CAMBIO. La emprendedora frente al antiguo La Chiquita Restaurant, hoy Casa Dora. | FOTO: MILAGROS MELÉNDEZ PARA ETL



CAMBIO. La emprendedora frente al antiguo La Chiquita Restaurant, hoy Casa Dora. | FOTO: MILAGROS MELÉNDEZ PARA ETL



MÁSCARAS. Al inicio de la pandemia Dora Escobar distribuyó 2 mil máscaras al personal médico y de trabajo esencial. Así como a la comunidad. | FOTO: CORT. EMILIO ORELLANA



DISTRIBUCIÓN. “La Chiquita” distribuye mascarillas al personal esencial en áreas de Maryland. | FOTO: Cortesía



DISTRIBUCIÓN. “La Chiquita” distribuye mascarillas al personal esencial en áreas de Maryland. | FOTO: Cortesía

Por años la empresaria Dora Escobar, conocida en el área de la capital como “La Chiquita”, ha estado esperando el día en que pueda votar por primera vez en los Estados Unidos y en estas elecciones cumplirá su sueño. “Me siento muy contenta de haberme convertido en ciudadana estadounidense porque ahora sí podré votar”, expresó a El Tiempo Latino el lunes 28 de septiembre.

Escobar, quien emigró de su natal El Salvador hace casi tres décadas pudo naturalizarse el año pasado, superando la barrera del inglés, que la intimidaba. “No lo podía hacer antes por el idioma, pero le puse mucho empeño y por fin pude hacerme ciudadana”, dijo.

Su primer voto en Estados Unidos formará parte de unas elecciones históricas, en medio de una pandemia, conflictos sociales y el reemplazo acelerado de una jueza en la Corte Suprema.

“El poder votar es como hacer valer tu voz y las cosas en las que crees”, dijo, sin ahondar a cuál candidato le dará el apoyo. “Lo importante es que todos salgamos a votar y cumplamos con ese deber”, añadió.

La historia de Escobar es increíble: un ejemplo de superación y éxito, que la llevó de vender pupusas y agua en las canchas de fútbol de Maryland a ser propietaria de cinco restaurantes, 16 locales de envío de dinero y una peluquería.

Su nombre figura desde 2015 en el Museo Nacional de Historia Americana del Instituto Smithsonian, reconocido como el complejo de museos más grande del mundo.

Aunque la empresaria Dora Escobar recién podrá votar en Estados Unidos en estas elecciones, su carácter cívico lo ha demostrado de diferentes maneras a lo largo de casi tres décadas viviendo en el país. “Creo que tengo un compromiso con la comunidad y con la gente que más lo necesita”, dijo Escobar a El Tiempo Latino en una conversación en el marco de la celebración del Mes de la Herencia Hispana.

La emprendedora, que llegó a EE.UU. en 1991 desde El Salvador, es un personaje activo en la comunidad latina del área capitalina. Recientemente, durante los primeros meses de la pandemia, cuando había una escasez de mascarillas, Escobar invirtió dinero para confeccionar más de dos mil tapabocas que distribuyó entre el personal médico y de salud en áreas de Maryland. “Ante la necesidad no me podía quedar de brazos cruzados”, expresó. “Primero asistimos a los médicos, enfermeros, bomberos, policías y después a miembros de la comunidad”, agregó.

Orgullosa de nuestras contribuciones a EE.UU.

Escobar es chica en estatura, pero grande en liderazgo, emprendimiento y crecimiento económico; ella representa con honores al grupo étnico de mayor crecimiento en el rubro empresarial, antes del COVID-19. En los últimos 10 años, el número de propietarios de negocios latinos creció un 34%, en comparación con el 1% de todos los propietarios de negocios en los Estados Unidos, según un estudio de la Universidad de Stanford.

En 2019 las empresas propiedad de latinos emplearon a más de 3 millones de personas, según el informe “State of Latino Entrepreneurship 2019” de la Stanford Latino Entrepreneurship Initiative. En total, las empresas de propiedad de latinos representan alrededor del 4% de los ingresos comerciales y el 5,5% del empleo en Estados Unidos.

“En el Mes de la Herencia Hispana se reconocen las contribuciones que los latinos han hecho a esta gran nación y su importante presencia en el país, en una época de profundos cambios donde los latinos nos hemos sabido adaptar. Los hispanos hemos contribuido en diferentes campos al éxito de esta tierra que hoy llamamos hogar, fortaleciendo la economía con el arduo trabajo que realiza nuestra gente”, expresó Escobar.

