Leigh y Robert Cortez, una pareja de veteranos de guerra, utilizan sus talentos artísticos para abogar por la paz | FOTO: María Peña ETL

Frederick (Maryland). — Menos del uno por ciento de los adultos en EE. UU. son miembros en activo de las Fuerzas Armadas, pero este singular grupo ha visto o vivido indecibles traumas que dejan heridas invisibles. Leigh y Robert Cortez, una pareja de veteranos de guerra, utilizan sus talentos artísticos para abogar por la paz.

En entrevista con El Tiempo Latino con motivo del festivo del “Día de los Veteranos”, ambos explicaron el por qué de su arte -ella con sus pinturas y él con sus poesías- y la urgencia de que la opinión pública entienda los sacrificios de los combatientes.

Así como Leigh utiliza el lienzo para honrar a los combatientes, Robert, de padre mexicoamericano y madre americana, utiliza su pluma para volcar sobre papel los horrores de la guerra. | FOTO: María Peña

“Aunque no fui desplazada, sí viví los desplazamientos de mi esposo, leí sus cartas… cuando regresaba a casa vi cómo le afectaba su salud, cómo cambiaba, mientras criábamos a nuestra familia”, señaló Leigh Cortez. “Es importante tener una conversación con el público sobre la guerra”.

Sentados lado a lado en un salón de la Galería Gaslight en Frederick (Maryland), intercambian miradas y explican que quieren que el público y quienes quieran inscribirse en el Ejército, reflexionen sobre lo que en realidad se le pide a los combatientes y el conflicto moral que éstos pueden cargar.

“El Ejército me dio muchas oportunidades para el sustento de mi familia, oportunidades de educación, muchas cosas, pero todo eso tiene un precio. La gente que apoya estos conflictos tiene que entender lo que nos están pidiendo y se pregunten si eso vale ese costo”, enfatizó Robert, quien ostenta el cargo de suboficial mayor en el Ejército.

Las pinturas y poemas de la pareja forman parte de la exposición titulada “Dreams During the Long Peace”, que abrió al público el pasado fin de semana en la galería con el apoyo de Uniting US, un grupo sin fines de lucro que busca empoderar y unir a las familias a través del arte.

La exposición, compuesta de 14 obras, es una inequívoca declaración contra las guerras porque, según los Cortez, es importante humanizarlas y entender el peligro mortal al que se exponen siempre los soldados.

La obra principal, titulada “’Til the Death”, mide 14 pies de largo y contiene cinco paneles que, en su conjunto, invitan a una reflexión sobre el caos de la guerra. Lo singular de esta instalación es que el lienzo está hecho del forro o revestimiento de intestino vacuno, un material tanto resistente como maleable.

“La idea de la instalación ‘Til the Death’ de que el tatuaje es solo una realidad superficial de la vida militar y que en cambio ese forro de tripa puede representar una realidad más profunda me impresionó bastante”, dijo Cynthia Scott-Johnson, dueña de la galería. “Para el Día de los Veteranos me pareció que la gente debía entender esta realidad”.

“Buscaba captar la atención del público y, además de mezclar esta imaginería de los tatuajes militares, pensé introducir un elemento visceral con la piel de intestino vacuno. Todo lleva a reflejar vivencias personales, todo es caos “, explicó Leigh.

De ascendencia irlandesa, Leigh, de 42 años, ha encontrado en el arte, ya sea en los tatuaje o lienzos, estabilidad y motivación. Ella obtuvo una licenciatura en arte de la Universidad Stetson en Deland (Florida) y una maestría del Colegio de Arte y Diseño de la Universidad Lesley University.

Durante su servicio militar en Fort Drum (Nueva York) entre 2001 y 2004, Leigh enfrentó uno de sus primeros grandes desafíos como artista militar, cuando su supervisor le pidió que pintara un mural. En esa obra retrató a diez combatientes de su división.

