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En la capital de la nación las fuentes secas dañan el paisaje

Era una típica mañana de verano en el centro de la ciudad de Washington D.C., con turistas llenando las calientes aceras, y Tony Truesdale en un hueco debajo de ellos, tratando de revivir otra fuente muerta.

“Tengo agua”, gritó Truesdale desde el interior húmedo de un cuarto de bombas en el Memorial de Bolívar, dedicado en 1959, a una cuadra del Mall. Un flujo alentador sacudió el nido de unos viejos tubos de acero y válvulas de mediados de siglo justo cuando la silueta de una cabeza apareció en el cuadro de luz que entraba de arriba.

“¿Tienes agua?”, llamó hacia abajo Joe Gallo, uno de los plomeros del Servicio Nacional de Parques y compañero de Truesdale. Detrás de él, los contratistas estaban serpenteando mangueras de alta presión que fueron colocadas hace décadas y han estado tapadas por años.

“Está viniendo,” dijo Gallo.

El verano en la capital de la nación es una época de pelea de fuentes, en la que los equipos de surtidores de agua del Servicio de Parques se esfuerzan para mantener más de 60 piscinas, lagunas, caños y cascadas fluyendo alrededor del centro monumental de la ciudad.

Desde en los pequeño parques – tal como este en el Memorial de Bolívar  – hasta en grandes surtidores en el Memorial de la Segunda Guerra Mundial, llevan a cabo meses de batalla con plomería del siglo 19, bombas complicadas y una acumulación de 850 millones de dólares en mantenimiento, sin mencionar las gravedad, algas y conservacionistas históricos.

Anthony Truesdale, mecánico de mantenimiento del Servicio de Parques Nacionales, trabaja en la fontanería debajo de la fuente de Bolívar.


   
   

Foto de The Washington Post por Evelyn Hockstein

Anthony Truesdale, mecánico de mantenimiento del Servicio de Parques Nacionales, trabaja en la fontanería debajo de la fuente de Bolívar.

“Es bello cuando haces que todo funcione”, dijo Truesdale mientras apretaba una conexión para preparar la instalación de una nueva bomba en la fuente del Bolívar. “Pero ocurre un recorte todos los días. A nadie le gusta cuando se apagan”.

Las fuentes sin agua son la fachada de la arquitectura pública, testamentos depresivos de las deficiencias de la ciudad. Cuando funcionan, están llenas de vida y energía. Cuando fallan, son tristes payasos entre el mármol – mudos y abatidos.

“Hay una manifestación de bienestar público en tener una fuente”, dijo Thomas Luebke, secretario de la Comisión de Bellas Artes de los Estados Unidos, el cuerpo encargado de mantener la fuerza arquitectónica del Washington federal. “Habla de la idea del bien común y de un gobierno competente. Cuando ves una piscina vacía que se suponía que fuera un elemento central, el lugar pierde su esencia”.

Casi la mitad de los elementos que usan agua del Servicio de Parques presentes en el Distrito, necesitan reparación, incluyendo grietas en el canal que parece caldera en la Isla Theodore Roosevelt y los filtros y motores del Memorial de la Armada de los Estados Unidos. La imponente fuente de Dupont Circle está inclinada, su gigante cuenca superior desajustándose y dañando lentamente el flujo.

Algunos elementos acuáticos parecen permanentemente abandonados, más notablemente la fuente Columbus en las afueras de Union Station, seca por una década y esperando inútilmente por una reforma de 10 millones de dólares. Esa fuente fue construida en 1912 con el sistema hidráulico enterrado dentro de la escultura. Llegar a las tuberías no requeriría solo plomeros si no también conservadores de arte.

“Cada una de estas cosas son únicas”, dijo Jeff Gowen, gerente de mantenimiento para el National Mall y Parques Conmemorativos.

“Nunca se eliminan pero si llega un punto en el que no puedes operarlas más”.

Las fuentes han sido las predilectas de los pensadores urbanos desde que los romanos realizaron los acueductos. La mente maestra del siglo 18 del diseño de Washington, Pierre L’Enfant, fue criado con vista a las fuentes del Palacio de Versalles en Francia y quería esparcirlas por la nueva capital. La Comisión McMilan en 1902 reportó la restauración del Mall con agua en todas partes, incluyendo varias fuentes en la base del Monumento a Washington, las cuales nunca fueron construidas.

Pero mucho pasó, y décadas después, el equipo de Servicios de Parques luchó con un portafolio creciente que iba de lo histórico hasta cosas de alta tecnología. Detrás de las antiguas fachadas públicas, cada año pasado queda en evidencia, como en el caso del cuarto de bombas de la fuente de Colombus Circle. Escondido debajo de una compuerta por la cual pasan miles de viajeros y peatones todos los días, la cámara está llena de un artilugio de fosas, tuberías y válvulas análogas.

“Como algo salido del Titanic”, se maravilló el portavoz del Servicio de Parques, Mark Litterst.

En el otro extremo, atravesar por la gran puerta protectora debajo del Memorial de la Segunda Guerra Mundial de 2004 es una experiencia más parecida a abordar un submarino nuclear. Cada bomba masiva funciona en la oscuridad y cada válvula está meticulosamente etiquetada. Los contenedores de cloro están alineados perfectamente.


La fuente conmemorativa de la Segunda Guerra Mundial esta llena de energía.