Sin embargo, la pandemia ha golpeado fuerte a los pequeños negocios y muchos de estos se han visto obligados a cerrar o modificarse.

En abril, Escobar cerró sus cinco restaurantes. “Hoy los estamos abriendo nuevamente al tiempo que la economía se reactiva”, dijo.

De vender pupusas a propietaria de negocios

La historia de Escobar es un ejemplo de superación y éxito, que la llevaron de vender pupusas y agua en las canchas de fútbol de Maryland a ser propietaria de cinco restaurantes, 16 locales de envío de dinero y una peluquería.

Sin embargo, el crecimiento no vino de la noche a la mañana, ni con una varita mágica. Por el contrario, ha sido un proceso de sacrificio, riesgo, constancia y mucha disciplina durante casi tres décadas, contó la empresaria, quien no terminó la escuela, pero se educó con las lecciones de la vida.

Escobar llegó a Estados Unidos en 1991 cuando tenía 22 años para reunirse con su esposo que había emigrado un año antes. “Dejé a mi niña de 6 años y llegué a Los Ángeles”, dijo.

Su primer trabajo en una fábrica textil fue esclavizante. “Me pagaban 1 centavo por cortar los hilos de las costuras en los pantalones. Tenía que hacer muchísimos pantalones al día para llevarme 6 dólares”, recordó. Al hacer las matemáticas concluye que debía cortar los hilos a 600 prendas. “A veces no me daba abasto y algunas mujeres me pasaban los pantalones que ellas hacían para yo poder terminar”, relató.

Dejó ese trabajo y fue contratada como niñera. “Me dejaban vivir en la casa, pero no me pagaban y me daban solo arroz y agua durante el día”, recordó. “Dejé ese trabajo en 15 días”.

Negociante innata

Se mudó a Maryland y conoció a una vecina que preparaba pupusas y juntas salían a venderlas a los inquilinos del complejo donde vivían. “Empecé a vender y me iba bien”, dijo al recordar su niñez cuando salía a vender las pupusas que su mamá preparaba en el municipio de La Nueva Concepción en Chalatenango. “Yo empecé con las ventas a los 6 años. Creo que eso ya lo tenía en la sangre”, dijo.

Pronto, Escobar empezó a vender en las canchas de fútbol. Observó que la gente no tenía nada para beber y comenzó con la venta de agua también. Escobar cargaba grandes bolsas y en invierno era un suplicio. “En invierno era muy feo, porque andaba de un lugar a otro pasando frío”, dijo.

Al tiempo tuvo la oportunidad de alquilar un espacio en una tienda de encomiendas en Langley Park, donde ofrecía la ropa que compraba en Nueva York. Más tarde, la dueña del local se lo ofreció y con mucho esfuerzo pudo comprarlo. “No me alcanzaba el dinero, pero trabajé día y noche. Apenas descansaba unas horas”, dijo.

Ese local fue el primero de varias tiendas de envío de dinero y venta de ropa que Escobar abrió. Hoy está lista para abrir su tienda número 16. También ha incursionado en el negocio de bienes y raíces, y hasta ha abierto una peluquería.

Su cadena de restaurantes acaba de cambiar el nombre “La Chiquita” y ahora se llama “Casa Dora”.

Hace nueve meses se llaman de esa manera. “Mis hijos me dijeron que le ponga así porque yo siempre estoy dando la bienvenida a la gente como si fuera mi casa de verdad para toda la comunidad”, dijo.

Más vale dar

La filosofía de Dora es “más vale dar que recibir”. Dar de corazón, ya sea un bien, una mercadería, un servicio, un concepto y sobre todo estar acompañada de Dios. “Siempre le pedía a Dios que me permitiera lograr cosas para ayudar a la gente”, expresó.

Escobar ha logrado dar trabajo a más de 100 personas, la mayoría de ellos son inmigrantes.

Y sus contribuciones han sido reconocidas por el Smithsonian. En 2015, la historia de Escobar fue incluida en el Museo Nacional de Historia Americana como parte de la exhibición “American Enterprise”, donde se la destaca como una figura de prosperidad que se ubica a la altura de otros creadores, innovadores y gente de negocios que con su trabajo han hecho grande la nación norteamericana.

La actitud positiva ante la vida es una clave que Escobar practica día a día con una sonrisa en el rostro frente a las situaciones adversas y, pese a haber logrado mucho, aún sigue soñando.

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