LATINA. Siomara Segovia nació en Washington DC y es hija de un padre mexicano y una madre salvadoreña. | FOTO: Cortesía Siomara Segovia

Por Olga Imbaquingo | Especial para El Tiempo Latino

A Siomara Segovia hay que medirla con la vara con la que en Estados Unidos se suele medir el sueño americano: primera generación de inmigrantes perfectamente bilingües, primera generación con título universitario en la familia. No solo ella, su hermana Karen también es enfermera en un hospital del área de Baltimore.

Las hermanas Segovia son únicas hijas de José, un plomero mexicano; y de Cristina, una trabajadora salvadoreña en una empresa de mantenimiento. Son el orgullo de sus padres y los oídos de primeros auxilios de sus pacientes. Siomara nació en Washigton DC y desde hace ocho años es enfermera en Mary’s Center.

Durante sus prácticas, previas a su graduación, se dio cuenta que lo de ella no era unidades de emergencia o terapias intensivas. Su deseo era ser una enfermera con tiempo para recibir al paciente con un “buenos días, ¿cómo está?” y una sonrisa. Con tiempo para explicarle que hay que cambiar su dieta y hacer ejercicio, y para sentarse a su lado, escucharlo y entenderlo. Con espacio para sentarse y explicarle paso a paso cómo tomar cada una de sus medicinas y despedirlo con un “¡qué le vaya bien!” y, si es posible, hasta con abrazo.

“El hospital no da tiempo para eso, el paciente es transitorio y no hay como establecer una relación para seguir su caso a largo tiempo y eso para mí es importante. Pasé por todas las fantasías que toda niña tiene. Quería ser maestra, doctora, pero desde que vi en México cómo mi tía Ethel cuidaba de mi abuelita Guadalupe como si fuera enfermera, supe que yo quería ser una enfermera al servicio de los más vulnerables”.

Entiéndase por vulnerables a los habitantes de Langley Park, donde vivió su infancia; y, Hyattsiville, donde ahora reside, dos áreas de alta concentración de latinos y duramente afectadas por el coronavirus. Su título lo obtuvo de la escuela de enfermería de Catholic University de Washington, DC.

Un espacio para crecer 

En Mary’s Center encontró ese espacio y la combinación perfecta para crear una relación con los pacientes, quienes la escuchan y saben que lo que ella les está diciendo es por su bien. “Me da alegría saber que puedo ayudarlos a mejorar su salud y que puedo hacerlo en nuestro idioma, esas son mis satisfacciones y motivaciones”.

A la clínica de Mary’s Center en Prince George’s llegan los pacientes con diabetes y con otras enfermedades crónicas, pues para ellos hay un programa orientado a cambiar su estilo de vida. “No es nada fácil modificar su dieta, pero cuando lo consiguen sé que es el logro de ellos y el nuestro también. Es cuando pienso que el tiempo que les damos les sirve y que esa es la clase de enfermera que siempre quiero ser”.

Conforme ha ido fortaleciendo las relaciones con sus pacientes, Segovia ha crecido como profesional: comenzó como enfermera coordinadora en la clínica de Mary’s Center en el condado de Montgomery y ahora es jefa de enfermeras en la clínica del condado de Prince George’s. El puesto es más administrativo, pero para los pacientes siempre hay tiempo, ellos son la prioridad.

ENFERMERA. Desde muy joven supo que quería ser enfermera y contar con tiempo suficiente para conocer a sus pacientes. | FOTO: Cortesía Siomara Segovia

Todo cambió de un día para otro

Mientras los ecos de un virus que atacaba a una localidad China llegaban a Estados Unidos, a principios del 2020, enfermeras con el pragmatismo de Segovia trajeron a la memoria los entrenamientos ante la posible presencia del virus del ébola. “Que no cunda el pánico”, fue su primer pensamiento. “Creí que se podría contener, que no llegaría hasta nosotros y, cuando lo hizo, en Mary’s Center todo cambió de un día para otro”.

Un equipo profesional, eficiente y flexible hizo que la transición fuera menos traumática. “Las enfermeras estamos capacitadas para reaccionar al instante y ajustarnos a los cambios en medio del caos. Con lo que no contaba fue con la magnitud de la pandemia, fue difícil pero más lo fue para los enfermos y sus familiares”.

Monitorear los síntomas por teléfono, darles la información sobre los cuidados, hablarles y decirles “todo estará bien” y finalmente saber que el coronavirus no los venció fue el trabajo de enfermeras como Segovia. “No estuvimos en un hospital, pero desde nuestro puesto de avanzada estuvimos haciendo prevención, educación y motivación para que no entren en estado de angustia. Hacerlo para los más olvidados y vulnerables me llena de mucho orgullo”.

“Un empujoncito más por la vacuna”

Para la enfermería, la pandemia marca la línea divisoria entre un antes y un después en la historia de la salud. Esos ángeles con estetoscopio, de las que mucho se ha hablando en esta crisis nunca faltaron su cita. “Muchos de nuestros pacientes no querían ir al hospital por miedo, entender ese miedo, ayudarlos a superarlo y convencerlos de que era necesario, ese ha sido nuestro trabajo”. 

La educación al paciente es una de las tareas más importantes de las enfermeras, pero Segovia es de las convencidas de que el aprendizaje es mutuo. “Aprendimos de los pacientes y del equipo con el que trabajamos, eso hizo más fácil avanzar durante este año tan difícil”. 

La vacuna es una razón de esperanza para todos “más para la población vulnerable”, asegura Segovia, quien concentra sus esfuerzos en educarlos sobre cómo funciona, de qué está hecha, cómo los protege.

“Los pacientes tienen sus dudas, lo que necesitan es un empujoncito más para desarmar las mentiras que hay sobre la vacuna, aún así hay un rayo de luz: el sábado pasado vacunamos a 400 personas”, aseguró esta enfermera, quien cree que la pandemia a profesionales como ella los ha vuelto más creativos y más rápidos a la hora de encontrar soluciones. “En lo personal, el empeño de mi hermana y el mío es la forma de agradecer por los sacrificios que hicieron nuestros padres”.