Desde entonces, la artista ha trasladado sus vivencias a numerosas obras, a veces entremezclando un estilo prestado del cubismo con la simpleza y simbolismo de los tatuajes militares.

De hecho, Leigh se especializó en el arte de los tatuajes y, durante poco más de una década, los realizó en cada base militar o ciudad adonde eran desplegados.

“Recuerdo que hice muchos tatuajes en los que regresaban de la guerra y me contaban sus historias, casi les sirves como psicóloga”, dijo Leigh, cuyo padre y abuelo también prestaron servicio en distintas ramas de las Fuerzas Armadas.

Fue en Fort Drum donde Leigh conoció a Robert, su futuro esposo, con el que ahora ha sumado esfuerzos y talentos para tratar temas como la guerra, los desplazamientos, y las largas ausencias del hogar.

La instalación de Leigh formó parte este año de una exposición en el Military Women’s Memorial, en el Cementerio Nacional de Arlington, y de otra en el aeropuerto Dulles en marzo pasado, donde compartió espacio con obras de arte de otras veteranas de guerra en el marco del Mes de la Historia de la Mujer.

Poesías para depurar el alma
Así como Leigh utiliza el lienzo para honrar a los combatientes, Robert, de padre mexicoamericano y madre americana, utiliza su pluma para volcar sobre papel los horrores de la guerra.

Los poemas le sirven de bálsamo para sobrellevar memorias dolorosas de los campos de batalla y la pérdida de amigos a lo largo de 20 años de servicio militar, incluyendo cinco desplazamientos en Irak y Afganistán.

“Quiero arrancar estas nociones sobre la guerra, estas capas que salen de los medios… que la gente entienda que cuando una bomba cae desde un avión hacia un edificio, puede que sea un blanco enemigo, pero también es la vivienda de una familia”, explicó Robert, de 40 años.

Publica sus poemas con el pseudónimo de Art Cortez y, aunque empezó a escribir desde muy joven, no fue sino hasta en 2015, mientras hacía una rotación en Irak, cuando decidió escribir sobre sus vivencias militares.

El grupo terrorista ISIS estaba a sólo 40 millas de Bagdad y esa experiencia le sirvió como un “despertar” para escribir y educar a la opinión pública sobre el costo real de las guerras.

Uno de sus poemas, a un costado de una obra de Leigh, describe la guerra como una “trituradora” o molino de carne que “descarga su demencia en el mundo, en los hogares, en los niños, en los hospitales”.

Un poemario de Robert, titulado “Cosas que mejor olvidar” (“Things best forgotten”), es igual de sombrío, con temas y descripciones violentas sobre zonas de combate y sus secuelas en la salud mental de los soldados. Son poemas que hablan de pilas de cadáveres, insomnio, deseos de suicidio, o la muerte de niños en fuego cruzado.

Un grupo cada vez más reducido
Según un análisis del Centro de Investigación Pew, que recoge datos oficiales del Departamento de Asuntos de Veteranos, hay alrededor de 19 millones de veteranos de guerra en Estados Unidos, lo que representa menos del 10% de la población adulta del país. Se calcula que para 2046, el número de veteranos de guerra alcance los 12,5 millones, o sea un descenso del 35% respecto a la cifra actual.

Las cifras de la Oficina del Censo muestran que el porcentaje de adultos con experiencia militar continúa en declive. En 2018, por ejemplo, cerca del 7% de los adultos eran veteranos, en comparación con el 18% en 1980.

Ese declive además coincide con el del número de miembros en activo, que en la actualidad se sitúa en apenas 1,4 millones, es decir, menos del 1% de los adultos, según el Centro de Investigación Pew.

En Estados Unidos, el reclutamiento terminó en 1973 y, desde entonces, el servicio militar es voluntario. Para muchos jóvenes hispanos y de otras minorías, sin embargo, alistarse en las Fuerzas Armadas es una vía que les permite acceso a oportunidades de educación y trabajo.