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Educarse es también saber concentrarse

Por ejemplo, elogiando la perseverancia y la aplicación con la cual el niño está dibujando y  terminando su trabajo sin distraerse, más que elogiar el dibujo en sí mismo, explica la doctora suiza Verena Steiner. “Concentrarse es reunirse con uno mismo y, por un instante, orientar la atención de forma intencionada hacia un tema, ligarse a él e ignorar todo lo demás. La concentración es, sobre todo, una cuestión de adiestramiento mental”,  señala Steiner experta en estrategias y técnicas para mejorar la forma de estudiar, pensar y trabajar.  Para la experta, “una inteligencia poco entrenada es como un mono excitado que grita y salta de rama en rama y, en ocasiones, la falta de concentración es solamente una mala costumbre y es posible ejercitarnos para conseguir que ese mono solo salte en la dirección que nosotros queramos”.

—Si tuviera que elegir tres recomendaciones para conseguir el máximo de concentración, ¿Cuáles serían?.

—Hoy día, el mayor enemigo de la concentración son las interrupciones y distracciones, seguidas de los ruidos. Es una situación paradójica, porque la mayoría de estas molestias las podemos evitar. A menudo una interrupción o un sonido pueden resultar más interesantes que la tarea que tenemos entre manos, o convertirse en un rescate muy oportuno, o un buen justificante para aplazar una tarea difícil. Mi regla clave es simple: apague el teléfono, olvídese de internet, póngase tapones en los oídos y ¡comience a trabajar!.

—¿Qué ejercicios podemos realizar en nuestra vida cotidiana para reforzar nuestra capacidad de concentración?

—El primer paso es aprender a observar nuestro comportamiento sin criticarnos. Así tomamos más conciencia de nuestro nivel de concentración. Desde el momento en que nos damos cuenta de que nos falta la concentración, nuestro comportamiento mejora.

—Y ¿qué hay que hacer a continuación?

—El segundo paso consiste en intentar mantenernos concentrados el mayor tiempo posible. Para ejercitar este paso conviene limitar el tiempo de concentración o fijarse un objetivo inmediato.

—¿Algunos ejemplos?

—La idea es plantearse objetivos como “dentro de diez minutos quiero tener preparada una buena respuesta, precisa y cordial, para la reclamación que ha planteado este cliente”; o “dentro de 15 minutos quiero aprender estas frases en inglés y poder recitarlas completamente de memoria”. En general, si  damos instrucciones claras y concretas a nuestro cerebro, es más fácil concentrarse.

—¿Cómo podemos recuperar la concentración cuando nos desconcentra una situación estresante e inesperada?

—Hay que realizar unas respiraciones tranquilizadores  y aprender de los actores y otros profesionales, que tienen que concentrarse en su papel sean cuales sean las circunstancias.

—¿Qué aconseja para conseguir mejor concentración?

—Es más bien un adiestramiento similar al de aprender a tocar el piano o jugar al tenis. Para alcanzar un nivel elevado, hay que practicar día tras día y continuar paso a paso, para llegar al éxito.

—¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos  a que aprendan a concentrarse mejor?

—La queja que se oye de una madre de su hijo de 14 años es típica: “Si está delante de la pantalla jugando con videojuegos puede concentrarse durante horas, pero si tiene que hacer sus deberes, ¡no es capaz de concentrarse ni cinco minutos!” A esa madre le respondo que concentrarse en una cosa tan seductora como un videojuego, no es en absoluto lo mismo que concentrarse en los deberes del colegio.

—¿Porqué la diferencia?

—Tareas como los videojuegos, Internet o los programas en la televisión atraen nuestra atención y, concentrarnos en tales cosas, no implica ningún esfuerzo por nuestra parte. La situación es totalmente diferente en el caso de los deberes escolares y las tareas difíciles, las cuales requieren esfuerzo y voluntad de nuestra parte. Esta fuerza de voluntad es el punto decisivo; ¡y  no se desarrolla frente a una pantalla!.

—¿Entonces, qué deben hacer los padres?

—Tienen que adiestrar la constancia infantil. Los niños tienen que aprender a acabar con las cosas sin dejarse distraer. Por ejemplo, elogiar la perseverancia y la aplicación con la cual el niño está dibujando, más que elogiar el dibujo en sí.


FUENTE: EFE

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