tiroteos en las escuelas
LEYES. Diez estados permiten al personal de las instituciones portar armas en su trabajo/Diseño ETL

La masacre de la escuela primaria Robb de Uvalde trajo nuevamente sobre la mesa el debate del acceso a las armas de fuego. Sin embargo, un aspecto ha destacado en la discusión y es armar a los maestros en las instituciones, algo que es posible en la actualidad en nueve estados.

En el tiroteo de Uvalde, el 24 de mayo pasado, un joven de 18 años de edad identificado como Salvador Ramos asesinó a 19 estudiantes y dos maestras de la escuela Robb, en la pequeña localidad de Texas.

Ese día, el fiscal general del estado, Ken Paxton, sugirió que una de las soluciones ante los incidentes violentos como este era dotar a los maestros con armas.

“No podemos evitar que la gente mala haga cosas malas. Potencialmente, podemos armar, preparar y capacitar a los maestros y otros administradores para que respondan rápidamente. Esa, en mi opinión, es la mejor respuesta”, dijo Paxton en una entrevista con Newsmax.

Sus palabras desataron numerosas reacciones; no obstante, en Estados Unidos una quinta parte del territorio permite al personal de las escuelas portar armas en las instituciones educativas.

Según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, el personal de las escuelas de Florida, Georgia, Tennessee, Texas, Oklahoma, Missouri, Wyoming, Dakota del Norte y Dakota del Sur pueden hacer un curso de capacitación para llevar armas a las escuelas. Están amparados por ley y en otoño se sumará a la lista Ohio.

Sin embargo, ¿es esta una solución efectiva a la violencia armada en las escuelas del país?

A partir del próximo año escolar serán diez los estados donde el personal escolar podrá ir al trabajo con su arma, pero la lista aumenta si tomamos en cuenta otros criterios.De acuerdo con la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, el número sube a 17 si se añaden aquellos territorios en los que se les permite la entrada a las instituciones a personas con porte legal de arma.

Hawái, Oregon, Utah, Kansas, Mississippi, Delaware y New Hampshire forman parte de este último lote.

Fomentar la violencia

Carolina Tovar emigró a Estados Unidos en diciembre de 2020. La venezolana ahora vive en el estado de Florida, donde su hijo de cinco años se prepara para su experiencia escolar en el kindergarten.

En entrevista exclusiva con El Tiempo Latino, contó que previo a su arribo a Estados Unidos leyó noticias sobre los tiroteos en las escuelas, algo que le impresionaba, pero le era ajeno. Una vez se instaló en el país, la tragedia escolar de Uvalde la sacudió: “La reacción es diferente. Sientes de cerca eso de 'pude haber sido yo, puedo ser yo'”.

La masacre escolar la llevó a leer más sobre el tema y recordó en particular un podcast en el que se aseguraba que en Estados Unidos hay más armas que personas. “Uno viene de un país violento, pero esto es otro nivel de violencia institucionalizada”.

“Esto tiene una dimensión fuera de control. ¿Cómo parar esto cuando está tan normalizado?”, se preguntó la venezolana, quien rechazó la propuesta de Paxton de armar a los maestros a pesar de que en Florida, donde vive, se permite al personal de las escuelas asistir al trabajo armado.

“Me parece descabellado porque no estamos resolviendo la raíz del problema. Es fomentar más la violencia”, manifestó. “La escuela es un espacio de protección y tranquilidad”.

Desde el salón de clases

En Texas, un estado dominado por los republicanos, acceder a las armas es sencillo. De acuerdo con una investigación de Statista, dicho territorio contabilizó el mayor número de armas registradas en 2021, con 1 millón 006 mil 555.

La cifra es mucho más alta que en cualquier otra entidad de Estados Unidos. De hecho, el total casi duplica al segundo en el conteo, Florida, cuyo número fue de 518 mil 725.

Es común la compra y venta de armas en Texas, donde recientemente se sufrió una de las mayores tragedias en el ámbito escolar; no obstante, eso no aumenta el ánimo de sus maestros para obtener el porte.

Para Cristina Llamozas, maestra en Edna Rowe Elementary, no hay manera de que por su cabeza pase la idea de estar armada.

“Imagino que uno debe tener el arma en un lugar seguro, pero si por mala suerte el niño la agarra, ¿quién es el responsable? Obviamente es el maestro”, comentó Llamozas en exclusiva a El Tiempo Latino.

“Ahora imagina que la tengo en un lado y las balas en otro, ¿crees que en el momento de un encierro y tenga que asegurarme de que los niños estén en donde deban estar, a mí me va a dar tiempo de cerrar la puerta, agarrar la pistola, buscar las balas y cargarla? No tiene sentido”.

La maestra venezolana aseguró que sabía sobre las leyes relacionadas al porte de armas por parte del personal en las escuelas, pero nunca lo tomó en serio: “La solución a la violencia armada no es tener a más gente armada. Me parece una locura”.

Su opinión no es diferente a la de sus colegas. Según datos del Texas Tribune, apenas 286 docentes han completado desde el año 2013 el curso de 80 horas de capacitación para portar armas en su trabajo.

Respecto a discutirlo con sus compañeras, acotó que “no es algo que se habla libremente”. Para la maestra el tema no ha surgido con frecuencia en su trabajo, pero con las pocas que lo ha conversado también le han expresado su desacuerdo.

“No sé si en sus casas hay armas, pues es un tema sensible y personal. Vivo en Texas y sé que es un estado muy republicano pese a que me identifico con los demócratas y sé que es como meterse en la boca del lobo”, añadió.

TRAGEDIA. La masacre de Uvalde dejó 19 estudiantes y dos maestras asesinados/EFE

La solución pasa por el Congreso

Con Uvalde como la más reciente tragedia escolar, la opinión pública apuntó al Congreso como la instancia capaz de destrabar un conflicto que se mide bajo el argumento político de demócratas y republicanos.

