CORONAVIRUS. Las familias inmigrantes están desproporcionadamente afectadas por el contagio del coronavirus. | FOTO: Cortesía LAYC



FAMILIAS. Unos 50 estudiantes de la Escuela Carlos Rosario y sus familias, golpeados por la pandemia, serán beneficiados por el fondo de Events DC. | FOTO: Olga Imbaquingo



RESTAURANTES. Los inmigrantes indocumentados son el motor de la industria de los restaurantes, que debió cerrar por COVID-19. FOTO: Olga Imbaquingo

En tiempos de pandemia se dice que todos estamos en el mismo barco, pero lo cierto es que los inmigrantes indocumentados llevan la peor parte. Los que aún trabajan están en alto riesgo de contagiarse del coronavirus y los que perdieron sus empleos están desamparados de cualquier plan de estímulo federal.

Con el ánimo de aliviar esa inequidad, Events DC, una entidad semipública especializada en organizar los eventos más emblemáticos de la ciudad, en marzo destinó un fondo de $5 millones para repartirlos entre 5 mil familias indocumentadas que viven en el Distrito de Columbia.

Para efectivizar esta oferta se requería la aprobación del Concejo Municipal y esta, al fin, se dio el pasado 9 de junio. Esos $5 millones serán manejados por Greater Washington Community Foundation y la responsabilidad de seleccionar a las familias, verificar sus datos y repartir los fondos recayó sobre Mary’s Center, CentroNía, CARECEN, Latin American Youth Center (LAYC) y Bread for the City; todas organizaciones que trabajan en estrecha relación con la comunidad inmigrante.

Las familias indocumentadas ya se han seleccionado y cada una recibirá mil dólares, siempre que demuestren que viven en la capital nacional y que no son beneficiarias del estímulo federal.

“Hay que aplaudir esta iniciativa de Events DC en favor de la comunidad vulnerable. Una vez que ha sido aprobado por el Concejo, la repartición empezará la próxima semana”, dijo Jay Haddock, miembro del directorio de Events DC.

Calendario de entregas

Cada organización se encargó de escoger mil familias hasta completar las cinco mil. Otras 90 entidades, entre ellas Trabajadores Unidos que aglutina a los jornaleros, la Escuela Carlos Rosario o la Parroquia Sagrado Corazón, agregaron sus cuotas de familias a las cinco sociedades grandes.

“No vamos a entregar dinero en efectivo. Daremos una tarjeta bancaria para comprar alimentos y sacar efectivo si así lo quieren”, dijo Abel Núñez, director ejecutivo de Central American Resource Center (CARECEN). Él aspira que las tarjetas empiecen a repartirse a partir de la siguiente semana. Se hará por grupos y respetando los protocolos de distanciamiento. No se enviarán por correo para evitar que se pierdan.

Para CARECEN no fue difícil conseguir las familias. Apenas se enteraron de este fondo se regó la voz y empezaron a llamar. “Seguimos trabajando en la verificación de datos para evitar que se duplique el beneficio. Apenas lleguen las tarjetas comenzaremos la distribución.

Cada organización definirá sus propios protocolos, a fin de proteger a las familias de un posible contagio [de COVID-19]”, dijo Núñez. Según él, “si no estuviéramos en esta crisis sanitaria la entrega sería más fácil y rápida, pero en tiempos de pandemia, la entrega nos llevará al menos unas tres semanas”.

El LAYC también procurará hacer las entregas en persona en sus instalaciones y en otras cuatro entidades que colaboraron en la selección de las familias. Hasta el cierre de esta edición, las tarjetas aún no llegaban a las organizaciones encargadas del reparto. “Las familias ya saben que han sido seleccionadas y preferimos que primero nos llamen o nos envíen un e-mail para evitar aglomeraciones y posibles contagios del coronavirus”, fue el pedido de Susana Martínez de LAYC.

“Sabemos que cinco millones de dólares no son suficientes, pero tenemos la esperanza de que en el futuro se destinen más fondos para esta comunidad que aporta tanto con su trabajo. Lo bueno es que confiaron la selección a organizaciones que trabajan con los inmigrantes desde hace mucho tiempo”, aseguró Martínez.

La lista ya está completa

La Escuela Carlos Rosario aportó con 50 familias para que Mary’s Center complete su lista de mil hogares beneficiados. “Nuestra selección tomó en cuenta si los estudiantes se quedaron sin empleo, cuántos miembros tienen bajo su dependencia, si necesitan medicinas y qué tan precaria es su situación”, dijo Alejandra Amoril, del departamento de Comunicaciones de ese centro educativo para adultos. “Nuestra comunidad estudiantil está muy afectada, la mayoría trabaja en hotelería y restaurantes, creamos un fondo de emergencia interno porque muchos no tenían ni alimentos ni medicinas para sus hijos. Tenemos el caso de una familia de cinco y todos perdieron sus trabajos”, aseguró.

“Lo más duro ha sido manejar las expectativas y la larga espera. Los $5 millones no son suficientes, pero también alegra saber que Events DC está consciente del aporte de los indocumentados a la economía de la ciudad”, dijo Lyda Vanegas de Mary’s Center. “Una vez que lleguen las tarjetas, las ingresaremos en el sistema y solo se efectivizarán en el momento en que los beneficiarios las activen con un número PIN”, aseguró Vanegas. Esta organización pedirá que representantes de las agencias que refirieron a las familias lleguen a alguna de las clínicas de Mary’s Center a ayudar en repartición de las tarjetas y este proceso se realizará durante varios días. “Las familias ya están asignadas y no se aceptan más beneficiarios”, aclaró la representante del centro de salud.

Es duro sobrevivir sin papeles

La familia de Lucy, una madre de tres niñas pequeñas y estudiante de la escuela Carlos Rosario, será una de las beneficiarias de esos mil dólares.

“Nadie tiene la obligación de ayudar, pero ese apoyo estamos esperando tanto, porque ya no sé cómo decirles a mis niñas que no tenemos para comer”. Su esposo se quedó sin empleo desde que comenzó la pandemia, trabajaba en un restaurante y con la reapertura de estos negocios no lo llaman, porque “están dando prioridad a los que tienen papeles y a la antigüedad [del empleado]”, explicó Lucy. Ella no trabaja porque tiene que cuidar de sus hijas.

“La escuela Carlos Rosario ha sido una bendición, pero sin trabajo, con la renta atrasada de tres meses y con necesidades de medicinas, alimentos y detergente, no es suficiente. Nos aterra que nos corten el teléfono, porque nos quedaríamos sin las alertas de ayuda de comida, con el miedo de que mi marido pierda la llamada en caso de que pidan que vuelva a trabajar. No nos estamos muriendo de hambre porque nos conformamos con una sopa de papas con zanahoria y cebollas, pero es muy duro sobrevivir sin papeles”.

¿Lo preocupante?, el hecho de que muchas familias se quedaron al margen de esta ayuda, porque no hay suficientes fondos. El pedido que hacen los activistas es “que reconozcan que esta comunidad va a ser importante en la recuperación de la ciudad, porque sus miembros son buenos trabajadores en hotelería y restaurantes y no los podemos tener en condiciones de vulnerabilidad masiva. Este dinero no es un regalo sino una inversión”, concluyó Núñez.

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