Geovana Ortega afirma ser víctima del tipo de violencia doméstica más difícil de probar: aquella que no muestra una evidencia física.
“No hay golpes, pero sí otro tipo de ataques que te dañan por dentro, atormentan emocionalmente y no te dejan en paz”, expresó la mexicana de 31 años, durante una reciente entrevista con El Tiempo Latino.
Ortega dice estar viviendo una pesadilla que “nunca acaba” y que al principio no supo identificar.“Yo no sabía que estaba siendo víctima de violencia doméstica hasta que fui a uno de los grupos de terapia y me dí cuenta que todo lo que yo había vivido y estaba viviendo eran señales de abuso emocional”, expresó Ortega.
Ortega acudió al grupo de apoyo Entre Amigas, que se reune en La Clínica del Pueblo en el noroeste de DC, los viernes de 4 a 6pm. “Muchas mujeres no se dan cuenta que lo que están viviendo es violencia doméstica. En casos como el de Geovana la agresión es difícil de probar, pero buscamos evidencia para que podamos lograr protección y beneficios legales”, señaló Dilcia Molina, quien dirige Entre Amigas.
•Perfil del abusador
Los expertos describen al abusador como una persona que al principio se muestra amable. Usualmente son personas muy románticas que seducen con sus palabras y acciones.
Ortega conoció al padre de su hija en México . “Al principio era muy encantador. Yo me sentía amada y protegida por él”, expresó. “Pero poco a poco sin que yo me diera cuenta, me iba aislando de una manera muy perspicaz”, contó. “Habían veces que yo estaba lista para salir con mis amigas y él me pedía que tuviéramos una cita. Otras veces me decía que íbamos a cenar juntos y no se aparecía, entonces yo me quedaba en casa”, señaló.
En 2012 la pareja se mudó a Estados Unidos y en 2013 tuvieron una niña. “El abuso se fue haciendo más fino y elegante”, contó. “Me decía que aquí habían muchos locos con armas por lo que mejor era no salir de casa y quedarme con mi hija. Por ‘mi bien’ siempre me aislaba, no me dejaba trabajar o estudiar”, expresó.
Ortega sabía que algo andaba mal en la relación así que en abril de 2014 decidió separarse. “Allí empezó los hostigamientos, amenazas y a usar a mi hija para sus manipulaciones”, dijo.
En octubre de 2014, Ortega consiguió una orden de protección. El juez dijo que la ex pareja —quien es empleado de una oficina gubernamental de un país latinoamericano—actuaba para causarle a Ortega estrés emocional. La orden ya caducó. Ahora Ortega busca evidencia para probar que el acoso continúa.