La fuente conmemorativa de la Segunda Guerra Mundial esta llena de energía.

Lewis Simpson, a la izquierda, y Kareem Wilson, trabajadores del mantenimiento del parque de servicio, lanvando la fuente en el Memorial de Guerra de Corea.

Lewis Simpson, a la izquierda, y Kareem Wilson, trabajadores del mantenimiento del parque de servicio, lanvando la fuente en el Memorial de Guerra de Corea.

El cuarto de la bomba para la fuente conmemorativa de la Segunda Guerra Mundial, donde cada pipa y válvula se etiqueta meticulosa.

El cuarto de la bomba para la fuente conmemorativa de la Segunda Guerra Mundial, donde cada pipa y válvula se etiqueta meticulosa.

Anthony Truesdale, mecánico de mantenimiento del Servicio de Parques Nacionales, trabaja en la fontanería debajo de la fuente de Bolívar.

Anthony Truesdale, mecánico de mantenimiento del Servicio de Parques Nacionales, trabaja en la fontanería debajo de la fuente de Bolívar.

Una característica hermosa del agua de la cascada en el Meridian Hill Park en Washington del noroeste trabaja, pero la fuente de arriba esta vacía.

Una característica hermosa del agua de la cascada en el Meridian Hill Park en Washington del noroeste trabaja, pero la fuente de arriba esta vacía.

Bernard Addison, a la izquierda, y Marvin Evans de Spartan Plumbing, trabajan para reparar la fuente de Bolívar frente al Departamento del Interior.

Bernard Addison, a la izquierda, y Marvin Evans de Spartan Plumbing, trabajan para reparar la fuente de Bolívar frente al Departamento del Interior.

Muchos de las estructuras que usan agua, incluyendo el Memorial de Franklin Delano Roosevelt de 1997, se vacían directamente en los desagües pluviales, lo cual limita los tratamientos químicos que los técnicos pueden usar para despejar las algas. Las fuentes más viejas no fueron construidas para que el agua recirculara, en su lugar fueron construidas para que fluyeran miles de galones de agua del suministro de la ciudad en una hora, rociándola al aire una vez y dejando que drenara luego.

“Es como prender la válvula de tu casa y dejar que corra durante todo el verano”, dijo Gowen. La mayoría de las fuentes viejas han sido reformadas, dijo.

Incluso una fuente en funcionamiento es como un niño, amada pero necesitada de atención constante. En los días antes de la reciente visita del Presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, los trabajadores trataron de limpiar con vapor la piscina del Memorial a la Guerra de Corea que fueron obstaculizados por un componente electrónico estropeado que evitaba hasta que drenaran la estructura.

“No puedes inventar este tipo de cosas”, dijo Gowen.

“La fuente es una linda molestia”, dijo Ruth Robbins, presidenta de Amigos del Círculo Chevy Chase, un grupo vecinal que se formó en gran parte por la frustración con una fuente anémica en la rotonda de entrada de tráfico en el suroeste de Washington. El grupo, uno de los varios esfuerzos locales para suplementar el mantenimiento federal, pagó por una nueva fuente de metal en los años 90 y ha recaudado 80 mil dólares para una nueva bomba y plomería.

“El Servicio de Parques hace lo mejor que pueden, pero entendemos sus problemáticas de recursos y personal”, respondió Robbins.

Para la fuente con efecto cascada al estilo italiano de Meridian Hill – la más larga de Norteamérica, de acuerdo con el Servicio de Parques – los residentes han formado una tipo de vigilancia vecinal de la fuente para alertar a oficiales acerca de problemas que han llevado a que se seque más frecuentemente.

Y el año pasado la Galería de Arte Nacional se encargó de la Fuente del Memorial Mello enfrente de sus puertas principales, recolectando dinero privado para rehabilitar un elemento que había estado inactivo desde 2008.

El Servicio de Parques está tratando de traer de vuelta otra fuente inactiva: el Memorial de Bolívar, el cual se ubica directamente fuera de la puerta principal del Departamento del Interior. El personal de la agencia no pudo determinar la última vez que la piscina rectangular había tenido agua, y muchos peatones que pasaban no sabían que la piscina verde y fétida había sido una vez una atractiva fuente.

“Era básicamente un refugio silvestre”, dijo Truesdale, sacando su teléfono para mostrar una foto de la mugre que habían sacado unas pocas semanas antes.

En su audiencia de confirmación, el nuevo Secretario del Interior Ryan Zinke, habló de la necesidad de arreglar las fuentes de Washington como parte del abordaje de la lista de mantenimiento de 12.5 billones de dólares para parques alrededor del país. El personal del Servicio de Parques se dio cuenta de que su nuevo jefe había tomado interés en la fuente de Bolívar, la cual es visible desde su oficina. La secretaria de prensa de Zinke dijo que el oficial no estaba disponible para entrevistas.

Una vez drenada, el personal estaba sorprendido de encontrar tanta belleza debajo del deterioro. Seis gigantes estrellas de bronce (una por cada uno de los países liberados por el líder militar venezolano del siglo 19, Simón Bolívar) estaban montados en una piscina de losas azules. Ahora las estrellas estaban restauradas, las viejas tuberías limpias y la nueva bomba trabajando en su foso húmedo.

Otra maravilla preparada para refrescar este aspecto del verano de Washington.

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