En Prince George’s, este padre agradece por el cariño y los consejos

por | Jun 19, 2021

Norberto Martínez tiene una familia multicultural, por eso además del inglés, sus hijos hablan español, alemán y le habría encantando a él mismo hablar zapoteco, la lengua de sus padres. | FOTO: Cortesía Norberto Martínez

Por Olga Imbaquingo – Especial para El Tiempo Latino

Dice el dicho: consejo de padre, guárdelo el hijo con siete llaves. Visto así, el mejor regalo para un padre, ya bien entrado en su otoño, es saber que sus juiciosas palabras germinaron en sus hijos. A don Sabino Martínez todos sus retoños le resultaron buenos. Son trabajadores, responsables y buenos progenitores como él.

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Cuando aún eran unos críos, a sus hijos e hijas, solía decirles, “hay que ser francos, hay que ser derechos, hay que ser personas que cuidan su ética y aunque duela hay que decir la verdad”, en otras palabras, como escribió Antonio Machado, uno de los poetas españoles más queridos:  “nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio”, esa máxima sigue siendo el padre nuestro y la bendición de don Sabino para los suyos.

Norberto es uno de los hijos a quien don Sabino, con la sabiduría de un humilde agricultor de maíz, chile, calabazas, arvejas y garbanzos en Oaxaca-México, lo moldeó en lo que ahora es: un padre cariñoso; un ciudadano responsable; y, un hombre entregado a su trabajo, como enlace latino en la corte del condado de Prince George. 

Sobre todas las cosas decir la verdad, ese fue el primer consejo que Norberto Martínez aprendió de su padre, Sabino, y es el mismo que les trasmite a sus hijos. | FOTO: Cortesía Norberto Martínez

“Mi papá ya está viejito, va a cumplir 90 años, aparte del dolor de sus rodillas que le provoca dificultades al caminar, el resto de su salud está bien. Aún no le han puesto la vacuna del coronavirus ni a mi mamá tampoco, les digo que no reciban tantas visitas y ellos siguen contentos”, cuenta Norberto, quien recuerda que en México la celebración del día del padre tenía más alegría e importancia que aquí. “Venían mis hermanos, mis hermanas y los nietos a desearle un feliz día. Le preparábamos una comidita y hacíamos una fiestecita, eso nunca lo olvidamos”.

Aquí, de vez en cuando, hasta se les escapa la fecha y de pronto se dan cuenta que es el día del padre. “A veces hay pastelito y a veces no hay nada. A mí me basta un abrazo y el cariño”. Lo que si Norberto nunca olvida es este día llamar a don Sabino, para recordarle que no hay distancia ni tiempo para darle las gracias.


Esta es una fecha donde los hijos, a veces, caen en la trampilla de hacer balances sobre sus progenitores, pero don Sabino no tiene de qué preocuparse. Él ha sido un buen padre y muy trabajador. “Venimos de una familia muy humilde, pero mi padre siempre se esforzó para que estudiemos y logremos ser algo bueno en la vida”. Y lo consiguió, en casa de los Martínez nadie tomó la vía más corta y más fácil.

Norberto con palabras parecidas está formando a sus dos hijos, uno ya entrado en la adolescencia y el otro aún niño de ocho años. A ellos les dice que “no se vale mentir ni hacer cosas a la espalda de la gente, que hay que aprender a escuchar sin juzgar, que tienen que saber a tomar sus propias decisiones, que no se vale ser racista, ni sexista, ni despreciar a nadie”.

Norberto Martínez nació en un hogar de humildes campesinos, dedicados a la agricultura, en el estado de Oaxaca en México. | FOTO: Cortesía Norberto Martínez

De paso también les cuenta que en su Oaxaca natal el idioma materno de su abuela era zapoteco, pero que él creció hablando el español, eso para que no se les olvide dónde está la otra mitad de sus raíces. Sus hijos hablan inglés y él se preocupó de que aprendan bien el español. “Me arrepiento no haber aprendido el idioma de mis padres, por eso les inculco a mis hijos que deben mantener sus idiomas maternos porque eso nos ayuda a completar nuestra identidad personal. En casa solo les hablo español y en público en algunas ocasiones, a veces sienten pena, pero ahí estoy para recordarles que no hay razón de apenarse, que ellos son lo que son y que no hay motivo para esconder su identidad y su cultura”.

La esposa de Norberto, Karina, es de Alemania y también los niños se esfuerzan por hablar la lengua de los abuelos maternos. “Hay que ser equitativos”, dice el padre, así aprenderán a apreciar y respetar las diferencias, la cultura, la comida y el idioma de otros.

Con los filones de la memoria y la experiencia que conserva de sus tiempos en Oaxaca, les enseña que si a él o a sus hermanos alguna vez se les ocurrió pasar de largo por la escuela su padre se iba a enterar. Esas mentirillas de cara bien lavada no convencían al patriarca. “Aunque les caigan víboras del cielo tienen que tener el valor de decir la verdad. Tienen que estudiar hasta donde aguanten, porque yo ya tengo mi vida y ustedes van a vivir las suyas”, les repetía.

A falta de juegos de mesa o de pasatiempos de niños de ciudad, los chiquillos campesinos latinoamericanos dejaban volar su imaginación con las historias mágicas que relataban los padres y abuelos. Norberto es uno de ellos: “nos contaban cosas bonitas, cuentitos indígenas y nos hablaban de sus papás”. Esos son recuerdos que ahora gustosamente le asaltan. “Eso, junto con esa vocación por el trabajo, es algo que nunca se olvida. Aprendimos a nunca estar sentados ni acostados. Es que mi papá aún cuando se tomaba su mezcal y le daba la cruda, siempre se levantaba antes que el sol y se iba a trabajar”.


Otras lecciones que Norberto va enseñándoles a sus niños es que hay que tomar y apreciar lo mejor de cada cultura. “Ellos tienen la oportunidad de crecer con amigos afroamericanos, latinos y de otras culturas distintas que yo nunca imaginé que existían. Conociendo tanta diversidad y gente de muchos lugares del mundo uno va aprendiendo hasta geografía”.

Norberto no es de fiestas ni de regalos, así que este día del padre estará agradecido de “de una comidita en casa y en la familia, con eso estoy más que feliz”.


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