Las tasas de interés volverán a subir y crecen los temores de recesión
FOTO: Bloomberg por Samuel Corum.

Hay dos fuerzas preocupantes que amenazan a la economía en este momento, ambas consecuencias de la pandemia de COVID. Los precios están subiendo a niveles no vistos en cuarenta años. Además, las turbulencias en el mercado laboral siguen afectando a las empresas: no hay suficientes personas para cubrir los puestos de trabajo.

Desde abril, los responsables políticos de la Reserva Federal han esbozado una solución que, según ellos, puede ayudar a resolver ambos problemas que aquejan a la economía. En declaraciones públicas, el presidente de la Fed, Jerome H. Powell, y sus colegas, argumentaron que una serie constante de siete aumentos de tasas este año no solo puede bajar la inflación galopante, sino que también puede ayudar a recomponer el mercado laboral al enfriar la demanda de trabajo.

El aumento de las tasas de interés es el mecanismo al cual recurre la Fed para combatir la inflación, ya que encarece el costo de los préstamos o de las inversiones y puede frenar el gasto de los hogares y las empresas. Si las empresas deciden que no necesitan tantos empleados, la elevada demanda actual de trabajadores también podría disminuir.

Powell y otros funcionarios de la Fed esperan que su plan pueda equilibrar el mercado de trabajo y ayudar a resolver la escasez de trabajadores que se ha convertido en un rasgo preocupante de la recuperación.

Pero el plan de la Fed -reducir la inflación, y que haya menos oferta de trabajo-, encara el lado de la demanda de la economía. Los aumentos de las tasas por sí solas no pueden aumentar la oferta de trabajadores ni calmar el miedo que siente la gente a enfermar de COVID. No pueden ofrecer servicios de guardería a los padres que trabajan, ni cambiar la política de inmigración, ni convencer a quienes se jubilaron temprano (unos 2,6 millones según algunos estimados) para que vuelvan a formar parte de la población activa.

"Las herramientas de la Fed están diseñadas más para animar a los empresarios a querer contratar que para conseguir que la gente quiera trabajar", dijo Jason Furman, que fue economista en jefe durante la administración Obama. "Creo que nuestro mercado laboral es demasiado estrecho, pero la solución no es tener menos empleo, sino más gente que quiera trabajar".

Los economistas también afirman que el plan de la Fed será muy difícil de llevar a cabo dada la incertidumbre del mundo post pandémico. La invasión de Rusia a Ucrania ha agitado los mercados mundiales de la energía, con la expectativa generalizada de que los hogares estadounidenses sientan los efectos en el precio de la gasolina.

Los cierres por el COVID en los principales centros industriales de China también han renovado los problemas de la cadena de suministro mundial; y ofrecen un recordatorio aleccionador de la amenaza económica que supone la pandemia.

Que bajen los precios es la máxima prioridad para los millones de personas que volvieron a trabajar.

Retorno al trabajo

El mes pasado, llamaron a Willie Price para que vuelva a su trabajo de toda la vida después de un despido pandémico en la primavera de 2020. Price, de 62 años, ha trabajado en el servicio de comidas de la Biblioteca del Congreso durante 42 años, y durante la pandemia se las arregló gracias a que distribuía por las mañanas el periódico y hacía otros trabajos esporádicos. Pero depende de su empleo en la Biblioteca del Congreso para cuidar de sí misma y de su hijo.

Ahora gana $20,37 por hora, un pequeño aumento con respecto a antes de la pandemia, pero dice que la paga está lejos de ser lo que era antes. Antes gastaba $135 al mes por una plaza de aparcamiento, pero ahora el garaje en el que tiene que aparcar cuesta $400.

También está pagando más por la gasolina que consume para ir hasta al Capitolio desde su casa en Maryland. Y los comestibles cuestan mucho más: le gusta cocinar salmón, gambas y pollo, pero ahora las "cosas que le gustan son demasiado caras para comer".

Incluso luego de volver a su antiguo trabajo en la Biblioteca del Congreso, Price no siente que la economía la favorezca.

"Trabajo entre cheque y cheque para hacer lo que tengo que hacer", contó Price. "No tengo una gran suma en el banco".

Maniobra complicada

Lo que complica este doble objetivo de reducir la inflación y recalibrar el mercado laboral es que la Fed debe hacer todo sin provocar despidos en las empresas ni desencadenar una nueva recesión.

