
ESCRIBE. María Quiroz junto a su instructora, la niña Laura Navas.
Toda su vida, cada vez que José Portillo tenía que escribir su nombre o dirección y leer un documento o simples instrucciones de trabajo se veía obligado a recurrir a una tercera persona para hacerlo. “Era vergonzoso pero tenía que pedir ayuda”, comentó. “Nunca pude ir a la escuela para aprender a leer y a escribir. Sólo fui hasta el primer grado y después me dediqué a ayudar a mi papá en el trabajo”, indicó.
Hoy, el salvadoreño de 45 años, deja esa historia en el pasado y se abre camino a una nueva vida. “Ahora ya sé leer”, expresó al señalar que por fin se puede comunicar con sus hijos a El Salvador por medio de mensaje de textos. “Entiendo todo lo que me dicen”, exclamó con una sonrisa .
Desde hace dos años, Portillo —quien reside en Falls Church, Virginia— no se pierde sus clases de alfabetización, dirigidas por el guatemalteco Leonardo García y otros voluntarios en la biblioteca Woodrow Wilson de Culmore y en una iglesia Metodista de la Sleepy Hollow en Falls Church.

SUPERACIÓN. Imelda Ayala ocupa su tiempo libre en la biblioteca.
García dirige el Centro de Alfabetización Social de Jornalero a Jornalero en Culmore, un programa que nació en 2006 como una misión del guatemalteco para ayudar a los inmigrantes en respuesta a una promesa a Dios, según dijo.
“Yo había venido en febrero de 2006 de vacaciones pero enfermé de gravedad”, contó García. “Al sentirme desfallecer le prometí a Dios que si yo me sanaba iba a quedarme aquí y cumplir con lo que me pidiera”, dijo García, quien es soltero. Al librarse de una peritonitis, el guatemalteco se recuperó y empezó a trabajar como jornalero.
Estando en una esquina del 7-Eleven se dio cuenta de la realidad de muchos inmigrantes que no podían leer ni escribir: eran víctimas de abusos y engaños.
Un día se encontró con una persona que había trabajado por 10 horas a $12 la hora. “El señor estaba contento porque le habían pagado supuestamente $120 por el día, pero en realidad su cheque decía $20”, contó García.

APLICADO. David Trejo compone oraciones. Delmy Salazar las revisa.
“Me dí cuenta que no sabía leer ni escribir. En ese momento sentí claramente que Dios me estaba llamando a una misión y que me pedía enseñarle a los jornaleros”, relató. “Yo nunca había enseñado a nadie pero sé que Dios me capacitó”, añadió.
A los meses, García fundó el centro con ayuda de la Iglesia Unida Metodista de Sleppy Hollow, a la que él pertenece.
De uno a uno, el programa ha cambiado la vida de más de 300 personas durante los nueve años de existencia.
Imelda Ayala no es la misma. La inmigrante guatemalteca lleva estudiando seis años. “Antes no podía ni distinguir las letras, pero ahora me siento feliz de poder leer”, manifestó.
“Cuando voy a algún lugar y necesito llenar documentos en lugar de pedir ayuda ahora yo soy la que me ofrezco”, indicó.
El miércoles 27, Ayala se encontraba en la biblioteca. Estaba leyendo un libro de superación personal. Al preguntarle el título, contestó “Se llama ‘Primero Tú: Siete Pasos para Vivir Mejor’”.
“Yo quiero seguir superándome y aprender más”, señaló Ayala, cuyos dos hijos están en la Universidad de Virginia.
A los 12 años es la “maestra” de adultos
Laura Navas tiene 12 años y cursa el sexto grado en la escuela media Glasgow en Falls Church. A su corta edad entiende la necesidad de ayudar a los demás. Ella y su madre —una docente en Guatemala— se unieron a Leonardo García como voluntarias para enseñar a los estudiantes en el Centro de Alfabetización Social de Jornalero a Jornalero.
Durante una visita a una de las clases en un aula de la biblioteca Woodrow Wilson, El Tiempo Latino la observó en acción. “¿A ver qué oración puedes hacer con esta palabra?”, le preguntó a Luis Quiroa, también de Guatemala.
Quiroa escribió cuidadosamente. Al momento la menor le alertó “Mira bien. ¿qué letra le falta?”. Luego Quiroa corrigió la palabra.
En otro momento, Laura escribió algunas oraciones en la pizarra y tuvo que pararse sobre una silla para alcanzar a la parte alta.Les dijo a los estudiantes que repitieran la oración y que escribieran la frase de la pizarra en sus cuadernos. “Mi maestra trabaja mucho” y “Mi hermana tiene ocho años”.
María Quiroz levantó la mano y se ofreció de voluntaria para escribir en la pizarra.
Mientras la salvadoreña escribía su oración “mi mamá me ama”, la niña la miraba con satisfacción.
“En nuestro país Guatemala, yo recuerdo que mi mamá me enseñó a leer y escribir a los 5 años y se me hace muy difícil comprender que un adulto no pueda hacerlo. Por eso estoy ayudando aquí para que un grupo de personas mayores aprendan a leer y a escribir”, expresó la niña.
La madre de Laura, Delmy Salazar es licenciada en educación, en Guatemala. Desde que llegó a Estados Unidos hace seis meses se unió al proyecto de alfabetización. “La señora Delmy y su niña han sido una bendición para el programa”, indicó García. “Es una profesional en la enseñanza y aprendemos mucho de ella”, señaló García respecto a Salazar.
Para Salazar no hay mayor satisfacción que ver el progreso de los alumnos. “Ellos son muy aplicados. No importa cuán cansados estén después de sus trabajos, sacan fuerzas para venir a sus clases y absorber todo como esponjitas”, indicó Salazar.
El salvadoreño David Trejo es una muestra de persistencia y superación, dijo.
En el área metropolitana hay al menos 50.000 hispanos que no saben leer ni escribir, según reportó el Centro Latinoamericano de la Juventud en DC, otra organización que cuenta con programas de alfabetización.
Las clases en el centro que dirige García se imparten los martes y jueves de 7 a 9pm en la Biblioteca Woodrow Wilson de Culmore, 6101 Knollwood Dr, Falls Church. Tambien, los sábados de 5 a 7pm en la Iglesia Metodista, ubicada en el 3435 Sleepy Hollow Rd, Falls Church, VA.
Para más información llamar al 703-200-6836.