Monseñor Mario Dorsonville

The Spanish Catholic Center
“En el Centro Católico vivi la palabra de Dios. Somos una organización no lucrativa, pero lo que nos diferencia es que estamos inspirados por el evangelio. Eso es el motor de esta Casa de los Milagros… Nuestros voluntarios quieren servir inspirados en un mandato evangélico por el que vienen a materializer la presencia de Jesús en la vida de los otros. Porque tuve hambre y me diste de comer, estuve enfermo y me alentaste, fui forastero y me acogiste. Ésa es la impronta del Centro: la palabra de Dios hecha carne y vida en el presente”. http://www.cathol…“>El Centro Católico Hispano —Spanish Catholic Center de Catholic Charities— celebra el 3 de octubre su gala annual, presidida este año por Laura y William Kappaz. El obispo Dorsonville prestó su voz y su rostro a El Tiempo Latino para, en un video, agradecerle a todos los que apoyan a una organización que sirve a miles de personas cada año en el área.
“Y cuando un cura se convierte en obispo… ¿qué le pasa?”, le pregunté recientemente al obispo auxiliar de Washington, monseñor Mario Eduardo Dorsonville-Rodríguez. Nos encontrábamos en una sala del Spanish Catholic Center en DC —una organización que Dorsonville dirigió y a la que le une la pasión, la emoción y la fe.
Su respuesta fue humorísticamente contundente: “Lo que ocurre es que vas a trabajar el triple de lo que antes trabajabas”, dijo Dorsonville, hizo una pausa y agregó: “Esto es un chiste”, sonrió. “Pero básicamente lo que pasa es que hay un mayor encargo en el servicio, en la forma en que uno puede manejar el espíritu de humildad y el amor al rebaño y a los sacerdotes que sirven a las comunidades parroquiales”.
El pasado 19 de marzo, el Papa Francisco nombró a Dorsonville obispo auxiliar de la arquidiócesis de Washington. La ceremonia, el 20 de abril, conducida por el cardenal Wuerl en la Catedral de San Mateo, “la madre iglesia de todas las parroquias de la arquidiócesis de Washington”, en palabras del nuevo obispo, hizo a Dorsonville sentirse “profundamente humilde”.
Dorsonville nació en 1960 en Bogotá, Colombia. Fue ordenado sacerdote en 1985 y es licenciado en Teología. Durante su ministerio pastoral ha sido párroco, vicepárroco, capellán y profesor de Ética, de Consejo Pastoral y Catequesis. Su nombramiento le llegó cuando dirigía el Centro Católico Hispano, organización de Caridades Católicas.
“En el Centro Católico viví la palabra de Dios”, dijo de una organización que en el último año ha proporcionado servicio médico a unas 7.500 personas, entrenamiento laboral a 4.000 y asistencia legal migratoria a más de 3.000 familias.
La visita de Francisco
“El Santo Padre es un signo de los tiempos, puesto por el amor y la misericordia de Dios. Es lo que Dios quiere decirle al mundo”, expresó Dorsonville sobre la visita que el Papa Francisco realizará a Washington, DC, entre el 22 y el 24 de septiembre.
“Hoy resuena algo que el Papa Pablo VI decía en los años 70: si quieres la paz, trabaja por la justicia. El discurso del Santo Padre va radicalmente a alimentar la conciencia de solidaridad en la justicia social para lograr un mejor futuro de la humanidad. No hay una agenda más importante. Es una agenda no partidista, no personalista, sino que refleja el dinamismo de un profeta que sabe que la erradicación de la pobreza viene por el servicio y afecto hacia los más necesitados”.
“El Papa es una luz de Dios hacia un mundo que se encierra en el materialismo, en el capitalismo o en el socialismo, y donde las doctrinas ahogan el rescate de aquéllos que son invisibles. No más desechables, dice el Papa Francisco”, apuntó Dorsonville.
Me dijo que se sentía “un inmigrante agradecido” y que para él la inmigración es un acto de amor: “Una inmigración que vino a construir este país, que está trabajando, que está sirviendo, que cuida de nuestros niños, de nuestros ancianos, de las infraestructuras del campo, de las ciudades, y vemos, más allá del servicio, que es una inmigración cristiana”.
Le pregunté por su mensaje a esta sociedad estadounidense: “Mi mensaje es que el amor de esta sociedad norteamericama, su acogida facilitó por la educación, por la iglesia, incluso por la salud, producir lo que soy yo ahora… Me siento, soy, un inmigrante agradecido y quiero trabajar en el servicio, no por un grupo determinado, sino por la iglesia. Ha sido una bendición, no solo como vicario general, sino como moderador de las comunidades étnicas, porque eso es mi vida. Soy un inmigrante profundamente agradecido que ha recibido demasiado de la sociedad y está muy contento de poderle regresar”.
El obispo se levantó, me abrazó, y se fue dejando una estela de sonoras sonrisas.