El Banco de la Reserva Federal de EEUU ha dado su visto bueno al sector bancario del país luego de su más reciente auditoría de presión financiera, citando la solidez de los treinta y tres principales bancos. FOTO: Bloomberg por Joshua Roberts.

Las pérdidas hipotéticas de las empresas aumentan, pero se mantienen dentro de los límites en la prueba que mide su capacidad para aguantar una presión severa.

El jueves, la Reserva Federal de EEUU aprobó a los 33 mayores bancos del país en las pruebas de estrés anuales, que miden la capacidad de cada prestamista para enfrentar una grave recesión económica.

En una serie de escenarios catastróficos hipotéticos elaborados por la Fed, los bancos perderían colectivamente $612 millardos y los coeficientes de capital del grupo se reducirían al 9,7 por ciento, más del doble del requisito mínimo, según la Fed.

Los bancos, entre los que se encontraban JPMorgan Chase y Goldman Sachs, así como las filiales estadounidenses de bancos extranjeros como Credit Suisse, tuvieron que demostrar que mantenían niveles de capital por encima de los mínimos exigidos por el Gobierno luego de experimentar los escenarios planteados por la Fed en febrero.

Los resultados avalan la solidez financiera de los mayores bancos estadounidenses, algunos de los cuales están clasificados por los reguladores como de importancia sistémica para la economía.

La filial estadounidense de Credit Suisse fue la más afectada por las pruebas de estrés, ya que su coeficiente de capital de nivel 1 se redujo en casi ocho puntos porcentuales, seguida por HSBC y Goldman.

El grueso de las pérdidas hipotéticas procedía de $450 millardos en pérdidas por préstamos y $100 millardos en pérdidas de negociación y riesgo de contraparte.  En comparación con los test de resistencia del año pasado, los bancos registraron más de $50 millardos en pérdidas adicionales y sufrieron mayores golpes en sus reservas de capital.

"El escenario hipotético de este año es más duro que el de la prueba de 2021, por diseño, e incluye una grave recesión mundial con una tensión sustancial en los mercados de bienes raíces comerciales y de deuda corporativa", dijo la Fed en un comunicado, al atribuir la resistencia de los bancos a la "sustancial" acumulación de capital desde la crisis financiera mundial de hace más de una década.

Los grupos de cabildeo de la industria se apresuraron a alabar el resultado.  El Instituto de Política Bancaria dijo que las pruebas de estrés fueron "mucho más severas que cualquier recesión posterior a la Segunda Guerra Mundial", al tiempo que el Foro de Servicios Financieros señaló que los resultados subrayaban "la fortaleza y resistencia de los mayores bancos del país".

Las buenas calificaciones, esperadas por los analistas, llegan en medio de la creciente preocupación por una inminente recesión económica.  Jay Powell, el presidente de la Reserva Federal, reconoció esta semana que una recesión en EEUU es "ciertamente una posibilidad", ya que el banco central se enfrenta a la inflación más alta en 40 años.

Los escenarios del test de estrés incluían un descenso de casi el 40 por ciento en los precios de los inmuebles comerciales, una caída del 55 por ciento en los precios de las acciones, una mayor tensión en el mercado de deuda corporativa y una tasa de desempleo del 10 por ciento, una crisis mucho más aguda que la que los economistas esperan para el próximo año.

Los resultados de la prueba anual, exigida por la normativa financiera Dodd-Frank posterior a la crisis, ayudarán a determinar cuál es el llamado colchón de capital de la prueba de estrés para cada banco.  Se trata de la cantidad de capital CET1 que tienen que mantener por encima de los mínimos reglamentarios en relación con sus activos ponderados por el riesgo.

El colchón de capital de estrés es una combinación de las pérdidas máximas de capital CET1 durante la prueba de estrés y los planes del banco de devolver capital a los accionistas a través de dividendos en los próximos 12 meses.

Los bancos podrán confirmar públicamente su colchón de capital de estrés a partir del lunes, momento en el cual también podrán revelar sus planes de devolución a los accionistas.

Los analistas esperan que los dividendos aumenten este año, aunque prevén que en los bancos más grandes disminuya el ritmo de recompra de acciones.

La Fed se ha enfrentado a críticas en los últimos años por los cambios en las pruebas de estrés que, según sus detractores, hacen que las instituciones financieras puedan manipularlas más fácilmente.  Bajo la dirección de Randal Quarles -el ex vicepresidente de supervisión de la Fed, que dejó el cargo en noviembre-, las pruebas se volvieron más transparentes y el banco central ya no pudo suspender públicamente a las entidades basándose en evaluaciones cualitativas de su solidez subyacente.  Michael Barr, ex alto funcionario del Departamento del Tesoro, está a la espera de la confirmación del Senado para ocupar el puesto que deja vacante Quarles.

"Ya es hora de que la Reserva Federal aplique pruebas de estrés rigurosas y requisitos de capital fuertes", dijo el jueves Sherrod Brown, presidente Demócrata del comité bancario del Senado, en un comunicado.

"Los directores ejecutivos de bancos en Wall Street han dado la voz de alarma de que se avecina un huracán económico, pero la realidad es que los mayores bancos no están haciendo lo necesario para proteger la economía ante la próxima crisis", añadió. "En lugar de acumular capital para aguantar pérdidas o invertir en la economía real y en los trabajadores, están planeando utilizar $80 millardos en recompra de acciones y dividendos".

Phillip Basil, director de política bancaria del grupo de defensa Better Markets, dijo que las pruebas de estrés de la Fed "siguen siendo demasiado poco estresantes", ya que el rendimiento de los bancos mejoró gracias a la desregulación durante la administración Trump.

Joshua Franklin en Nueva York y Colby Smith en Washington

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