Mauricio*, un hombre de 69 años, de origen boliviano y con 30 años viviendo en la zona estuvo hospitalizado más de tres semanas en el Howard University Hospital con complicaciones respiratorias luego de haber dado positivo para COVID-19.

Su historia comienza en un hotel, pues el inmigrante trabaja en construcción y para ese momento le salieron unos trabajos de restauración. Allí, justo en ese lugar, donde pensó que estaría seguro, pues no había inquilinos, se infectó e inició lo que posteriormente se convertiría en un viacrucis para un convaleciente.

“Ahí agarré el COVID-19. Al principio creí que era como un ‘flu’. Entonces, pensé que tenía posibilidades de curarme, los ojos me ardían. Yo como hago caso a los naturistas, vi una abeja en un panal, la agarré y me hice picar la mano… se me hinchó, porque el veneno de la abeja a veces mejora. Así, dos días me mejoré, ya no me dolió el cuerpo, ni nada”.

Pero la solución proveniente de la sabiduría popular no duró mucho.

Al llegar a su habitación rentada, dentro de un townhouse al noreste de Washington DC, en una de sus jornadas, quiso llevar sus herramientas para trabajar afuera del lugar, pero se percató de que sus huesos empezaron a doler, sentía como un resfrío. Luego, ya “no podía levantarme, me sentía muy cansado, me venía la tos. Fue rápido, el primer día prácticamente perdí el olfato, no podía saborear nada de la comida. Entonces, llamé a unos amigos y les pedí que me ayudaran para irme al hospital, ellos me dijeron que llamara a la clínica urgente, hablé con un doctor y me dijo que llamara a la ambulancia”.



CATRE. Cuando agarró más fuerzas, pudo moverse a un catre improvisado dentro de la van. | Foto: Cortesía LCE.

Así pues, Mauricio decidió prepararse para llamar al 911, pero sentía cómo los minutos se convertían en horas, ni siquiera podía arreglarse para salir. Cuando se dio cuenta de que ese jueves no tenía fuerzas para levantarse de la cama, comió una manzana que le había dado un amigo y se tomó unas pastillas, pues su plan era que la ambulancia no llegara a la casa donde tenía el cuarto alquilado, sino a otro punto donde lo recogieran. “Toda la noche me preparé para al día siguiente llamar al 911”.

“Caminé a la esquina del Metro, a la parada, y de ahí llamé al 911. Llegaron los paramédicos y les dije que estaba enfermo. Me llevaron inmediatamente al Howard University Hospital. En el Hospital fui perdiendo el conocimiento. Me topé con una doctora, que era hispana y me hizo acomodar en una sala donde había una máquina con oxígeno. Me dieron unas medicinas, pero esa noche no pude dormir, me era difícil agarrar sueño. Estaba despierto, con dolor, temblando”.

De esa manera, el boliviano pudo empezar a recibir atención médica, a pesar de que no tenía seguro de salud, pues había expirado. Sin embargo, eso no fue impedimento para que lo atendieran de la mejor manera, según él mismo narra, en el centro hospitalario de la capital. Hasta el momento de hablar con El Tiempo Latino no había recibido ninguna factura, pero “si viene algún ‘bill’, yo lo voy a pagar, porque es una deuda con el hospital”.

Desde ese entonces, de acuerdo al latino, sus pulmones presentaron mucho líquido, lo que le causaba dificultad respiratoria, pero seguía al pie de la letra lo que le pedían los doctores. “Después de una semana empecé a agarrar el sueño y a querer comer”, para otra semana más tarde empezar a levantarse de la cama. “Mi cuerpo estaba pidiendo alimento, así que empecé a funcionar”.

“Cuando la doctora me dijo que ya estaba negativo me sentí muy feliz”. Sin embargo, la alegría de haberse recuperado duraría poco, ya que al regresar a su habitación rentada no sería bienvenido.



SIN CASA. Al principio, solo tenía fuerzas para meterse a la van y dormir en el suelo junto a estas cajas. | Foto: Cortesía LCE.

“Quise abrir, pero estaba cambiada la chapa (cerradura), golpeé la puerta y uno de los hombres salió. Me dijo que tenía que hablar con el dueño y que no podía entrar, de a tres salieron poniéndose las máscaras diciéndome: ‘no, no, no puede entrar’. Les dije que tenía unas medicinas ahí y mi dinero adentro, por favor. Pero no hicieron caso. Llamé al dueño y no contestó. Entonces, tuve que llamar al policía. Me dijeron que tenía que ir ante la corte”.

Sin un techo donde pasar la noche, no le tocó otra opción que irse a un garaje donde almacena parte de sus herramientas. Allí justo en una van frente al lugar, que pertenece a un amigo, le tocó dormir sin saber que la estadía se prolongaría por varias semanas sin poder entrar a su cuarto.

Mientras que lograba resolver, con el apoyo de un abogado de Legal Counsel for the Elderly (LCE), consiguió un dinero para poder comer en restaurantes de comida rápida. Allí su amigo, dueño del lugar, le dio agua para que se pudiera bañar y también consiguió algunas sábanas.

El tiempo pasaba mientras que Mauricio peleaba su caso en la corte, que al final falló a su favor.

“La corte está cerrada, solo están aceptando casos de emergencias y criminales. Como hay pandemia no podemos juntarnos con nuestros clientes en persona, entonces, tenía que mandar un acuerdo, un contrato con el abogado. Él lo llenó y yo entregué una moción a la corte explicando lo que pasó. Tuvimos un audiencia por teléfono y el juez dijo que el sr. [Mauricio] era un inquilino, por lo que tenía derecho de quedarse ahí en ese cuarto. Entonces, lo dejó permanecer ahí por 14 días. Después, tuvimos otra audiencia, en la que el juez dictaminó que ya se podía quedar indefinidamente en el cuarto de la casa”, afirmó Sebastián Monzón Rueda, abogado de LCE, quien lo defendió hasta el final.

Aunque pudo regresar a su habitación, afirma que no lo quieren en ese lugar, así que piensa mudarse, pero con las previsiones y en el tiempo debido, además de poder llevarse consigo sus pertenencias, que incluyen su “máquina del asma”, que es de primera necesidad.

“Yo no quiero buscar confrontaciones”, concluye el boliviano, quien fue desalojado de manera ilegal a la luz de las leyes locales en el Distrito de Columbia.

Mauricio, parte de una de las poblaciones más vulnerables, es otro sobreviviente de esta cruel pandemia que azota al mundo.

*A petición de la fuente y para resguardar su identidad e integridad, se ha modificado su nombre original.

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