “Aprendo constantemente de mis compañeros de elenco, y me entusiasma llevar esa experiencia a D.C.”.
Su invitación a quienes todavía no conocen Maybe Happy Ending resume lo que espera compartir durante esta visita: “Van a entrar en un mundo visualmente precioso, envueltos en una música maravillosa y acompañados por un grupo increíble de artistas. Creo que van a sentir todo el cariño y la pasión que hay detrás de esta producción. ¡Vengan a vernos en The National Theatre del 6 al 11 de octubre!”.


INFORMACIÓN
Maybe Happy Ending 
Fechas: del martes 6 al domingo 11 de octubre de 2026. 
Lugar: The National Theatre, 1321 Pennsylvania Avenue NW, Washington, D.C. 
Duración: 1 hora y 40 minutos, sin intermedio. 
Edad recomendada: a partir de 8 años. 
Entradas y horarios: Website de The National Theatre

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