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FIFA no da tregua a la relación futbolística entre EE.UU. y España

FIFA Mundial
MANDAMÁS. Gianni Infantino, presidente de la FIFA/EFE

La negativa es constante. No bastó con que en el mes de septiembre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, indicara que la petición del Barcelona y Girona para llevar su duelo correspondiente por liga española a Estados Unidos, manifestara su rechazo ante el duelo previsto para el próximo 27 de enero.

“Preferiría ver un gran partido de la MLS en Estados Unidos antes que un partido de la Liga en Estados Unidos”. Simple y a la vez desalentador, el mandamás del órgano que regula la práctica de la disciplina en el planeta se afirmaba como una voz de peso ante lo que ha sido la intención de llevar a una de las principales ligas de fútbol del planeta a territorio norteamericano.

Los días fueron disolviendo poco a poco sus palabras y las ganas de que aquel choque entre conjuntos catalanes se jugase volvía a estar sobre la mesa, pero, nuevamente, Infantino intervenía, ahora con mucha mayor contundencia para dejar clara la postura de la maquinaria que encabeza.

“La FIFA no autorizará la disputa de ese encuentro ni en Estados Unidos ni en ningún otro sitio que no sea el estadio del Girona, que es el que toca. Como me presidente de laFIFA, anuncio que la organización se opone a la idea de La Liga y prohibirá que el Girona-Barça se dispute en Estados Unidos o en cualquier otro sitio que no sea España”, repetía en octubre.

Las palabras de la autoridad eran un balde de agua fría para todos los involucrados; sin embargo, no todo está dicho a pesar de que el panorama no sea el más alentador. Vale recordar que LaLiga acordó con los dos clubes la celebración del juego en Miami para la fecha mencionada, una petición que ahora está en manos de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que deberá dar una respuesta antes del 5 de enero.

Las dudas del pasado reciente

En principio, esta parece una decisión de un país; no obstante, la (in)oportuna intervención de la FIFA obliga a tomar en cuenta lo que ocurrió hace apenas unos meses, cuando en julio la RFEF imponía al Barcelona y Sevilla disputar la Supercopa de España en Marruecos. Tánger era la ciudad indicada y el 12 de agosto la fecha del compromiso.

Para aquel entonces no hubo mayor revuelo del organismo; todo lo contrario, la queja llegó del lado del conjunto andaluz, que se negaba a jugar fuera de territorio español, algo que muchos han visto como algo completamente negativo, pero que se centra mayormente en la necesidad de brindarle al balompié español mayor crecimiento en términos de mercadotecnia, viéndose opacado en este aspecto por Inglaterra, cuyo peso en esta materia va más allá de cualquier otro país en la disciplina.

La crítica del Sevilla era sencilla de analizar: al momento de vender los abonos a los socios, el club se comprometía a incluir entre todos sus juegos de local la ida de la disputa del trofeo que da inicio de manera oficial a la temporada en el país europeo; no obstante, la intención de potenciar y lleva a otras latitudes el talento de su deporte terminó privando.

No se generó más polémica tras la decisión de la RFEF y el choque se jugó en territorio africano.

Mayores instancias hicieron caso omiso, algo que demostraba la independencia y confianza de la medida que se tomaría, situación que ahora deja mucho que desear. Con la duda sensata puesta sobre la figura de Infantino, lo que ocurre actualmente es una forma de acabar con un discurso inclusivo que se cumplió a rajatabla con la Supercopa de España.

En Italia se ha visto lo propio desde hace algunos años cuando le toca medirse al ganador de la Serie A con el campeón de la Copa doméstica, mientras que la inversión y ganas de llevar el espectáculo a otros continentes con la intención de sumar adeptos ha logrado que los horarios de ciertos compromisos en las principales ligar del Viejo Continente se adapten de forma que aún pueda ser seguido en vivo por el público asiático.

El fútbol ha expandido su rango, compromiso natural frente al impacto de otras ligas, como la NBA o los circuitos masculinos y femeninos del tenis, pero lo que frena hoy por hoy a LaLiga invita a hacerse cada vez más preguntas sobre el porqué de la FIFA para poner coto a un acuerdo que ponía en marcha el crecimiento de dos países.

Lo que está en juego

El Barcelona-Girona de Miami no es un compromiso cualquiera. Con fecha y escenario planteado, el duelo debía convertirse en una enorme fiesta del fútbol que, si bien hay razón de parte de Infantino de señalar que como el cuadro culé tiene mayor peso en el ámbito internacional se perdería aquellos de la localía, según el calendario, de su rival de turno, su desacuerdo no ha asomado una solución; todo lo contrario, la puerta parece cerrada del lado del ente.

En otro caso habría sido honesto proponer otro encuentro, sobre todo con el equipo de mayor trayectoria y alcance como el que deba ser local, pero ni eso ha salido de la boca del suizo.

Mientras esto sucede, desde el lado del deporte español y estadounidense se respira cierta tensión. El acuerdo de LaLiga con la misma compañía que celebra la International Champions Cup, de mayoría organizada en territorio norteamericano, deja en veremos una situación cuya repercusión tendría efecto de todo tipo tanto a corto como a largo plazo.

Con un choque de este estilo, el balompié estadounidense ganaría más adeptos en una disciplina que con mucho esfuerzo y entusiasmo ha conseguido llenar estadios en su liga local, la Major League Soccer. El fútbol en este país no es el número uno del planeta ni tampoco el evento más seguido, pero los esfuerzos han brindado resultados positivos en tiempo récord. Una alianza de este tipo llevaría a muchas más personas a los escenarios donde rueda el balón y, por qué no, desde España pondrían un ojo para evaluar el talento que ahí se desarrolla.

Por su parte, el país europeo mucho ganaría con este vínculo, especialmente si se mantiene como una práctica constante. Más que por cuestiones deportivas, ningún otro país del mundo tiene una mayor envergadura al momento de celebrar eventos que Estados Unidos. Epicentro del espectáculo a nivel mundial, esta es la principal escuela para catapultar cualquier fiesta.

Al final del día, esta sería una relación imperdible de ganar-ganar.

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