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Entre Virginia y Bolivia

Se dice que los bolivianos de Valle Alto residentes en Virginia no emigran; más bien lo traen todo consigo a Virginia para seguir con sus vidas casi exactamente igual que si permanecieran en Bolivia. Olvidar es uno de los mayores peligros en la comunidad inmigrante boliviana, dado que casi un cuarto de los diez millones de ciudadanos del país andino reside en el extranjero y estos residentes han prácticamente abandonado la región sudeste de Cochabamba, el Valle Alto, para establecerse en Virginia del Norte. La mayoría de los vallealteños perciben el planeta como la Pachamama, la madre tierra, y, como tal, toda la tierra como una sola. Ya sea en Bolivia o en Virginia, la tierra es la misma Pachamama.

La novena ciudad más grande de Bolivia

Virginia del Norte acoge a la mayor comunidad boliviana de Estados Unidos. Si bien la mayoría proviene de grandes urbes conocidas como La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, miles de residentes en Virginia son originarios de Valle Alto, una región de valles al sudeste de Cochabamba. La comunidad del Valle Alto en Virginia ha construido un singular y sólido puente emocional y económico entre Virginia y el Valle Alto en Bolivia desde la década de 1980. Los vallealteños de Virginia se organizan para mantener sus pueblos unidos en ese estado. Cuentan con asociaciones para unir a los habitantes de sus pueblos mediante iniciativas como ligas de fútbol, carnavales y celebraciones del día de la madre, o la recaudación de dinero para proyectos comunitarios en sus pueblos en Bolivia. Estos proyectos consisten en la confección de murales, la reforma de iglesias, la pavimentación de calles y plazas, la provisión de camisetas y equipamiento a los equipos de fútbol y el apoyo a una orquesta infantil, entre muchos otros. Las estimaciones del número de bolivianos residentes en Virginia del Norte varían y a menudo no reflejan el gran número de bolivianos indocumentados. Según Leonardo de la Torre Ávila, investigador boliviano sobre la migración de Valle Alto, se calculó que la comunidad de Virginia en el 2006 albergaba 150.000 personas, el equivalente a la novena ciudad más grande de Bolivia en el 2017.

La historia de emigración de Valle Alto

El Valle Alto es una región a una altura de casi 2.743 metros con un fondo de valle de cerca de 48 kilómetros y una temperatura media de 21 grados Celsius. Esta zona tiene una singular historia de migración a otras ciudades, otras regiones del país y otros países, como Chile, Argentina, España o Estados Unidos. Los bolivianos se marchan para ganarse la vida de un modo en que no podrían en su país y enviar dinero a sus familias y pueblos natales. La primera ola migratoria fue a Chile, desde finales de la década de 1800 hasta la primera guerra mundial; seguida por Argentina tras la revolución boliviana de 1952 y la redistribución de las tierras, y finalmente a Virginia en la década de 1980, cuando la economía argentina colapsó. Fue entonces cuando los bolivianos llegaron a Virginia directamente desde Argentina. El año 1952 marcó un hito en la historia de emigración del Valle Alto. La redistribución de las tierras en la región supuso para los terratenientes una pérdida de gran parte, si no la totalidad, de sus propiedades y la necesidad de encontrar otras profesiones y modos de ganarse la vida. Una de las ciudades entonces florecientes, Tarata, era el centro colonial de la zona y muchas de estas élites vivían allí. Otras personas de las zonas rurales cerca de Tarata recibieron tierras; sin embargo, la agricultura a pequeña escala los hizo vulnerables a las fluctuaciones mercantiles y medioambientales. La economía rural se debilitó generalizadamente y, como consecuencia, la élite rural y los pequeños terratenientes emigraron.

Razones para marcharse

Sandra Patiño ha vivido en Virginia cerca de 16 años. Es originaria de Tarata (Bolivia) y proviene de una familia migrante. Su padre era de Potosí (Bolivia) e inmigró a Tarata cuando una sequía sobrevino a su pueblo natal. Cuando Sandra tenía 5 años, su familia siguió el mismo esquema y se mudó a la ciudad de Cochabamba debido a una sequía en el Valle Alto. Otra historia es la Álvaro y Érika. Álvaro dejó su pueblo natal en Santa Rosa por primera vez cuando se marchó de adolescente a Argentina en 1998. Tras cuatro años viviendo en Argentina, volvió a Santa Rosa en el 2002, con motivo de una celebración anual en la que conoció a su futura esposa, Érika Alba. Un año más tarde, en el 2003, tomó la decisión de marcharse dos o tres años a EE.UU. para ganar más dinero. Unos años después, Érika lo siguió a Virginia y ahora tienen dos hijos: Evelyn, de 9 años de edad, y Jen, de 2 años.

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