La UE parece haber puesto fin a su ingenuidad geopolítica en cuanto a China.

Europa también se enfrenta a las ruinas de su política exterior en sus relaciones con China. El cierre de filas entre Pekín y Moscú demuestra que estamos asistiendo a un choque de sistemas, dice Barbara Wesel.

Durante décadas, los países europeos -y sobre todo Alemania - se han convertido en los idiotas útiles de China. Apuestan al desarrollo, al cambio a través del comercio y al acercamiento democrático mediante la mejora de las condiciones de vida de la población.
En ese proceso, pasaron por alto durante mucho tiempo cómo el presidente chino, Xi Jinping, ha actuado de forma totalitaria y ha transformado a China en una dictadura "perfecta”. Ahora, la guerra en Ucrania plantea la cuestión de si nuestro mayor socio comercial se ha convertido también en nuestro mayor enemigo.

Xi y su cercanía a Putin

Es completamente utópico pensar en que Xi se aleje de Putin. La única pregunta es hasta qué punto quiere presionar a Putin y si está dispuesto a considerar siquiera los intereses de seguridad de Occidente frente a su asociación estratégica con Rusia.

En la visión de Xi, en un futuro próximo, las dos grandes autocracias, China y Rusia, podrían poner fin a la era del orden mundial orientado hacia Occidente, con sus reglas democráticas.  Sin embargo, la invasion de Ucrania no se está desarrollando como Putin quisiera, lo que debilita a la economía rusa y, por tanto, a su posición de poder a mediano plazo. Además, probablemente ha provocado dudas en China sobre el criterio político del gobernante del Kremlin. Así que la idea estratégica del regimen en Pekín no funcionará fácilmente.

Pero China piensa en plazos más largos y quiere aferrarse a una asociación que promete el acceso a importaciones energéticas baratas en el futuro. Por ello, el gobierno de Pekín insiste en que no quiere verse obligado a tomar partido. Sin embargo, ya lo hizo cuando prometió seguir apoyando a Rusia y evitó condenar la guerra.

El balance del "terror económico"

Por otro lado, China no quiere enfrentarse a las sanciones porque la Unión Europea es el mayor mercado de exportación del país y un garante del continuo crecimiento económico de China. A nivel económico, Pekín no puede permitirse perder a la UE y a EE. UU. como socios comerciales. Es posible que a Pekín también le haya sorprendido la firmeza de la respuesta occidental a la guerra. Ahora, Xi quiere seguir cultivando las relaciones con Rusia y, al mismo tiempo, no poner a Occidente en contra suyo.

Los europeos, por su parte, tienen influencia económica sobre China para evitar posibles entregas de armas a Rusia o la evasión de las sanciones. Pero las dependencias aquí son mutuas. Se sabe que algunos Estados de la UE son tan dependientes del mercado de ventas chino que existe una especie de "equilibrio del terror”. Así que Berlín, con la ayuda de París, está tratando de moderar el tono hacia China.

Xi Jinping y Vladimir Putin celebran una amistad sinuosa, una historia de acercamiento y hostilidades.

Mensaje de la Unión Europea con una claridad inusual

Sin embargo, en su cumbre virtual con el Presidente Xi, los líderes de la UE dejaron en claro que la guerra de Ucrania afecta los intereses de seguridad europeos clave, que Pekín debe tener en cuenta. No quieren verse perjudicados en su intento de contener la guerra, ponerle fin lo antes posible y negociar después una paz duradera. Su mensaje, transmitido con una claridad inusitada, es que no se puede seguir actuando como hasta ahora, y que no hay soluciones diplomáticas falsas.

La UE ya había perdido su ingenuidad geopolítica con respecto a China en los dos últimos años, desde que el país se declaró "rival sistémico", congeló el acuerdo de inversión y, más recientemente, tuvo que presenciar cómo Pekín empujaba a la pequeña Lituania contra la pared en la cuestión de Taiwán.

Europa debe domar al tigre

Ahora, la difícil tarea es encontrar un nuevo equilibrio de poder. Al menos, Europa ha entendido ahora que tiene que luchar por sus intereses y su seguridad, incluso con dureza y posiciones claras. Se acabaron los tiempos en los que los intereses económicos pesaban más que todo lo demás.

Este nuevo periodo de la geopolítica también obligará a la UE a tomar decisiones y a aceptar renuncias difíciles. Y tendrá que responder a la insistente pregunta de Volodimir Zelenski: ¿Qué es más importante, la sangre de los ucranianos o la prosperidad de los europeos? Y más allá de eso, en esta lucha también se tomará una especie de decisión preliminar sobre la forma de los bloques geopolíticos globales del futuro. Hoy, todo está en juego para todos.

(jov/cp)

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