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Adiós a Matt Haley, un hombre que tocó muchas vidas

Más de dos mil personas –entre las que se encontraban políticos y líderes locales– acudieron al teatro al aire libre The Freeman Stage situado en Selbyville, DE el domingo 28 de septiembre. En esta ocasión, la multitud no se congregó para ver una de las actuaciones habituales, sino para celebrar a alguien cuya vida y muerte fue digna de una estrella de rock como las que frecuentan ese escenario: Matt Haley.

Michelle Freeman. Presidente de la Joshua M. Freeman Foundation, de las Freeman Companies, y novia de Matt Haley habla durante el homenaje al chef y empresario en Delaware.


           
   

CORT. Doug Philips

Michelle Freeman. Presidente de la Joshua M. Freeman Foundation, de las Freeman Companies, y novia de Matt Haley habla durante el homenaje al chef y empresario en Delaware.

La celebración de la vida de Haley fue concebida como un festival, que sirvió para desvelar la personalidad y gustos del restaurador, a través de los recuerdos de su familia, socios, trabajadores y amigos.

El conocido restaurador nos dejó el pasado 20 de agosto, a los cincuenta y cuatro años de edad, como consecuencia de un trágico accidente sufrido en la India.

Niño abusado, adolescente rebelde, ex-adicto a drogas y alcohol, convicto, chef, empresario, apasionado de las motos, padre adoptivo, superviviente de cáncer por dos veces y filántropo global. Toda una vida de película que se resume en una férrea voluntad de este nativo de Maryland de aprovechar su segunda oportunidad.

No sólo fue capaz de redireccionar su vida, sino de influir positivamente en la de muchos otros. Su vida –solía decir– ya no giraba en torno a los platos, sino alrededor de ellos.   La celebración de la vida de Haley fue concebida como un festival, que sirvió para desvelar la personalidad y gustos del restaurador, a través de los recuerdos de su familia, socios, trabajadores y amigos.

Nadie habría imaginado veinte años antes que hasta el mismo gobernador de Delaware, Jack Markell,  se confesaría su amigo, asistiría a su funeral y le entregaría a su madre Georgianna, a título póstumo la Orden del Primer Estado.   En el acto se proyectaron imágenes, discursos y entrevistas concedidas en los últimos tiempos por el filántropo y empresario.

Fue un ser complejo, tal y como lo definió su socio y amigo, Scott Kammerer; en 1994 –a los 34 años– salió de la cárcel, después de una condena de trece años reducida a algo menos de cinco, y tras dos años de intensa rehabilitación de sus adicciones.   En aquella época nadie le abría las puertas. El centro en el que se rehabilitó hizo que se cruzase en su camino Mike Congrove, chef de una empresa de catering. “El me dio la confianza que yo necesitaba, me proveyó del entorno adecuado”, confesaba Haley en una reciente entrevista.

Comenzó trabajando por siete dólares a la hora como lavaplatos. Hoy sus empresas facturan millones de dólares. En 1998 abrió su propio restaurante en Bethesda, seis meses después, cuando sintió amenazada su sobriedad en ese entorno, aprovechó la invitación de un amigo para visitar su restaurante en Rehoboth Beach, DE y aconsejarle sobre los menús. Lo que iba a ser un rápido viaje de fin de semana se convirtió en un traslado definitivo al primer estado.

Su legado incluye ocho restaurantes en el sur de Delaware (Fish On, Catch 54, Lupo di Mare, Papa Grande’s…), partícipación en otros veintisiete, tres compañías enfocadas en el mundo de la hostelería (Plate Catering, Highwater Management y Haley/ Kammerer Consulting), un viñedo en Italia y una productora de cine. Todo ello da trabajo a más de 1,000 personas, muchas de ellas hispanas.

Sensibilizado con los problemas de la comunidad latina inmigrante, en 2009 produjo el documental “Hands of Harvest” sobre la vida de las inmigrantes mexicanas que trabajan en la industria del cangrejo en la bahía de Chesapeake. PBS lo incluyó en su programación nacional. En la actualidad tenía dos proyectos cinematográficos en marcha. Su cercanía con los latinos le llevó a ser durante nueve años miembro de la Junta Directiva de una de las organizaciones dedicada a nuestra comunidad en Delaware, La Esperanza.

Poseedor de la “triple corona” culinaria por sus esfuerzos humanitarios (the National Restaurant Association Education’s Foundation Cornerstone Humanitarian Award, the International Association of Culinary Professionals National Humanitarian Award y James Beard Foundation’s Humanitarian of the Year Award), se codeó con los mejores restauradores tanto nacionales como internacionales.

El pasado mes de junio, había celebrado en Italia 24 años de sobriedad. Cuando recibió el 5 de mayo el último de los premios mencionados, llevaba dadas más de treinta conferencias por todo el país. Su auditorio se compuso desde alumnos de 8º grado a jóvenes en prisión, pasando por senadores, actores y tótems de la cocina. Había concedido infinidad de entrevistas y aparecido en CNBC. Pese a todo, este verano, en una cena privada con Jack Markell, gobernador del estado de Delaware y la familia de éste, le pidió al gobernador que llamase a su madre y le dijese que “todo iba bien”. Le confesó a Markell que oyéndolo de labios del gobernador “mi madre estará tranquila”.

Un camión en las montañas de la frontera indo-paquistaní cortó el diecinueve de agosto su viaje. Falleció al día siguiente como consecuencia de las heridas sufridas. Su obra y su legado trascenderán a su creador. Dos días antes de viajar a la India, participó en una conferencia donde explicó que todos tenemos un propósito en la vida: el suyo fue la filantropía.

Fundó dos orfanatos y una escuela en Nepal, proveyó de becas a estudiantes, creó una escuela culinaria para mujeres con discapacidades, su propia fundación internacional Global Delaware Fund, estaba comenzando nuevos proyectos, entre otros en Nicaragua. Acababa de estrenar el Big Thunder Roadside Kitchen, una cocina móvil para servir comidas, y un autobús que terminó poniendo a disposición de Pathways to Success (organización que ayuda a jóvenes), al enterarse que carecían de transporte para desarrollar sus programas.

Haley tenía acostumbrados a sus amigos y seguidores a las emociones fuertes y su celebración de vida no fue una excepción. Mientras la última oradora del día Michelle Freeman –presidente de la Fundación Joshua M. Freeman– se dirigía a la multitud, la pantalla gigante colocada junto al escenario mostró una carta personal que Haley le dedicó y en la que le confesaba su amor.

Freeman compartió el lado más íntimo de Haley y el suyo propio, al revelar a los asistentes que, lo que durante años fue una buena amistad basada en la mutua admiración entre ella y el empresario, se había transformado en los últimos meses en amor y en una relación que la había llevado a considerar a Haley como la persona con la que había recuperado la ilusión y con la que deseaba contraer matrimonio en el futuro.

Ese era el “estilo Haley” y así quedó reflejado, como Matt Haley decía: “Hay que aprovechar las segundas oportunidades que la vida nos ofrece”. El lo hizo.

Descanse en paz, Matt James Haley, gran ser humano, visionario, imperfecto y genial amigo que nos enseñó la importancia de saber aprovechar las segundas oportunidades que la vida nos ofrece.

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