La Fed tiene un historial irregular de aumentos de tasas para enfriar lo suficiente la economía: muchos economistas solo pueden citar el año 1994, cuando la Fed consiguió subir las tasas de interés y frenar el crecimiento sin provocar una contracción total de la economía.

La historia ha ido a menudo en sentido contrario. Desde 1961, la Fed ha iniciado nueve ciclos completos de aumentos de tasas para combatir la inflación.  A ocho de esos intentos les siguió una recesión, según un estudio del banco de inversión Piper Sandler.

"Lo que Powell está diciendo es 'esta vez va a ser diferente'", dijo Roberto Perli, execonomista de la Fed y ahora jefe de política global de Piper Sandler. "Quizá podría ser diferente. Pero siempre es peligroso de decir eso".

Furman está de acuerdo en que a la Fed le será difícil reducir la inflación sin provocar consecuencias en el mercado laboral: "Lo único que estoy seguro que funcionaría para bajar la inflación es un aumento de la tasa de desempleo".

En un discurso pronunciado el mes pasado, Powell argumentó que el historial del banco central en cuando a aumentos de tasas era algo mejor, al señalar 1965 y 1984 como otros casos en los cuales la Fed combatió el sobrecalentamiento sin poner la economía en problemas. Y nadie en la Fed pretende que el objetivo del plan sea fácil de lograr. Las tasas de interés no pueden apuntar a brechas específicas en la economía, e incluso las aumentos de tasas consecutivas funcionan con un retraso.

En cualquier caso, la expansión económica podría depender de la capacidad de la Fed para conseguir que los precios y el mercado laboral vuelvan a parecerse a algo más normal.

"Necesitamos tener la inflación bajo control para cumplir ambos objetivos de nuestro mandato", dijo la presidenta de la Fed de Cleveland, Loretta Mester, a los periodistas en una llamada en marzo. "Si queremos mantener mercados laborales saludables, lo mejor que podemos hacer es mantener la expansión, y eso significa que nos corresponde controlar la inflación".

Las fuerzas económicas actuales son prácticamente opuestas a las que enfrentaron los responsables políticos hace dos años, cuando 20 millones de personas perdieron sus empleos y la Fed redujo las tasas a cero para ayudar a rescatar la economía.  Durante gran parte de la pandemia, los líderes de la Fed aplazaron el aumento de las tasas para que el mercado laboral tuviera el mayor margen posible para sanar.

Hasta 2021, la inflación no era un gran problema. Powell y sus colegas se centraron en lograr que el empleo volviera a su solidez anterior a la pandemia, cuando un mercado laboral ajustado levantaba a quienes con demasiada frecuencia caían en los márgenes de la economía.

Sin embargo, el mercado laboral de 2022 muestra un tipo diferente de estrechez, que muchos responsables políticos y economistas sostienen que está fundamentalmente fuera de lugar. A medida que las empresas buscan trabajadores, los salarios aumentan, lo cual presiona los precios en general. En su reunión de política monetaria de marzo, los funcionarios de la Fed señalaron que sus contactos en empresas en todo el país informaron que habían tenido que trasladar a los consumidores los aumentos salariales y el mayor costo del negocio. Los economistas advierten que esa espiral de precios y salarios puede ser una forma de inflación cada vez más difícil de interrumpir para la Reserva Federal.

Salarios y precios

Al mismo tiempo, los aumentos salariales se han visto rápidamente erosionados por el costo de las necesidades básicas. Los aumentos de precios se han extendido a todos los bolsillos de la economía; y el costo de la gasolina, la vivienda y los alimentos han provocado la mayor inflación de las últimas cuatro décadas.

Los economistas no esperan que los precios de la vivienda o los alquileres bajen pronto; y la guerra en Ucrania está suponiendo un nuevo golpe para los precios mundiales de la energía y los alimentos.

La doble presión de la escasez de mano de obra y la inflación es especialmente dura para los restaurantes, que dependen del contacto presencial y que se vieron muy golpeados por las oleadas del virus. Hasta abril, el sector no había recuperado los 820 mil puestos de trabajo que se perdieron en la pandemia, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales.

Fuente principal de la noticia: The Washington Post - Rachel Siegel

Esta nota se publicó inicialmente el 11 de abril de 2022 y se actualizó el 4 de mayo de 2022.