Magdalena Velásquez Sigüenza es una joven guatemalteca de 23 años, que llegó a este país en mayo de 2011, en busca de mejores oportunidades de estudio.
Con el apoyo de sus padres logró cursar hasta el sexto grado en su tierra natal, pero debido a la situación económica que atravesaba su familia no pudo continuar en la escuela. Aunque sus ideales han ido mucho más allá. El anhelo de seguir estudiando la impulsó a dejar todo y buscar esa ansiada oportunidad en Estados Unidos. Sin embargo, no todo fue como lo imaginó.
“Pensé que al venir a este país podría estudiar, pero lastimosamente no fue así, fue al contrario porque tengo 10 hermanos que están en Guatemala y mis padres no se abastecen para mantenerlos, entonces me puse a trabajar para ayudarlos”.
Llena de satisfacción Magdalena afirma que sus papás están contentos por el dinero que les envía, pues es difícil mantener a tantos hijos en un lugar como en el que viven -San Juan Ostuncalco- al occidente de Guatemala, donde lamentablemente la falta de oportunidades prevalece. “Mis padres están contentos porque cuando yo me puse a trabajar y les empecé a ayudar me dijeron, ‘pensamos que ibas a estudiar, que ibas a cumplir tu sueño de estudiar, pero tú has decidido a ayudarnos también’”, expresó.
El trago amargo de esto fue el trayecto de su bella Guatemala a Estados Unidos, pues el periplo no fue nada fácil y en los momentos que sentía desvanecerse pensaba en su familia.
“Yo pasé por el desierto un mes, caminando. La poca agua que traíamos la teníamos que cuidar para sobrevivir porque no podíamos llevar comida. En las travesías que hacíamos teníamos que cruzar carreteras donde había agentes, teníamos que correr, escondernos para escapar, lograr cruzar y llegar acá”. Un silencio extenso y melancólicos suspiros invadieron a Magdalena quien abrazó un poco más fuerte a su pequeña hija de cuatro meses que tenía en brazos, cuando se le preguntó si temió por su vida en este recorrido, pregunta que respondió con una mirada de timidez.
En 2014 se casó y hace cuatro meses se convirtió en mamá de una hermosa bebé llamada Elizabeth. Su esposo y su hja han complementado su vida y le han dado mayor fuerza a sus deseos. A pesar de no contar con una estadía legal en el país, Magdalena no se deteniene en la búsqueda de sus sueños.
“Nunca es tarde para seguir, sueño con ser enfermera para ayudar a la gente”, afirmó sonriente. En septiembre próximo está lista para continuar sus estudios por las noches, equivalentes a la educación media para así darle paso en un futuro a su esperado título de enfermería.
El apoyo de su esposo quien trabaja como carpintero ha sido vital y ambos aspiran a un mejor futuro para su hija
“Quiero que mi hija crezca bien sana, y que le podamos dar todo lo que ella necesita, quizás nosotros no tuvimos tantas cosas, pero nuestro sueño es que ella pueda tener todo lo que se pueda”.