Protesta frente a un banco, en la provincia de Henan, China.

China sufre una crisis inmobiliaria y bancaria que se agudiza y podría llegar a poner incluso en duda el poder de Xi Jinping, según Alexander Görlach.

Los acontecimientos se precipitan. Cientos de miles de personas han dejado de pagar los dividendos de viviendas que pensaban poder habitar algún día. En China no es inusual pagar por viviendas que aún están en construcción. Pero, debido al alto endeudamiento de algunas constructoras, que financiaban sus proyectos con créditos bajos, actualmente se duda de si esas viviendas se terminarán de construir. Una de las mayores empresas del sector, Evergrande, ha caído entretanto en la insolvencia.

En la provincia de Henan, miles de personas han perdido sus ahorros: cuatro bancos atrajeron a gente de todo el país con altos intereses. Pero ese dinero se invirtió con alto riesgo. Depósitos por un valor equivalente a unos seis mil millones de dólares se han evaporado. Desde abril se han suspendido los pagos. Desde hace dos semanas, los ahorristas protestan ante las sedes bancarias de Henan. La policía arremetió contra ellos, ya que en China están prohibidas las protestas públicas. De nada sirvió que los manifestantes portaran banderas chinas para demostrar su patriotismo, porque, al mismo tiempo, coreaban que el gobierno local era responsable de la estafa.

Créditos en la cuerda floja

Ahora llega otra mala noticia: cada vez más créditos otorgados por Pekín en el marco de su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, no pueden ser pagados. Desde 2013, China ha invertido cerca de 840.000 millones de dólares en la construcción de calles, puertos, represas y plantas de energía en diversas partes del mundo. El objetivo de este "proyecto del siglo”, como lo llama el gobernante Xi Jinping, es político, y no económico. En consecuencia, muchos créditos fueron otorgados con criterios políticos.

El Financial Times informa que cada vez más países piden ahora moratorias, porque no pueden pagar sus créditos. En Asia, África y América Latina, las economías han sufrido el golpe del COVID-19. Según un estudio del instituto de investigaciones Rhodium, de Nueva York, actualmente están en la cuerda floja unos 118.000 millones, un 16 por ciento del volumen total de créditos.

Para tapar los agujeros, China otorga, en no pocas ocasiones, nuevos créditos, con lo que se agrava su propio problema.

Crisis caseras

Si bien la crisis crediticia puede tener orígenes externos, las otras tienen causas internas. El sector inmobiliario y el bancario estaban poco o mal regulados, lo que llevó a excesos crediticios y manipulaciones. La cúpula de Pekín intentó el año pasado consolidar el sector inmobiliario con reglas más severas. Pero ahora que ambas crisis se han fusionado, al presidente Xi Jinping no le queda otro remedio que ocuparse de la gente que ha perdido sus ahorros. Las 400.000 personas que fueron estafadas en Henan han de recibir una suma equivalente a 7.400 dólares. Pero esos 3.000 millones de dólares no serán suficientes para tranquilizar a los estafados.

Para Xi Jinping, las protestas que se extienden en todo el país son una novedad. Porque a esas personas no les importan ya las desventajas que les pueda reportar su protesta. 

La corrupción sigue campeando

Xi Jinping llegó en 2103 con la promesa de combatir la corrupción. Diez años más tarde, se evidencia que esta y los malos manejos económicos siguen campeando. Por otra parte, el país sigue sufriendo el impacto de la estrategia de "cero covid” del gobierno: las cadenas de suministro están interrumpidas y áreas industriales completas están cerradas. Los indicadores económicos se han desplomado.

Por el momento, Xi Jinping parece decidido a resolver todos los problemas con dinero. Pero, en vista del gigantesco volumen financiero que podría devorar la triple crisis china, no se puede descartar que se llegue a utilizar la violencia contra la propia población. En todo caso, la clase media, cuya seguridad social peligra, podría desatar protestas como no se veían en el país desde 1989.

Alexander Görlach es doctor en Lingüística y Teología. Es miembro sénior del Carnegie Council for Ethics in International Affairs, e investigador asociado sénior en la Universidad de Cambridge en el Instituto de Religión y Estudios Internacionales.

(ers/cp)

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