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Es verano y Washington huele a hierba. En todas partes, todo el tiempo.

WASHINGTON – Arash Shirazi es una persona bastante cosmopolita. Un agente musical y cineasta que frecuenta a creativos y bohemios. Ha vivido en Los Ángeles y ha pasado épocas en ciudades como, sí, Amsterdam, por lo que es justo decir que no es con es particularmente remilgado en su vida social.

Y aún así… yéndose de un estacionamiento de Washington recientemente, se pausó cuando un olor fuerte pasó por sus fosas nasales.

Por supuesto que había olido marihuana antes, pero esto era una tarde entre semana – ¡en Georgetown!

“Me sorprendí”, explicó. “Georgetown es un poco más reservado”.

Bueno, eso es lo que solían decir de Washington en general. Pero ahora, más de dos años después de que el Distrito legalizara la posesión de marihuana, parece que a todos lados a los que vayas en la capital del país puedes sentir un olorcillo de marihuana. Y es varias veces en lugares donde menos te lo esperarías.

En la Calle H del centro de la ciudad, mientras pasas entre trabajadores de oficina devolviéndose de sus almuerzos.

Entre la calle 10 y E, en la sombra de las sede central de la FBI.

En el pasillo de tu edificio. En el vestíbulo de tu gimnasio. En el Pasillo 9 de Walmart, buscando las toallas de playa. (Espera, ¿Walmart?).

Si la estás buscando, puedes conseguir la flor en Washington en casi cualquier forma: triturada, concentrada, licuada, horneada en un omelet. Consumirlo en público se mantiene prohibido, pero puedes fumarlo en una gran variedad de eventos privados, enrolar en una clase de jardinería o organizar una cena en la que la entrada, el plato principal y el postre estén todos “infusionados”. LeafedIn, un sitio Web que localiza consumidores y vendedores en los mapas de las ciudades, muestra al centro de D.C. lleno de iconos de hojas de cannabis. Incluso hay uno rondando sobre la Casa Blanca.

Para aquellos que no fumen, ese mundo es bastante invisible pero no inodoro. Y ahora que es verano y la humedad mantiene más cercanas todas las esencias, es aún mas obvio: Washington está fumando más marihuana de lo que te habías dado cuenta.

Stephen Sears, un bibliotecario académico que vive en Capitol Hill, lo llama el “síndrome de la marihuana fantasma” – la sensación persistente  de una esencia, inequívoca pero muchas veces inencontrable.

Teóricamente, todos deberíamos ser más indiferentes acerca de esto – cerca del 70 por ciento de los residentes de D.C. votaron por la legalización. Y aún así la la nueva aguda fragancia de la ciudad permanece un misterio. ¿De quién es ese humo? ¿De dónde está viniendo?

“Tienes que preguntarte si estos habitantes mayores de Capitol Hill han estado fumando esto todo el tiempo”, reflexiona Sears.

Como la Plataforma 93/4 o el closet que lleva a Narnia, el portal para el mundo de marihuana de D.C. se esconde a plena vista.  Los “muggles” caminan justo frente a él. He vivido en este edificio por casi 20 años y en el último año huele a marihuana todo el tiempo”, dijo Elizabeth Terry, una consultora de comunicaciones que vive en Cathedral Heights. “Estoy caminando por el pasillo y trato de oler para saber de qué unidad viene”.

Elizabeth Thorp estaba desconcertada cuando recogió la esencia en la plaza de un complejo gigante cerca de Chinatown. ¿Una fiesta cercana? ¿Un almuerzo placentero?. “Incluso en los suburbios de Bethesda, escucho que las personas de mediana edad están consumiendo”, dijo Thorp, editora del sitio Web de comedia y noticias pypo.com.

Jen DeMayo percibió un olor mientras se iba de la biblioteca del Southwest Neighborhood Library, en la que da clases de yoga los martes en la noche. Parecía un lugar extraño par fumar pero no: al menos una clase de yoga de D.C. incorpora marihuana además de meditación.

Quizás estos humos son lo que el Distrito necesita. “Me gusta la idea de que D.C. sea una gran nota”, reflexiona Adam Goodheart, escritor basado en D.C.-based writer. “Algunos miembros del Congreso pueden estar caminando por la calle, humeando acerca del sistema de salud, formando parte de la ira de un partido y luego se ven así mismos misteriosamente ablandados”.

¿Pero quiénes son estas personas que están fumando a plena vista? Los fumados y los sobrios muchas veces cruzan caminos sin saberlo, como personages en la secuencia de Marx Brother. A las 11 a.m. del martes, un grupo de jóvenes pasaron un porro en las escaleras del Museo de Arte Americano Smithsonian. Kyla Frank, quien estaba entregando panflletos para una compañía de paseos turísticos del otro lado del edificio, no podía descifrar quienes estaban haciendo apestar sus mañana. “¿Por qué estás fumando a estas horas de la mañana?”, preguntó.

Paseando a su perro un lunes en la noche en Adams Morgan, Brianne Molloy dijo que normalmente percibe el olor en la noche. No sabía quién estaba fumando, pero a tan solo una cuadra, Mark Bebawy,  el dueño de Funky Piece Smoke Shop and Glass Gallery, estaba teniendo una fiesta intensa en el sótano de un restaurante cerrado por la noche. Un hombre con un pito de goma con la forma de una concha de mar salió a la calle, con una bolsita de plástico en la mano que contenía lo que él dijo que era exactamente las dos onzas de hierba permitidas legalmente. “Es el Distrito del Canabis”, asintió.

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