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Alina, la joven boliviana que quiere ser astronauta visitó DC

ESPACIO. La joven boliviana ocupó el lugar 20 de un total de 100 vehículos en el Rover Challenge y conversó con ETL en Washington DC.


           
   

Ricardo Sánchez-Silva

ESPACIO. La joven boliviana ocupó el lugar 20 de un total de 100 vehículos en el Rover Challenge y conversó con ETL en Washington DC.

Alina Santander tuvo un sueño con tan solo ocho años de edad. Se encontraba en el espacio vestida de astronauta y hacía contacto con seres extraterrestres. Al despertar, esa revelación onírica fue suficiente para que la niña boliviana emprendiera una aventura en busca de su objetivo: hacer una carrera espacial.

Desde entonces, la mayoría de sus actividades giran en torno a su preparación para lograr su sueño. Hoy día, tiene 17 años de edad y aunque reconoce que en Bolivia, su país natal, no existe la carrera que quiere estudiar, eso no la desmotiva. Su madre, de origen ruso encontró la forma de apoyarla. Un día revisaba el periódico y se dio cuenta de que Alina podía formar parte del Instituto Internacional de Educación Espacial (ISEI, por sus siglas en inglés) en Alemania.

Así empezó la aventura

“Me aceptaron como boliviana, mandé mi currículum, me contacté con el director y la verdad yo no sabía específicamente lo que íbamos a hacer allá, pero sí que había actividades relacionadas con lo que a mí me gustaba desde pequeña”, comenta Alina en una entrevista exclusiva para El Tiempo Latino mientras se encontraba visitando Washington DC.

En 2015 Alina viajó a Alemania, donde conoció chicos de distintas partes del mundo e ingresó a un equipo internacional del ISEI.  La meta era construir un vehículo espacial que fuera capaz de superar el “Rover Challenge”, un reto que la NASA organiza anualmente en Huntsville, Alabama.

El vehículo de exploración espacial (conocido en inglés como “rover”) tenía que ser hecho para recorrer un camino que simula una superficie extraterrestre con cráteres, piedras y montañas a lo largo de 800 metros (media milla) en el menor tiempo posible. Sin embargo, existía una particularidad: debía ser impulsado a propulsión humana, ya que el componente tecnológico-deportivo era esencial.

No solo construyeron el vehículo, sino que hicieron tres “rovers” en tres meses, cada uno compuesto por unas dos mil piezas. “En mi vida había agarrado una llave y tuve que aprender todo: a cortar metal, soldar, limpiar y lijar. Fue bastante complicado adaptarse, pero nos llevaban a fábricas donde se hacían las piezas del rover”, comenta la adolescente soñadora.

Dos años antes de que construyera el modelo de vehículo de exploración extraterrestre, la joven, inició su participación en las Olimpiadas Científicas de su país en las áreas de astronomía, astrofísica y física, pues estaba consciente de que su preparación debía ser lo más integral posible, para lo que surgiera en el futuro. En ese momento, no sabía que iría a la NASA, donde incluso, ha podido conocer y compartir con astronautas.

AMBICIÓN. Antes de construir el vehículo de exploración espacial en 2015, Alina no había utilizado una herramienta de mecánica.


           
   

Cortesía / ISEI

AMBICIÓN. Antes de construir el vehículo de exploración espacial en 2015, Alina no había utilizado una herramienta de mecánica.

“Es un trabajo totalmente paralelo al colegio y uno no tiene estas materias en el colegio, entonces hay que buscarse medios para aprender lo que puedas a través de videos y libros. Saqué buenos resultados en las olimpiadas y sigo participando. Igual lo voy a hacer este año. Tomé también clases de pilotaje virtual avanzado, donde daban las materias básicas para sacar una licencia de piloto privado. Hice vuelos en simulador, también quiero hacerlo en la vida real”.

Los retos

En 2016 Alina fue la primera boliviana en participar en el “Rover Challenge” con un equipo internacional. De hecho, ganó un premio especial que se otorga a grupos de otros países con los mejores resultados y aunque representaba a Italia, siempre llevó la bandera de su país en su uniforme.

En el reto de este año participó con Alemania, pero decidió traerse a Gabriel Soto, un compañero de 25 años, estudiante de ingeniería en Bolivia, quien la acompañó y apoyó técnicamente en el proceso. Ocupó la posición 20 de un total de 100 participantes, lo que la sitúa en un puesto privilegiado y gracias al cual se ganó el reconocimiento del ISEI como embajadora de la institución en su país. La nueva meta: lograr incentivar a otros jóvenes y armar un equipo completamente boliviano. El evento se llevó a cabo entre el viernes 31 de marzo y el sábado 1 de abril en Alabama.

“Este es mi segundo año, cada vez la competencia se pone más dura. Hay más obstáculos en el camino, entonces hay que irse preparando. Mi reto es traer al equipo boliviano completo, preparado. Va a ser un trabajo duro pero queremos hacerlo”, dice la joven suramericana, quien con una sonrisa en su rostro asegura que quiere compartir el conocimiento que ha adquirido e incentivar chicos de su país.

Una convocatoria a través de la página en Facebook “Alina for NASA”, atrajo a alrededor de 70 estudiantes, que enviaron sus solicitudes y que fueron sometidos a una preselección, en la que ahora solo hay 30. Trabajarán con ellos el resto del año y de allí saldrá el equipo oficial para 2018, que construirá un modelo, que a su juicio, será un dispositivo “innovador”.

Ella piensa que “entre el sueño y la realidad, el factor que hace eso diferente es la acción. Es importante que los padres y las personas que vean potencial en un joven, lo ayuden. Yo he recibido ese apoyo. Tengo un equipo detrás de mí apoyándome y trabajando conmigo”.

La niña que caza estrellas

Vinokurova es el segundo apellido de la joven, pues su madre es originaria de Rusia, pero se casó con un boliviano. Aunque en su casa siempre se habla ruso, confiesa que aprendió cuatro idiomas. “Desde pequeña hablaba el ruso por mi mamá y el español porque vivía en Bolivia. A los ocho años empecé a aprender alemán y el inglés es global. Hay que saberlo”, dice con total naturalidad sin dejar de aclarar que quiere aprender otros más. A pesar de su edad, en sus palabras se evidencia una gran madurez, que por cierto, se refleja en sus acciones.

Después de que Alina despertó de aquel sueño a los ocho años de edad, decidió que iría tras las estrellas, literalmente. Aunque el camino no ha sido fácil, ya no es una niña y ha tocado las puertas necesarias para buscar apoyo con el respaldo de su familia.

“En 2015 pagué casi el 70% de mi viaje a Alemania con mis ahorros, pero para el próximo año, nos dimos cuenta de que era mucho y estábamos representando a Bolivia. Entonces, decidimos buscar patrocinantes. Nos ayudaron diez empresas.

En 2017 se hizo un poco más grande y más compañías se interesaron. Fue la parte más complicada, pero se logró”, afirma.

Al final de cuentas, nadie dijo que querer cazar estrellas que están a años luz fuera fácil, pero tampoco imposible. Ahora la boliviana está en último año de secundaria y busca la forma de aplicar en diversos centros educativos en Estados Unidos, Rusia y Alemania en los que pueda estudiar ingeniería aeroespacial para ayudar a jóvenes bolivianos “a que incursionen en esta carrera y tengan la oportunidad de llegar a agencias internacionales”.

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