Washington DC.- La sonrisa de Brandon Terriquez, de 14 años, desaparece de su rostro cuando recuerda la travesía desde Guatemala para cruzar la frontera de Estados Unidos de manera ilegal. “Nunca me imaginé que fuera de esa manera”, expresó el adolescente quien se reencontró en mayo con sus padres en Springfield, Virginia, después de años de separación.

Brandon emprendió su viaje el 6 de abril desde la aldea Sahila en el departamento de Izabal, guiado por unos coyotes que contrataron sus padres.

“Mi hijo me suplicaba todo el tiempo que lo mandara a traer. Sabiendo yo misma de todos los peligros para cruzar (porque yo lo hice y quedé traumada) no quería que él pase por lo mismo y me negaba a hacerlo”, expresó su madre Trinidad Ramírez. “Pero había que tomar una decisión”, añadió.

Los abuelos de Brandon, quienes habían criado al niño desde los 7 años, están en una edad avanzada. El abuelo tiene 81 años y la abuela tiene 73. Además, la violencia y las drogas se estaban apoderando del barrio, contó Brandon. “Me estaban presionando y yo tenía miedo”, dijo.

“Con gran temor y confiando en Dios decidimos traerlo”, afirmó la mamá.

Tras siete años sin ver a su hijo y con dos niños pequeños nacidos en Estados Unidos, Ramírez le había dicho a su esposo, Julio César Torriquez que de no llegar Brandon, ella estaba decidida a regresar a Guatemala.

Para Brandon el viaje fue un trauma. Lloró muchas veces por el dolor emocional de separarse de sus abuelos, pero también por el dolor físico y el temor de lo que le pudiera suceder. “De Guatemala a México caminé muchísimo. Tenía ampollas en carne viva y no podía más”, recordó con la cabeza gacha.

Con lágrimas recorriéndole el rostro, su madre añadió: “Brandon pasó hambre, días sin dormir y al ver que no iba a resistir para cruzar el desierto, los coyotes le dijeron que mejor lo entregarían a él y otros menores a Inmigración”.

“Nos dijeron que nos tiráramos al río para cruzar y que nos dejáramos arrastrar. Inmigración no creía que tenía 14 años”, dijo Brandon.

Por fin lo llevaron a un centro de menores, en donde permaneció varios días hasta que las autoridades ubicaron a sus padres. “Cuando me enteré que mi hijo había sido detenido me desesperé. Fueron días de total angustia, pero al comunicarme con él, me dijo que estaba bien”, expresó Ramírez.

Por ley, los niños de los países que no tienen frontera con Estados Unidos no pueden ser deportados de inmediato, sino que pasan al cuidado del Departamento de Salud.

Después de verificar que los padres no tenían un historial de abuso, las autoridades entregaron a Brandon a su familia. “Nosotros pagamos el vuelo de Texas hacia Virginia y mi hijo llegó el 11 de mayo. Fue mi mejor regalo del Día de la Madre”, manifestó Ramírez. Tras la odisea del cruce los retos continúan. Brandon se enfrenta a un caso de inmigración. Aún no tiene una fecha para la corte y el Gobierno está tratando de acelerar los procesos para que se regresen a los menores. Desde octubre se han detenido a 53.000 niños en su intento de cruzar la frontera sur de EE.UU.

“Justo hace unos días a un chico de 17 años, que se hizo amigo de mi hijo cuando cruzaban la frontera, lo citaron a corte y le dieron cuatro meses para que salga del país. Le pusieron un grillete en el tobillo”, lamentó la mamá.

Somos desconocidos para el”

La familia se enfrenta a otros retos, uno de ellos es integrar a Brandon a su núcleo tras años de separación. El adolescente no se acuerda de su padre y recién empieza a relacionarse con su madre. Tampoco conocía a sus hermanitos Aury, de 6 años y Chelly de 2.

Brandon no vio a su padre por 11 años. Tenía apenas 3 cuando su papá emigró a EE.UU. A su madre no la vio por siete años. Tenía 7 cuando ella viajó.

“Estos han sido años de sufrimiento, de mucho dolor y tristeza por estar lejos de mi hijo. No podíamos estar en paz”, expresó Ramírez.

El primero en emigrar fue el padre. “La situación estaba muy crítica en Guatemala y decidí venirme en 2002, pero las cosas no eran como yo pensaba…. Lo más duro de todo era estar solo. Extrañaba mucho a mi esposa y niño”, conto Terríquez.

Ramírez no estaba supuesta a emigrar. “Pero en 2006 mi esposo sufrió un grave accidente de trabajo y yo me desesperé. En ese entonces hubo una oportunidad para cruzar con un grupo de personas. Me cobraban solo $450”, dijo.

Brandon se crió con sus abuelos maternos en Guatemala. “Quisiera verlos. Los extraño mucho”, manifestó el adolescente.

“Para mi hijo mis padres son sus papás y nosotros unos desconocidos” expresó Ramírez. “Pero ahora me voy a enfocar en reccuperar su amor” diijo.