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Sacar a Maduro no basta si permanece el sistema que hizo posible a Maduro

Photo by aboodi vesakaran / Unsplash

Señor Secretario de Estado de los EE.UU., Marco Rubio:

Durante años, usted ha sido una de las voces estadounidenses más firmes en defensa de la democracia tanto en Venezuela como en Cuba. Ha defendido el orden constitucional, los derechos humanos y del Estado de Derecho. Es precisamente en nombre de esos principios, que hoy me dirijo a usted.

Desde el 3 de enero de 2026, los venezolanos mantenemos la esperanza de que la captura de Nicolás Maduro representara el comienzo de una verdadera transición democrática. Ocho meses después, sin embargo, existe una contradicción que no podemos seguir ignorando:

Diosdado Cabello continúa en el poder y, mientras conserve el control del aparato represivo del Estado, no existen condiciones reales para la democracia en Venezuela.

Maduro ya no está en Miraflores, pero el sistema que hizo posible su permanencia en el poder durante tantos años no ha sido desmontado. Las estructuras de seguridad, inteligencia, persecución e intimidación que sirvieron para encarcelar, silenciar y sembrar miedo entre los venezolanos continúan operando.

Y Diosdado Cabello permanece en una posición desde la cual ejerce poder sobre ese aparato.

Este no es un problema más dentro de la transición. Es el problema central.

Porque una democracia no consiste solamente en celebrar elecciones. Requiere que un ciudadano pueda votar, organizarse, protestar, hacer oposición y aspirar al poder sin temer que el Estado pueda perseguirlo o encarcelarlo.

No puede haber democracia cuando quien controla los instrumentos de represión conserva el poder de utilizarlos.

Los presos políticos son la demostración más dolorosa de esta realidad. Ocho meses después de la captura de Maduro, todavía hay centenares de venezolanos encarcelados por razones políticas. Otros han sido excarcelados, pero continúan judicializados o sometidos a restricciones.

¿Por qué continúa en manos de Diosdado Cabello el aparato que hizo posible que hubiera presos políticos?

Liberar prisioneros sin desmontar la estructura capaz de volver a encarcelarlos no resuelve el problema. Puede vaciar algunas celdas, pero deja intacto el mecanismo que las llenó.

Señor Secretario, esta contradicción adquiere todavía mayor gravedad cuando los Estados Unidos mantienen relaciones y negociaciones con quienes hoy ejercen el poder en Venezuela.

La estabilidad económica es necesaria. La inversión internacional será indispensable. Y los Estados Unidos pueden desempeñar un papel fundamental en la reconstrucción venezolana.

Por ello le pregunto directamente: ¿cómo puede avanzar una transición democrática mientras Diosdado Cabello conserve el control de estructuras que durante años han sido utilizadas para reprimir a los venezolanos?

No basta con pedir nuevas elecciones si quienes deben competir en ellas saben que el aparato que los persiguió continúa intacto. No basta con liberar presos políticos si el poder capaz de producir nuevos presos políticos permanece en las mismas manos.

Finalmente, no me dirijo solamente al secretario de Estado. Me dirijo también a Marco Rubio, con quien comparto años de lucha por la democracia venezolana y un vínculo particular con Cuba. Yo nací en Cuba, hija de padre venezolano y madre cubana; usted nació en Estados Unidos, hijo de padres cubanos. Desde historias diferentes conocemos una misma lección: los sistemas autoritarios sobreviven porque sobreviven sus estructuras de control.

Por eso creo que la historia nos obliga a no equivocarnos nuevamente.

Sacar a Maduro no basta si permanece el sistema que hizo posible a Maduro.

No luchamos durante décadas para cambiar un hombre y conservar el sistema.

Luchamos para recuperar nuestra República.

Atentamente,

Ana Julia Jatar

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