El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, parte de la Casa Blanca rumbo a Rehoboth Beach, Delaware, en Washington, DC, Estados Unidos, el 02 de junio de 2022 | Foto EFE/EPA/YURI GRIPAS / POOL

La Cumbre de las Americas reúne a los jefes de estado del continente americano para debatir y definir acciones frente a problemas y desafíos compartidos en la región y avanzar en integración. Hoy inician en Los Angeles los eventos de su novena edición, que se extenderá hasta el 10 de junio.

Estados Unidos volverá a ser anfitrión, como lo fue en 1994 en el primer encuentro de este tipo, que está establecido que se realice cada tres años.

El presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris asistirán a los eventos, pero hay pocos detalles claros sobre la agenda e incluso los países invitados a la Cumbre.

¿Qué está en agenda?

Las Cumbres suelen tener un lema, que puede dejar entrever algunas de las temáticas que se discutirán en el evento. Este año el lema es “Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo”.

Vinculado al lema están las cinco “áreas claves” de las que se prevé que el presidente Biden anuncie acciones durante la Cumbre. Estas son fortalecimiento de la democracia y la buena gobernanza; salud y resiliencia; transición al uso de energías limpias; cambio climático, y transformación digital.

Al ser preguntada sobre más detalles de la Cumbre, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre dijo el jueves pasado: “Las personas de toda la región se reunirán para abordar los desafíos centrales que enfrentan las personas del hemisferio, incluyendo la prosperidad económica, el cambio climático, la crisis migratoria y la pandemia de COVID-19”.

Se prevé además que uno de los temas centrales de la Cumbre sea la migración, un tema de alto perfil en Estados Unidos, sobre todo cuando la administración Biden enfrenta un aumento de flujo migratorio que llegó a un récord histórico a finales del año pasado. La mayor parte de esta migración proviene de México e incluye múltiples nacionalidades.

Abordar las causas de la migración, sobre todo la de Guatemala, Honduras y El Salvador, ha sido un tema de la cartera de la oficina de la vicepresidenta Kamala Harris.

Durante su año y medio en el cargo, ha anunciado inversiones privadas en esos países para crear mejores oportunidades y detener el flujo migratorio. También ha hecho al menos dos viajes a la región. La Cumbre le podría brindar una plataforma para mostrar sus avances en esta temática.

¿Quién asiste?

La administración Biden en las últimas semanas estuvo en una posición incómoda. Por un lado, tenía presiones para no invitar a países que considera dictaduras como Venezuela, Cuba y Nicaragua. Pero, por otro lado, países de la región como México, Bolivia y Honduras amenazaron con un boicot si no invitaban a todos los países del hemisferio occidental.

Santiago Canton, director del Programa de Estado de Derecho Peter D. Bell en el Diálogo Interamericano, dijo que los organizadores de la Cumbre deberían preguntarse si la presencia de líderes cubanos, nicaragüenses y venezolanos conduciría a avances democráticos y de derechos humanos.

“¿Mejor invitarlos [o] no invitarlos para lograr mejoras en derechos humanos y democracia? Ese es el problema principal. Si podemos liberar a los presos políticos en Venezuela, Nicaragua y Cuba y podemos llegar a algún compromiso de que la democracia es importante y llamarán a elecciones, seré el primero en decir 'invítenlos’”, dijo Canton a The Hill.

“Eso no sucedió. Entonces no deberíamos invitarlos porque al invitarlos les estamos dando un premio por violar los derechos humanos y por romper la democracia”, agregó.

Reuters informó este lunes que funcionarios de la administración Biden decidieron excluir a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Entre las principales razones estaban las preocupaciones sobre los derechos humanos y la falta de democracia en esos países.

Cabe destacar que Cuba, Nicaragua y Venezuela ni siquiera son miembros activos de la Organización de los Estados Americanos, con sede en Washington, que organiza la cumbre.

Estados Unidos no reconoce desde 2018 a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, tras unas elecciones consideradas fraudulentas por la comunidad internacional. En cambio, ve como tal al líder opositor Juan Guaidó. De acuerdo con Reuters, la administración está considerando un papel para él, posiblemente virtual.

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador fue el primer jefe de estado en señalar que no asistiría a la Cumbre si no se invitan a todos los países del continente. La ausencia de López Obrador podría eclipsar los intentos de proyectar unidad y colaboración.

También sería la oportunidad para que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y el presidente Biden se reúnan por primera vez.

Preguntado sobre si Biden confrontará a Bolsonaro por sus intentos de sembrar dudas sobre las elecciones brasileñas antes de su candidatura a la reelección en octubre, Juan González, subsecretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, dijo:

“El tema de las elecciones brasileñas realmente lo deciden los brasileños, y Estados Unidos tiene confianza en las instituciones electorales de Brasil, que han demostrado ser sólidas”, dijo González a los periodistas el miércoles.

Relanzamiento y desafíos

La última Cumbre la acogió Perú en 2018. En ese entonces, el expresidente Donald Trump decidió no asistir al principal foro de cooperación internacional de la región y tuvo un efecto dominó: solo asistieron 17 de los 35 jefes de estado.

Luego, un año después, Estados Unidos tomó la iniciativa y se ofreció a albergar el encuentro regional. Tras la llegada de Biden a la Casa Blanca, surgieron las expectativas sobre un cambio de enfoque.

Pero algunas de las políticas de Biden dirigidas a la región están estancadas en el Senado, como un paquete de 4 mil millones de dólares para atacar las causas profundas de la migración en Centroamérica.

Tom Shannon, exsubsecretario de Estado para asuntos políticos, quien ha asisitido a diversas cumbres, le dijo a AP que para que el evento sea exitoso, Biden no debería tratar de presentar una gran visión estadounidense para la región, sino mostrar sensibilidad y preocupaciones sobre la enorme desigualdad y la desconfianza tradicional hacia Estados Unidos.

“Más que discursos, necesitará escuchar”, dijo Shannon.