El presidente Biden durante un discurso en la Casa Blanca ayer lunes 27 de septiembre. FOTO: Washington Post por Oliver Contreras.

(c) 2021, The Washington Post – Glenn Kessler 

“Hablamos del precio de etiqueta (“price tag”). Tiene un precio de etiqueta cero en cuanto a endeudamiento. Estamos pagando – vamos a costear todo lo que gastemos” – presidente Joe Biden, declaración de prensa, 24 de septiembre, 2021.

“Mi plan para reconstruir mejor (‘Build Back Better’) cuesta cero dólares”. Biden, en un tweet, 25 de septiembre, 2021.

Se dice en las noticias que el paquete de gastos del presidente cuesta $3,5tn (millones de millones de dólares) esparcidos en 10 años. Pero el presidente y sus colaboradores postulan que esa cifra es engañosa porque los Demócratas están proponiendo financiarlo con el incremento de los impuestos a los más adinerados, una política fiscal más rigurosa y otras medidas para aumentar los ingresos. De esa forma, aunque el costo total pueda ser de $3,5tn, el costo neto para la Tesorería sería de cero.

Ésa es la teoría. Pero vale la pena recordar que el paquete legislativo ha evolucionado desde que Biden afirmó por primera vez durante la primavera que su plan de gastos no iba a “sumar un sólo centavo a la deuda”. Una parte del paquete ya ha sido definida como ‘deficitaria’, y con un poco de prestidigitación, la Casa Blanca está ahora enfocada en la segunda parte.

Vamos a abrir el capó y averiguar qué es lo que realmente ocurre.

Originalmente, el plan de gastos «Build Back Better» de Biden tenía dos componentes: un plan de infraestructura de $2,25tn en 10 años y un plan de familias estadounidenses de $1,8tn que consistía principalmente en pagos por transferencia que continuarían, año tras año, como programas gratuitos de educación preescolar, asistencia gratuita a los programas de dos años de las universidades comunitarias, y apoyo de cuidados infantiles.

Juntos, los dos planes habrían agregado $1tn al déficit del presupuesto federal durante 10 años. Pero en 15 años, explicaron los funcionarios de la Casa Blanca, los planes estarían equilibrados, ya que los aumentos a los impuestos utilizados para financiar el gasto en infraestructura seguirían generando ingresos mucho después de que finalizara la asignación presupuestaria.

Pero desde entonces todo ha cambiado en la fábrica de salchichas legislativas del Congreso.

La Oficina de Presupuestos del Congreso (Congressional Budget Office, CBO por sus siglas en inglés) estimó que el plan sumaría $256 mil millones al déficit presupuestario en un lapso de 10 años, pero por varias razones, un poco complejas, esa cifra es artificialmente baja. Marc Goldwein, vicepresidente del Comité para un Presupuesto Responsable (Committee for a Responsible Budget), dice que dentro del propio reporte de la CBO está la información que indica que el proyecto de ley de infraestructura agregaría $398 mil millones al déficit. 

Además, ya no sería financiado a través del incremento a los impuestos que luego permanecerían vigentes: una gran parte de los recursos vienen de fondos sin utilizar del proyecto de ley aprobado anteriormente para paliar la crisis del coronavirus. 

Mientras tanto, la otra parte del plan avanza vía un proceso parlamentario conocido como ‘reconciliación de presupuesto’. De esa forma puede aprobarse con una mayoría simple en el Senado porque ya no está sujeto a las leyes de súper mayoría conocidas como ‘filibuster’. Así que no se necesitan votos Republicanos. Pero ha aumentado de $1,8tn a $3,5tn a medida que se le han incorporado elementos sobre el cambio climático provenientes del proyecto original de ley para infraestructura y otra serie de medidas propuestas por los Demócratas.

Bajo las instrucciones de reconciliación aprobadas en el Senado, ese gasto estaría compensado por otras medidas recaudadoras de ingresos – como un aumento de impuestos a las personas más adineradas y a las corporaciones – de manera que el impacto sobre el déficit podría ser tan bajo como cero o tan alto como $1,75tn en un lapso de 10 años.

Un funcionario de la Casa Blanca le dijo al Fact Checker que Biden está comprometido con asegurarse de que el impacto final sea “cero”, y por esa razón ha estado repitiendo la frase en días recientes. “Es importante aprobar el proyecto de ley con déficit cero”, afirmó el funcionario.

