VELOCIDAD. Una de las cosas ha sorprendido a los expertos es la velocidad con la que han renunciado a sus empleos los trabajadores con bajos salarios en el sector de servicios. | Foto Pixabay.

La mexicana Amelia Mosqueda trabajaba de gerente en un restaurante en Virginia pero, desbordada por las largas horas y múltiples tareas, renunció pese a la incertidumbre económica. Su riesgosa decisión, en medio de la pandemia del COVID-19, forma parte del curioso fenómeno de la “Gran Renuncia” en el que, tan solo en agosto pasado, 4,3 millones de trabajadores dejaron sus puestos sin mirar atrás.

Los expertos intentan descifrar el misterio de la “Gran Renuncia” (“Great Resignation”, en inglés), tomando en cuenta que la pandemia ha provocado el cierre de negocios y la eliminación de puestos de empleo, agudizando la incertidumbre para millones de trabajadores.  

Pero la pandemia también ha planteado a muchos trabajadores un “ahora o nunca” para reinventarse y perseguir nuevas oportunidades de crecimiento personal y profesional.  

En entrevista con El Tiempo Latino, Mosqueda explicó que, como a muchos hogares latinos, la pandemia ha marcado un antes y un después, y ella renunció a su puesto en el restaurante porque las largas horas le robaban tiempo valioso con sus cuatro hijos, de 20, 13, 8 y 4 años.

“Ser mánager (gerente) en un restaurante es un trabajo muy absorbente. Siendo una de las industrias más afectadas, bajaron las ventas y hubo recorte de horas para los trabajadores. Yo tenía que cubrir muchas posiciones, trabajaba prácticamente 10 a 12 horas diarias”, dijo Mosqueda, residente en Arlington. 

TRABAJO. “Ser mánager (gerente) en un restaurante es un trabajo muy absorbente, trabajaba prácticamente de 10 a 12 horas diarias”, dijo Mosqueda, residente en Arlington. | Foto: cortesía.

“Con mis hijos en casa, no pude hacerlo más… empecé ayudándole a mi esposo en sus trabajos de pintura y así encontré oportunidad de trabajar en una oficina de construcción. Allí trabajo ocho horas diarias por las mañanas y de lunes a viernes; me reinventé y tengo el horario perfecto para estar con mis hijos”, agregó.

El cambio de trabajo, claro está, obligó a Mosqueda a aprender nuevas destrezas y salirse de su “zona de confort”, porque la alternativa, según precisó, era continuar en un empleo que la mantenía prácticamente esclavizada y alejada de su familia. 

Ola de renuncias 

Mosqueda no es la única que dio el salto. Según un informe reciente del Buró de Estadísticas Laborales, 4,3 millones de estadounidenses, o el 2,9% de la fuerza laboral, renunciaron a sus trabajos en agosto. La cifra representa un récord en los últimos 20 años, y además continúa la tendencia de meses anteriores. 

Así, en agosto el número de renuncias aumentó por 242 mil , en comparación con julio pasado. Las renuncias masivas aumentaron en sitios de hospedaje y establecimientos de comida, con 157 mil, seguidos por los empleos de ventas al por mayor con 26 mil , y sitios de instrucción locales y estatales, con 25 mil. 

También hubo cifras récord de renuncias en el sector de servicios profesionales de negocios, en asistencia social, y en el campo de salud. 

En cambio, las renuncias disminuyeron en el sector inmobiliario, y la reducción fue notable en las regiones del centro y sur de Estados Unidos, según ese informe. 

En entrevista con El Tiempo Latino, Rose Khattar, una experta en asuntos económicos del Centro para el Progreso Estadounidense (CAP, por su sigla en inglés), explicó que el caso de Moqueda refleja, sobre todo, que hay una escasez de buenos trabajos y que la gente busca flexibilidad para lograr un equilibrio entre el trabajo y la familia. 

“Se trata de una renegociación en la que los trabajadores sienten que tienen más poder y exigen algo mejor de sus empleadores… la pandemia no ha desaparecido y algunas personas tienen miedo de regresar al trabajo y enfermarse”, señaló Khattar. 

Lo que más ha sorprendido a los expertos es la velocidad con la que han renunciado a sus empleos los trabajadores con bajos salarios en el sector de servicios, que en la actualidad supone una tasa del 6,8%. Es decir, el 38% de las renuncias de agosto pasado lo conformaron trabajadores de hoteles, restaurantes y ventas al menudeo, lo que ha sido un desgaste importante para ese sector.