Desde el lado de la Administración Biden, según el director ejecutivo de Violence Policy Center, Josh Sugarmann, se han tomado una serie de medidas ejecutivas para abordar la violencia armada.

El experto comentó a El Tiempo Latino que todo pasa por el plano político y sus acciones repercuten en el ámbito social. A partir de ahí se notará un cambio real: rastrear armas fantasmas, ir tras quienes están detrás de la venta de estas, financiar a los cuerpos policiales y apoyar con más dinero a las comunidades para hacer frente a la violencia armada forman parte de un grupo de soluciones para hacer mella en un problema de grandes magnitudes.

“Son importantes pasos hacia adelante”, dijo Sugarmann. Lamentó que la disponibilidad de armas de fuego, en un mercado que abarca todo el país, alimente mucho más las posibilidades de sufrir otros eventos violentos en las instituciones.

Llamozas está de acuerdo con el control de armas: “Es necesario porque no es solo un problema en las escuelas. ¿Vas a poner un detector de metales en las iglesias o los supermercados?”.

Reforzar los requisitos para que las personas compren armas, así como aumentar la edad, aparecen como puntos importantes para el criterio de Tovar, quien denunció que “a la gente no le piden absolutamente nada para comprar un arma, como si entraras a un supermercado para comprar un refresco”.

“Está mal que un niño de 18 años pueda comprar un arma de guerra cuando ni siquiera puede comprar una cerveza”, añadió.

Desde el lado de las víctimas se hizo un llamado más drástico: un paro estudiantil como medida de presión a las autoridades. Así lo pidieron Patricia y Manuel Oliver el pasado 11 de junio durante la Marcha por Nuestras Vidas (March for Our Lives), cita en la que hablaron con El Tiempo Latino sobre las acciones a seguir.

“Nosotros tenemos casi cinco años, algunos llevan más tiempo, haciendo todo lo que podamos para que nos escuchen, para que aprueben leyes que puedan salvar vidas y todo ha sido ignorado. Todo ha sido pasado por alto. Han sido dos administraciones las que están en contra de avanzar con estas leyes. Decidimos poner presión y tomar medidas generando una crisis, una necesidad de respuesta”, dijo Manuel Oliver.

Sería el próximo año escolar cuando se ejecute el paro con el fin de presionar para que el control de armas avance en el Congreso. Pero ya se ven avances en materia legislativa.

El martes 21 de junio, el Senado votó para avanzar en un proyecto que endurecerá las leyes federales sobre armas y proporcionará miles de millones de dólares en fondos para iniciativas que busquen prevenir tiroteos masivos. La legislación se prevé que sea aprobada a finales de mes. 

La votación para pasar la ley, 64 a 34, tuvo lugar menos de dos horas después de que se distribuyera el texto final. Al cierre de esta edición, el Senado tenía previsto aprobarla a finales de la semana con apoyo bipartidista.

“Estamos viviendo un tiroteo tras otro, es culpa nuestra que no tomemos acciones y sigamos haciendo un rally. En esta concentración se ha hecho el llamado para que sigamos trabajando juntos, no le vamos a dar más chance al gobierno; sino vamos al paro general, porque no podemos vivir en esta crisis constante y en pánico constante”, afirmó Patricia Oliver en la marcha realizada en Washington DC.

POLÉMICO. El fiscal general de Texas, Ken Paxton, sugirió armar a los maestros/EFE

Armas y entrenamiento

Mientras que para Llamozas está claro que jamás empuñaría un arma -mucho menos en un salón de clases- sus labores se han visto cambiadas, con nuevas directrices para prepararse junto con sus alumnos para lo peor.

La especialista recordó que en su escuela se hacen una o dos veces cada año simulacros de encierro y defensa en caso de posibles ataques armados. Los mismos se aplican en dos fases: uno de ellos, sencillo, consiste en cerrar las puertas al exterior de la institución. Pero el segundo va más allá y obliga a poner en marcha un plan de resguardo en caso de que la tragedia se atraviese en su camino.

“Así como tenemos simulacros de incendios y de tornados (se hacen una vez al mes), también hay simulacros de encierro. Tienes que apagar las luces, cerrar las puertas y esconder a los niños. Ese lo hacemos entre una y dos veces al año escolar”.

Respecto a cómo iniciar el protocolo, la maestra explicó: “Normalmente hablo con ellos sobre cuándo ocurrirá y tenemos una palabra clave”. El año pasado, cuando daba clases en el nivel de kindergarten, esa palabra era “corner”.

El sistema de anuncios del colegio se encarga de informar que la escuela se encuentra en un proceso de encierro y eso conlleva a poner en práctica lo enseñado: “Digo la palabra y los niños saben a dónde correr. Mientras están en eso yo voy a la puerta, la cierro con llave, apago las luces y me aseguro que estén en silencio a la espera de que termine”.

“Debes darle la seriedad que merece, pero no debes cruzar la línea y asustarlos. Es difícil. Una vez termina, se debe hablar de qué se debe hacer y qué no”. Acotó que en lugar de hablar sobre tiroteos, prefiere explicar que alguien quiere “hacerles daño”.

“A pesar de que uno sabe que se trata de un simulacro y nada está pasando, es muy tenso”, siguió.

Esta dinámica se suma al día a día de los niños que, al menos en su salón, saben lo que pasó el 24 de mayo a unos kilómetros de su escuela.

Ahora, además de formarlos en el ámbito académico, el reto también pasa por servir como centro de protección: “Más que hablar de eso (la tragedia de Uvalde), la tarea es explicar la importancia de los simulacros asegurándoles que en el colegio intentamos mantenerlos a salvo”.