Pero no es tan sencillo. Los legisladores son capaces de hacer todo tipo de maniobras presupuestarias para llegar a la mítica cifra de “cero” dentro del marco del presupuesto de 10 años. Un posible truco: la clausura anticipada de un programa de gastos, antes de que se completen los 10 años. Eso “ahorraría” dinero – y requeriría que un futuro Congreso decida si continuar con un posible programa popular de beneficios.

Cuando estaban aprobando reducciones de impuestos bajo el procedimiento de reconciliación de presupuesto, como lo hizo el presidente George W. Bush en su reducción de impuestos de 2001 y el presidente Donald Trump en su reducción de impuestos de 2017, los Republicanos hicieron constante uso de esta táctica para disminuir el cálculo del impacto sobre el déficit que tendrían las reducciones a los impuestos financiadas con endeudamiento. Los estadísticos comentaron que el proyecto de ley de impuestos de Trump infló el déficit en $2tn en un lapso de 10 años, pero sólo porque las reducciones de impuestos individuales – tan promocionadas por el Partido Republicano – estaban programadas a expirar en 2025. Esa maniobra redujo en unos $500 mil millones la predicción del déficit a 10 años. (Biden espera eliminar las reducciones de impuestos para los estadounidenses más ricos para así ayudar a pagar sus planes de gastos pero, en teoría, esas reducciones de impuestos ya están programadas para eliminarse dentro de cuatro años).

Moody’s Analytics, en un informe de julio, escribió que el proyecto de ley de reconciliación de presupuesto sumaría alrededor de $600 mil millones al déficit en un lapso de 10 años, pero que “se pagaría en términos aproximados” una vez incluidos los efectos económicos positivos que generaría.

“En teoría, el plan se paga solo en gran medida y no agrega un monto significativo al déficit de la nación ni a su deuda”, dice el reporte elaborado por Mark Zandi y Bernard Yaros. “Pero hay un riesgo de que los gastos y los créditos fiscales que tienen programada su expiración continúen vigente, ya que las implicaciones políticas de terminar cualquier beneficio gubernamental son controversiales. Una política fiscal más rigurosa también podría no recaudar tantos ingresos como se anticipó en un principio a medida que los contribuyentes más adinerados buscan maneras de evadir pagos adicionales. El resultado sería mayores déficits y mayor endeudamiento para el presupuesto federal”.

Hay un debate alternativo sobre si un incremento de gastos debería pagarse con la reducción de otros gastos en vez de aumentos fiscales. Pero bajo el marco presupuestario en Washington, un aumento en el ingreso puede compensar un incremento de gastos.

Goldwein piensa que Biden, con su lenguaje, quiere comprometerse con que el proyecto de ley de reconciliación no será deficitario. “Tendremos que ver si cumple con ese compromiso”, indicó, pero dijo que el incremento al déficit generado por el proyecto de ley de infraestructura “no es un buen comienzo”.

Este es un compromiso noticioso para un presidente. En 2017, los Republicanos habían hablado inicialmente de una reducción de impuestos no deficitaria pero luego cedieron esa meta.

Sin embargo, si el proyecto de ley de reconciliación de presupuesto termina siendo aprobado con un impacto de cero sobre el déficit, el presidente aún estaría enfrentando un déficit causado por el proyecto de ley bipartidista para infraestructura.

Originalmente, se suponía que ambos proyectos de ley avanzarían en conjunto, pero ahora la Casa Blanca afirma que sólo el proyecto de ley de reconciliación de presupuesto es parte del plan “Build Back Better” del presidente. Ése no fue lo que dijeron en primavera.

Además de eso, dada nuestra larga experiencia escribiendo sobre el presupuesto federal, estamos bastante seguros de que un plan sin déficit sólo es posible gracias a trucos financieros que ayuden a disfrazar el verdadero costo del plan Biden.

Nos mantendremos atentos hasta saber cuál será el desenlace, pero para los estadounidenses que no son versados en los secretos presupuestarios, la afirmación del presidente es engañosa. Por ahora, Biden se ha ganado Dos Pinochos – una cifra que todavía podría aumentar.

Información del Autor:

Glenn Kessler ha reportado sobre política doméstica y exterior por más de tres décadas. Envíele declaraciones para ser chequeadas a través de su email, Twitter o Facebook. 

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