Pimienta, chiles, guindillas, ajo, cebolla, pimentón, mostaza, jengibre, clavo de olor, curry. Hay muchos alimentos que entregan al paladar este sabor que —según el milenario sistema Ayurveda de medicina tradicional hindú— se suma a los cuatro gustos clásicos: dulce, ácido, salado y amargo, e incide notablemente en la salud humana: el picante.

De hecho, el propio Ayurveda, datado en alrededor de 4.000 años de antigüedad, ya atribuía entonces cualidades terapéuticas a ciertos alimentos picantes, como la cebolla, que decían que estimula el deseo sexual y alivia la fiebre, si se aplica externamente; el jengibre, que alivia la pesadez de estómago o el dolor de cabeza causado por la sinusitis; o la pimienta negra, que ayuda a reducir el tejido graso.

A menudo asociado con la pasión amorosa, el ardor vital o las experiencias y sensaciones intensas o subidas de tono, lo picante tiene, en moderación, cualidades positivas. La curcumina, un ingrediente presente en el curry, podría reducir el riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca, según investigadores del Centro Cardiaco Peter Munk, del Hospital General de Toronto, en Canadá.

Un estudio de la Universidad de Tasmania (Australia), reveló que consumir chiles de forma regular y como parte de una dieta equilibrada, puede reducir el riesgo de desarrollar diabetes en gente moderadamente obesa. Y, de acuerdo a un trabajo de Naohide Kinae, de la universidad de Shizuoka, en Japón, la pasta de “wasabi”, uno de los picantes más potentes, contiene un componente que inhibe el crecimiento de las bacterias y los hongos que causan algunas intoxicaciones alimentarias.

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