El director de la CIA, William J. Burns durante una comparecencia ante el comité permanente de inteligencia de la Cámara. FOTO: Washington Post por Jabin Botsford.

Esta es la transcripción editada de una conversación que tuvo lugar el 7 de mayo en Washington entre William Burns, director de la CIA, y Edward Luce, editor nacional del Financial Times en Estados Unidos.

Financial Times: Usted viajó a Moscú el pasado mes de noviembre a petición del presidente [de EEUU] para hablar con Putin. ¿Qué parte de esa conversación que tuvo con Putin hace ya casi seis meses lo convenció de que esta invasión sí ocurriría?

William Burns: He tratado con el presidente Putin y lo he observado durante muchos años, y lo que he visto, especialmente en la última década, es que en cierto modo se está cocinando a fuego lento en una combinación bastante inflamable de injusticia y ambición e inseguridad.

Su apetito por el riesgo ha crecido a lo largo de los años a medida que su control del poder se fue endureciendo y su círculo de asesores reduciendo.

Salí de esas conversaciones a principios de noviembre bastante preocupado.  No me pareció que el presidente Putin había tomado todavía una decisión irreversible de lanzar la invasión o ir a la guerra. Pero estaba claramente inclinado en esa dirección. Estratégicamente, su opinión parecía ser que se estaba cerrando su ventana de oportunidad para moldear la orientación de Ucrania, porque desde su punto de vista, Rusia no puede ser una gran potencia sin que Ucrania se muestre deferente.

Estaba convencido de que, tras haber invertido mucho en la modernización de su ejército, los militares rusos podían lograr una victoria rápida y decisiva con un costo mínimo. Parecía convencido de que nuestros aliados europeos más cercanos estaban distraídos por las transiciones políticas en Alemania y por las elecciones que se avecinaban en Francia, y que tenían aversión al riesgo.  Y también parecía convencido de que había creado una economía a prueba de sanciones.  Había acumulado reservas de divisas.

Como hemos visto y como fue evidente en las primeras semanas de esta guerra, se equivocó en cada uno de esos aspectos.  Esas suposiciones eran profundamente erróneas. Pero eso ahora da origen a la segunda fase de su ofensiva, ya que ha concentrado las fuerzas en Dombás en el este de Ucrania y en el sur, una fase al menos tan arriesgada como esa primera fase que vimos durante las primeras siete u ocho semanas del conflicto, y tal vez incluso más arriesgada en algunos aspectos también.

FT: ¿Tiene alguna razón para creer que Putin está escuchando ahora lo que necesita oír?

WB: Creo que está en un estado de ánimo en el que no cree que pueda permitirse perder. No creo que esto signifique que Putin se sienta desalentado en este momento, porque apostó tanto por la decisión que tomó de lanzar esta invasión, que creo que ahora mismo está convencido de que redoblar la apuesta todavía le permitirá avanzar.

FT: Tengo que preguntarle sobre esta relativamente nueva expresión, "inteligencia preventiva" ... se ha arriesgado mucho al decir que esto [la invasión] va a ocurrir.  ¿Por qué estaba tan seguro, más allá de la reunión que mantuvo con [Putin] en noviembre?

WB: Fue el detalle y la precisión de lo que estábamos viendo en términos de planificación rusa, combinado con lo que estaba tratando de decir antes, que era la absoluta convicción de Vladimir Putin de que la ventana de oportunidad se estaba cerrando para que él usara la fuerza.  Eso no quiere decir que no hayamos pasado muchas noches sin dormir preguntándonos si teníamos razón o no, y muchas noches sin dormir deseando que no tuviéramos razón.

Cuando el presidente [de EEUU] tomó algunas decisiones muy cuidadosas y selectivas para desclasificar información de inteligencia, creo que ayudó a negarle a Putin algo que he visto hacer durante muchos años con bastante habilidad, que era crear narrativas falsas para montar lo que se llama operaciones de bandera falsa.  En el período previo a la guerra se empeñó en tratar de crear un pretexto para esa invasión, en tratar de crear instancias en las que pudiera tratar de culpar a los ucranianos por provocar las hostilidades, y al exponer muchas de esas falsas narrativas, creo que contribuimos de muchas maneras a desarmar lo que para él antes ha sido un arma útil.

FT: Algunos informes periodísticos han afirmado que Estados Unidos proporcionó datos a los ucranianos que les permitieron atacar a los generales rusos, 12 de los cuales ya han muerto, y al [buque de guerra] Moskva. ¿Puedo pedirle que comente sobre estas historias?

