CHINA RUTA DE LA SEDA:GRA166. PEKÍN, 14/05/2017.- El presidente chino, Xi Jinping (i), y su esposa Peng Liyuan (d), a su llegada a la cena que ofrecen en el "Belt and Road Forum", en Pekín, con motivo del foro sobre la Nueva Ruta de la Seda que promueve China, con la asistencia de 29 jefes de Estado o Gobierno y de representantes de más de un centenar de países e instituciones internacionales. EFE/Zipi

James Kynge

(sustantivo): agenda política diseñada para reducir la desigualdad a través de la redistribución de la riqueza y mejores políticas de bienestar.

Una de las dificultades cuando uno estudia a China es determinar cuáles lemas han resonado.  Los anales de la historia comunista de China están llenos de consignas políticas desgastadas.  Cuantos de nosotros recordamos, por ejemplo, lo que significaba “tres representan”, los “dos cualquieras” o “la visión científica del desarrollo”.

Pero “prosperidad general” genera un respeto sin ambigüedades.  Mencionado inicialmente por el líder de China, Xi Jinping, a finales del 2020, se convirtió en un verdadero mensaje durante el año que acaba de finalizar.

Según Xi, la “prosperidad general” será uno de los principales objetivos de China en los próximos quince años.  Indica la intención de disminuir la desigualdad económica a través de la reducción de una obstinadamente amplia brecha entre ricos y pobres.

El presidente ha dejado clara una de las razones de la prominencia del eslogan: no quiere que China sufra el mismo destino que EEUU.  “Los ricos y los pobres en algunos países están polarizados frente al colapso de la clase media.  Esto ha llevado a la desintegración social, la polarización política y un populismo rampante”, indicó en agosto pasado.

Ya se han lanzado varias iniciativas de política bajo la pancarta de “prosperidad general”.  Xi ha solicitado la introducción de un impuesto a la prosperidad, con la meta de que los ricos paguen más por mantener activos de propiedad valiosos.

Similarmente, dice, los ricos deberían “devolver más a la sociedad”.  Deberían aumentar las pensiones para ancianos y los beneficios de bienestar para los pobres.  Pero – en otra advertencia contra la imitación de occidente – Xi previno contra caer en “la trampa derivada de un estado de bienestar que promueve la flojera”.

En resumen, la “prosperidad general” reconoce tácitamente que a medida que China ha intentado construir oficialmente el “socialismo” durante las últimas cuatro décadas, ha creado en realidad una de las sociedades más desiguales de la tierra.  Ha llegado el momento, dice Pekín, de arreglar ese problema.

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