








El Comité Pro Bolivia lidera esta iniciativa cultural
RAICES. La primera generación de migrantes no olvida, y en el caso de Bolivia, encarga o trae maletas rebosantes de pan marraqueta hecho en la ciudad de La Paz; ajíes colorados y amarillos de la ciudad de Sucre, pasank’alla (maíz inflado y endulzado) de regiones aledañas al Lago Titicaca, singanis y vinos tarijeños y música folklórica. Rodeado de esos elementos se siente como en casa y los hereda: “El sentido de este Carnaval y de todas las actividades que realizamos es que nuestros hijos no olviden de donde vienen. Ellos bailan tanto aquí como allá y aprenden a valorar la riqueza cultural que tenemos y se enorgullecen de mostrarla”, dijo Nelly Zapata, Presidenta del Comité Pro Bolivia. Destacó que así como la danza ayuda a superar la barrera idiomática, también abre puertas como la del condado de Arlington que autorizó la Entrada por segundo año consecutivo. “Sabemos que el público anglosajón disfruta de los bailes y estamos agradecidas con la recepción de Arlington. El nuevo logro del Comité es que este Carnaval será replicado en Richmond el mes de octubre”, adelantó.
Los llamaban “hombres-pez” y las crónicas coloniales dicen que eran diestros navegantes y habitantes eternos de las orillas: los Uru Uru (ururu) amaban el agua, el silencio y la paz, y los guerreros de otras culturas los consideraban “raros”. Por ello los despojaron de sus tierras y aguas y hasta de su lengua, y hoy están al borde de la extinción.
Sin embargo, su recuerdo perdurará bajo el nombre de Oruro, entremezclado con un carnaval que fue declarado en 2001 por la UNESCO “Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. Una representación simbólica, en realidad, de las miradas del conquistador europeo y del nativo andino sudamericano, sobre temas como la dominación y resistencia; el bien y el mal, la esclavitud y las creencias de unos y otros.
Las calles de la ciudad de Oruro son, por lo tanto, escenario de una gran pasión que motiva a bolivianos de los nueve departamentos del país, a esforzar sus pulmones y corazón para resistir más de dos millas de baile a una altitud de 3.735 metros sobre el nivel del mar. El objetivo es llegar a la “Iglesia del Socavón” donde ingresan de rodillas para reverenciar a la Virgen María, llamada también “Virgen del Socavón”, a cuyos pies lloran sus penas y hacen promesas.
De Oruro a Arlington
Es ese carnaval, el que por segundo año consecutivo se replicó en las calles del condado de Arlington el domingo 15 de marzo. “La Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro (ACFO) nos nombró difusores y promotores del Carnaval de Oruro en Estados Unidos y es eso lo que estamos haciendo. Aquí como allá, se vela a la Virgen y se le dedica esta peregrinación” sostuvo al respecto Nelly Zapata, Presidenta del Comité Pro Bolivia.
La Entrada comenzó a las 11:00 de la mañana encabezada por la imagen de la “Virgen del Socavón” y seguida por representantes del cuerpo diplomático de Bolivia, el Comité Pro Bolivia, autoridades locales e invitados especiales, quienes se agruparon en un palco para presenciar los bailes, acompañando al numeroso público que ocupó las aceras pese al intenso frío y viento.
A continuación bailaron los morenos, los zambos caporales, los tinkus, los diablos y los representantes de los valles cochabambinos, en una conjunción colorida y alegre de pasos, ropa y música. “Bailo con todo mi corazón y amor por la Virgencita y también por Bolivia y porque me da esperanza ver unida a nuestra gente”, señaló Ninoska Zevallos, integrante del conjunto Tinkus.
Necesitamos conocernos
Al comenzar la Entrada se entonaron los himnos de Bolivia y Estados Unidos y los conjuntos exhibieron ambas banderas. En ese contexto, David Bearinger, representante de “Virginia Foundation for Humanities”, sostuvo que las culturas boliviana y americana necesitan conocerse y entenderse y asimismo celebrar la diversidad y mantenerla viva. “¿Quiénes son los bolivianos; qué significa que estén aquí, qué identidad tienen? Necesitamos conocerlos”.
Del mismo modo, Walter Tejada, vicepresidente de la Junta del Condado de Arlington y Marcelo Martínez, cónsul general de Bolivia en Washington, coincidieron en que esta expresión cultural está comenzando a institucionalizarse y a captar la atención de varios estados norteamericanos. “Habrá mucho de aquí para adelante”, vaticinó Martínez.