WB: Es irresponsable.  Es muy arriesgado, es peligroso cuando la gente habla demasiado, ya sea filtrando en privado o hablando en público sobre cuestiones específicas de inteligencia.  Tanto la Casa Blanca como el Departamento de Defensa han hablado de esto públicamente, así que no tengo nada que añadir.

Lo único que diría es que es un gran error subestimar las grandes capacidades de inteligencia que tienen los mismos ucranianos.  Se trata de su país.  Tienen mucha más información que nosotros y mucha más inteligencia que nosotros en Estados Unidos y entre nuestros aliados.

FT: Una de las cosas que está en la mente de todos es el riesgo de que esta situación escale. No hemos visto a un líder nuclear hablar tan a menudo, posiblemente en ningún momento, al menos desde la crisis de los misiles de Cuba, sobre una escalada nuclear.  ¿Cuáles podrían ser las posibles situaciones desencadenantes de este escenario extremo para el uso de armas nucleares tácticas en el campo de batalla o una prueba sobre el Mar Negro?

WB: No vemos, como comunidad de inteligencia, pruebas prácticas en este momento de que Rusia esté planeando, desplegando o incluso utilizando potencialmente armas nucleares tácticas.  Pero, ya sabe, dado el tipo de alarde bélico que hemos escuchado de los líderes rusos, no podemos tomar a la ligera esas posibilidades.

Creo que [lo que es] increíblemente importante es que tanto rusos como estadounidenses recuerden que seguimos siendo, al menos hoy, las únicas superpotencias nucleares del mundo.  Juntos controlamos el 90 por ciento de las armas nucleares del mundo e incluso en las peores etapas de la guerra fría, tanto los dirigentes rusos como los estadounidenses demostraron ser conscientes de que teníamos capacidades únicas, pero también responsabilidades únicas.  Y por eso es absolutamente crucial que el liderazgo ruso, a pesar de todo ese alarde nuclear, recuerde esa responsabilidad no solo ante rusos y estadounidenses, sino también ante toda la comunidad mundial.

FT: Antes de la guerra se hablaba mucho, ahora no tanto por razones obvias, de la convertir Ucrania en otra Finalandia.  Ahora, quiero decir, podría decirse que ya la próxima semana, Finlandia y probablemente Suecia se unirán a la OTAN, algo que Putin ha mencionado como una de sus líneas rojas... ¿Le preocupa eso?

WB: Esas son decisiones que van a tomar los finlandeses y los suecos.  En muchos sentidos, son decisiones que el propio Putin ha impulsado por la crueldad de su agresión contra Ucrania y las amenazas que ha lanzado contra Occidente en general.

FT: ¿Qué lecciones cree que está aprendiendo China de la situación de Ucrania para Taiwán y qué revalorización, si es que hay alguna, cree que están haciendo con respecto a Putin?

WB: Yo no subestimaría el compromiso de [el presidente] Xi Jinping de asociarse con la Rusia de Putin.  El 4 de febrero, en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, tres semanas antes de que [Putin] lanzara su invasión a Ucrania, China y Rusia emitieron una larguísima declaración conjunta en la que proclamaban una amistad sin límites.

Creo que lo que ha hecho, en muchos sentidos, la amarga experiencia de la Rusia de Putin en Ucrania durante las últimas 10 u 11 semanas es demostrar que esa amistad tiene realmente algunos límites.

Nos parece, de todos modos, que Xi Jinping está un poco inquieto por el daño a la reputación de China que puede suponer la asociación con la brutalidad de, digamos, la agresión de Rusia contra los ucranianos: inquieto, ciertamente, por la incertidumbre económica que ha producido la guerra, particularmente en un año, 2022, en el cual creo que Xi tiene su principal atención puesta en el importante Congreso del partido el próximo noviembre, y creo que también lo inquieta que Putin haya fortalecido al relación entre europeos y estadounidenses.

Está claro que el liderazgo chino está tratando de analizar cuidadosamente qué lecciones deben aprender de Ucrania sobre sus propias ambiciones en Taiwán. No creo ni por un momento que esto haya erosionado la determinación de Xi de, con el tiempo, obtener el control de Taiwán. Pero creo que es algo que está afectando su cálculo sobre cómo y cuándo comenzará a hacerlo.

Sospecho que les ha sorprendido [el] desempeño militar ruso.  Sospecho que les ha llamado la atención la forma en que han resistido los ucranianos mediante el esfuerzo de "toda la sociedad".  Creo que les ha llamado la atención la manera en la cual, especialmente la Alianza Transatlántica, se ha unido para imponer costos económicos a Rusia como consecuencia de esa agresión. Así que creo que son aspectos que ahora mismo está sopesando muy cuidadosamente.

Edward Luce

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