Susan Orfanos: “¡No quiero rezos ni pensamientos. Quiero control de armas!”. Nueve palabras condensan una tragedia que con demasiada frecuencia enluta a Estados Unidos y para la cual no se ve la luz al final del túnel. Esta madre de familia perdió a su hijo en la interminable lista de tiroteos masivos.
Tel Orfanos, su hijo, se salvó de balas que en el 2017 dejaron 58 muertos en Las Vegas. Su buena estrella no lo acompañó en el tiroteo de noviembre pasado en Los Ángeles. Murió junto a 12 personas más y no será el último. Ser víctima o testigo de un tiroteo en una iglesia, teatro, estadio, bar, restaurante o cualquier lugar es más probable de lo que se imagina. Hasta el 31 de agosto, 297 tiroteos masivos ocurrieron y 335 personas murieron.
Hay un agravante más para los inmigrantes: el aumento de la intolerancia y el racismo los convierte en el blanco de los creyentes en soluciones violentas. El tiroteo de El Paso, Texas, es un ejemplo; y aunque parece imposible salir ileso si lo que se tiene adelante es un rifle, hay protocolos y recomendaciones que podrían salvar vidas.
A la pregunta que hizo Willie McElroy, especialista en entrenamiento de emergencias y primeros auxilios, “¿Quiénes han ido a un concierto, a la iglesia, a un restaurante, al trabajo?”, todos los asistentes levantaron la mano. “Bueno, entre más vida pública hagan más expuestos están a que una lluvia de balas les cambie la vida para siempre”, dijo.

PROGRAMA. Ante la frecuencia de tiroteos masivos en las escuelas y colegios, la Alcaldía tiene un programa para entrenar a los jóvenes cómo salvarse y cómo ayudar a los heridos después de que haya pasado el peligro. | FOTO: Cortesía Saver DC
Por eso Washington DC tiene un plan de entrenamiento y protocolos para en lo posible evitar engrosar la lista de víctimas. Después de los tiroteos de Carolina del Sur en 2015, en una sinagoga en Pensilvania y en El Paso este año, Serve DC, un departamento de la ciudad para servir en casos de emergencia, se centra en preparar a los pastores, a los niños y a las comunidades ante el peligro.
A Adriana Bonilla, quien tendrá a cargo los talleres en español, dice que todo está casi listo para comenzar en octubre. “La mayor dificultad es encontrar videos en español, hay muchos en inglés y por experiencia sé que nuestra comunidad se siente más segura de hacer preguntas cuando es en su lengua”.
La idea es trabajar en restaurantes, iglesias, mercados y en cualquier lugar de concentración para que sepan qué hacer ante tiroteo. “Una vez que aprenda riegue la voz, porque cuando conoce más sobre protección individual aumenta las posibilidades de sobrevivir”, aseguró McElroy. Los entrenamiento de Saver DC son gratuitos.
El año pasado 22 mil personas fueron entrenadas. Los asistentes, entre ellos varios pastores, que acudieron al adiestramiento en Metropolitan AME Church, fueron aconsejados que de ocurrir un tiroteo si es que pueden escapen dejando atrás sus pertenencias.
No espere que el entrenamiento, en caso de un tiroteo, le dé fórmulas de cómo espantar el pánico, porque como dijo McElroy, “el miedo paraliza, es imposible no sentirlo, pero sería ideal que piense rápido y se salve si puede. Desde Columbine hasta hoy cada situación es diferente. Trate de escapar en esos 12 a 15 segundos que al pistolero demora en recargar el arma. El tiempo que demora la policía en llegar es de ocho a 11 minutos, durante esa espera solo se tiene a sí mismo”.
Las iglesias son inclusivas y no van poner guardias con pistolas cacheando sus bolsillos y carteras, pero McElroy tiene algunas sugerencias: observe el comportamiento de cada persona, si es desconocida pregúntele quién es, de dónde viene e invite a otros feligreses a interactuar con el extraño. Si pese a su amabilidad sigue comportándose raro repórtelo. Nunca haga lo que pasó en un templo: un desconocido llegó casi hasta el altar, se quedó 10 minutos escrutando a los presentes y a nadie le pareció insólito.
El 73% de los asaltos ocurren por la puerta de enfrente, por eso mire dónde está la salida de atrás. Solo en caso de que haya muchas personas finja su muerte, de lo contrario quedarse podría ser mortal. Ante la mínima oportunidad escape o escóndase.
De enfrentarse en la calle a un racista aléjese sin discutir. Cuando esté a salvo llame al 911. Observe las facciones y la vestimenta del agresor para denunciarlo. “No tema al 911, no lo van a deportar”, es la recomendación de Bonilla. Además sugiere que en caso de tiroteo baje el volumen del celular.
AYUDA FINANCIERA Y PRIMEROS AUXILIOS
Recursos. Las iglesias pueden aplicar para ayudas financieras para un plan de seguridad. Para más información llamar a la Oficina de Asuntos Religiosos (Office of Religious Affairs), al (202) 442-8122 o enviar un e mail al reverendo Thomas Bowen [email protected]
Auxilio. Después de un tiroteo, auxiliar a los heridos es una elección personal. Si decide hacerlo y la víctima está sufriendo un paro cardiaco nunca deje de aplicar presión al corazón del caído hasta que lleguen los paramédicos. Esta es una acción extenuante pero hágalo sin desmayar.
Observación. En el 80% de los casos de francotiradores de masas, siempre alguien tiene información. Nadie se despierta y dice: hoy voy a salir a matar. Quien tiene intenciones de causar daño masivo se prepara con antelación, por eso observe ese comportamiento y repórtelo.