Aunque renunciar a un trabajo sin tener otro fijo puede acarrear riesgos para el presupuesto familiar, muchos trabajadores apuestan a que la escasez en el mercado laboral este año puede ofrecerles ventajas para negociar mejores salarios y beneficios. 

Es decir, por ahora son los empleados, con o sin un nuevo empleo disponible, los que tienen la sartén por el mango: si un negocio quiere trabajadores cualificados, tendrá que ofrecer mejor paga y más y mejores beneficios.

Un informe de CAP divulgado el miércoles 3 de noviembre, demostró que, contrario a los temores del empresariado, un aumento en el salario mínimo no produce una pérdida masiva de empleos. 

Es más, las ciudades y estados que han aumentado el salario mínimo por encima del nivel federal -situado en $7,25 la hora desde hace más de 12 años-, no han sufrido reveses económicos. Los empleadores en el sector de servicios que ofrecen mejores salarios, de hecho, registran menos vacantes y van camino de recuperar con mayor rapidez sus niveles de personal de antes de la pandemia, según el documento.

Ese estudio además da fe de los factores que impulsan la “Gran Renuncia” o escasez de trabajadores: los efectos de la pandemia, la falta de acceso a cuidado de niños, los desafíos de encontrar trabajadores adecuados para cada sector, y la necesidad de mejores condiciones laborales. 

Crisis de guarderías: ¿Quién cuidará a mis hijos?

NIÑOS. La crisis en el cuidado de niños, agravada por el cierre temporal o permanente de guarderías debido a la pandemia, ha contribuido a las renuncias masivas. | Foto: Pixabay.

La crisis en el cuidado de niños, agravada por el cierre temporal o permanente de guarderías debido a la pandemia, ha contribuido a las renuncias masivas o cambio de empleo.  

La cifra récord de renuncias en agosto, por ejemplo, coincidió con interrupciones en los servicios de guarderías, causadas a su vez por la escasez de al menos 126 mil empleados. Muchos trabajadores se quedaron en casa para cuidar a sus pequeños. 

“Las obligaciones con el cuidado de niños son un factor importante en la búsqueda de empleos, y esto ha recaído principalmente en las mujeres“, señaló Khattar. 

Ya antes de la pandemia del COVID-19, el sector de cuidado de niños afrontaba una escasez de trabajadores que ahora es más visible: las guarderías y demás centros de cuidado de niños afrontan una baja del 10% de su fuerza laboral, indicó la experta.

Según la experta de CAP, las mujeres hispanas tienden a trabajar en sectores con bajos salarios y, de hecho, han sufrido el mayor declive en su participación en el mercado laboral.

En busca de oportunidades

Según datos oficiales, muchos trabajadores están insatisfechos con horarios difíciles y una baja remuneración, y se plantean cambios fundamentales. Una encuesta de Joblist del mes pasado indicó que el 73% de los encuestados tenía intenciones de renunciar a sus empleos.

El hecho de que hubo casi 10,5 millones de vacantes para finales de agosto confirmó para muchos que negociar un mejor empleo no es un imposible. 

“Muchos de estos trabajos simplemente no son de buena calidad: salarios bajos y sin beneficios ni flexibilidad, y los trabajadores buscan protegerse de situaciones de riesgo”, enfatizó Khattar.

En la búsqueda de empleados cualificados, las empresas tendrían que ofrecer mejores salarios y demás incentivos, pero no está claro si a largo plazo eso elevaría sus costos operacionales y, tarde o temprano, afecte también a la economía. 

En la actualidad, el Congreso mantiene agrias negociaciones en torno a un plan de seguridad social y económica de $1,75 billones, que incluiría la ampliación de programas preescolares para niños entre 3 y 4 años, la expansión de Medicare y Medicaid, y $550 mil millones para programas energéticos y contra el cambio climático, entre otros elementos.

Para convertirse en ley, esa iniciativa necesitará el apoyo de todos los 50 demócratas en el Senado, más el voto de la vicepresidenta, Kamala Harris, para romper un posible empate. Por ahora, continúan los desacuerdos y luchas internas incluso dentro del Partido Demócrata ante la oposición del senador demócrata por Virginia Occidental, Joe Manchin.