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Llanto y tensión por los niños migrantes

Un padre y su hija se fundieron en un largo y nervioso abrazo matizado por un llanto que ahogaba las palabras. La adolescente guatemalteca se reunía después de años de separación con sus padres que viven en el área metropolitana.

ABRAZO. Una joven guatemalteca llora con su padre, el 12, en el aeropuerto Reagan. Ella es uno de los menores de la frontera.


           
   

MilAgros Melendez-Vela-ETL

ABRAZO. Una joven guatemalteca llora con su padre, el 12, en el aeropuerto Reagan. Ella es uno de los menores de la frontera.

Ocurrió el 12 de julio, cuando un avión procedente de Houston, Texas, trajo al aeropuerto Ronald Reagan, en el área metropolitana de Washington, a un grupo de menores que habían sido detenidos al cruzar la frontera sur, solos y sin papeles. Había niños de todas las edades. El más pequeño tenía seis años. Venían acompañados por dos adultos. Todos estallaron de alegría al ver a sus familiares en el aeropuerto.

El lunes 14, la Coalición en Defensa de los Niños que Huyen de la Violencia en Centroamérica organizó una vigilia-concentración ante la St John’s Church en DC, delante de la Casa Blanca. La delegada estatal de Maryland, Ana Sol Gutiérrez —de origen salvadoreño— reclamó que el gobierno de Obama garantice la seguridad y la acogida a estos menores.

Por su parte, Jackie Reyes, de la oficina del concejal de DC Jim Graham, marchaba con una vela encendida y un cartel en el que se pedía por la protección de los niños.

Pero la polémica ya está servida. Son unos 57.000 niños los que la Patrulla Fronteriza ha detenido desde octubre y estimados de la administración Obama proyectan que para el fin de septiembre podría haber 90.000 menores en custodia de las autoridades, de ellos unos 70.000 procederían de Centroamérica. Ante esta crisis, el gobernador de Maryland, Martin O’Malley, criticó la actitud de la Casa Blanca. “No se debe enviar a estos niños de regreso a la muerte”, dijo O’Malley.

Por otra parte, en el polo opuesto se sitúa la reacción de políticos del norte de Virginia donde ya habría tres albergues para acoger a los niños. El presidente del condado de Prince William, Corey  Stewart, comentó su preocupación a The Washington Post ante la “posibilidad de que estos niños necesiten utilizar los servicios del condado”.

El embajador de El Salvador ante la ONU, Rubén Zamora, dijo el miércoles 16 que “sólo con deportaciones no se arregla la crisis”. El mismo día, los comisionados de los Derechos Humanos de Honduras, El Salvador y Guatemala le recordaron a los gobiernos de la región, México y Estados Unidos que tienen “responsabilidades compartidas” para frenar la migración infantil.

Mientras, Obama enfrenta un Congreso dividido ante la crisis. Un grupo de congresistas demócratas se opone a cambiar la ley para acelerar las deportaciones de los niños y  los republicanos insisten en que no aprobarán la petición de Obama de $3,7 mil millones para la frontera si no se cambia esa ley.

“Le dijimos: señor presidente, no cambie la ley. Queremos darle todos los recursos que usted necesita para acelerar las audiencias judiciales para que los niños puedan tener debido proceso, pero no la cambie”, señaló el legislador Luis Gutiérrez después de la reunión que  el Caucus Hispano mantuvo con el presidente Obama.

Y en medio de este ruido político, las voces de los niños que llegaron al aeropuerto de DC se fueron apagando. Todos llenos de la emoción y la alegría después del encuentro con sus padres. Otros vivirán en la incertidumbre cuando  los lleven a un albergue en el área.

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