Marcela Urrutia Zamora
VERIZON. Marcela Urrutia Zamora es vicepresidenta de relaciones del gobierno federal en Verizon. Llegó a trabajar a la telefónica hace 13 años.
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Cuando Marcela Urrutia Zamora llegó al mundo, DC aún no era tan diverso. Allá por los 60, su madre, con quien comparte el mismo nombre, huyó de la dictadura en Bolivia. Conoció a Jorge Urrutia de Guatemala y de ese matrimonio nació la niña, hoy una profesional con credenciales legislativas y corporativas envidiables.

Es vicepresidenta de relaciones del gobierno federal en Verizon. Hasta aquí no llegó de la nada. A sus 13 años empezó lavando platos en la empresa de banquetes donde trabajaba su madre. Vendió “sándwiches”, zapatos, helados y hasta limpiaba el piso en una peluquería.

Para liderar políticas de inclusión y diversidad en Verizon, el mayor operador en telefonía y con 142 millones de subscriptores, hace falta más que las vivencias de una joven que se quemó las pestañas y se dejó la adolescencia y juventud temprana estudiando y trabajando a tiempo completo. Se necesita experiencia, olfato político, empatía y un compromiso casi clerical con la comunidad, algo que Urrutia Zamora tiene de sobra.

La llegada de Marcela Urrutia Zamora al Capitolio

POLÍTICAS. Entre las tareas de Marcela Urrutia Zamora está empujar programas como educación o medio ambiente que promueve Verizon en el Capitolio. En la foto junto al senador ya fallecido John Lewis.

“La mía es la historia de todos los inmigrantes. Me tomó cinco o seis años graduarme, porque no tenía tiempo ni dinero para pagar la universidad. Comencé estudiando medicina, tuve que dejarlo por algo más ajustado a mis ingresos. Estudié literatura en Maryland College Park, mientras trabajaba las noches y fines de semana como recepcionista en un hotel”.

Con estudios en literatura y su bilingüismo hizo una pasantía en el caucus latino en el Capitolio. Corría el año 1993 y antes había trabajado como traductora en la corte de Prince George.

En el Consejo Nacional de la Raza -ahora Unidos US- fue analista en políticas de salud. “Allí trabajé casi ocho años. Aprendí a cabildear, me empapé de las contribuciones y las razones para estar orgullosos de quiénes somos”.

Después volvió al Capitolio, esta vez al tope de la pirámide. Fue el brazo derecho en asuntos hispanos para el líder del senado demócrata, Harry Reid.

Cuando él se erigió como dirigente de la mayoría, siguió de su lado dispuesta a llevar el agua a su molino o como mejor se entiende en política: empujar leyes en favor de la comunidad hispana en inmigración, salud, educación y otras áreas de impacto. Era 2008 y dio el salto a Verizon.

Hija, madre y ejecutiva

Esas experiencias le aportaron una certeza: internet era el nuevo vehículo para dar voz. “Vi a los dreamers organizar marchas en las redes sociales y quise aportar y participar. Sabía que Verizon estaba invirtiendo en la comunidad latina. Comencé representando a la compañía en el comité de comunicaciones. Trabajo con el Congreso y con las fundaciones para para promover nuestros valores y apoyos en educación o medio ambiente”. Allí está desde hace 13 años, la misma edad de Nate Zamora, su hijo.

FAMILIA. Marcela Urrutia Zamora junto a su esposo Peter Zamora y su hijo de 13 años, Nate. 

“Marcela -según su madre- fue una niña perfecta. No lo digo porque es mi hija, sino porque es la verdad. De pequeña le encantaba estudiar, era tranquila, responsable y cariñosa con sus hermanos y así sigue siendo. Nunca me ha dado problemas”.

Pese a ser una ejecutiva de altos quilates no se ha dejado seducir por los cantos de sirena de la vanidad o la arrogancia. “Mi princesa Ella (Ela en español)”, como la llama su niño, es una mujer sencilla de ojos grandes y con una sonrisa para publicidad de dentífrico.

La calidez de su voz irradia lo que su madre le aconsejó: “hay que estar para todos, no importa el nivel social, no hay que hacer la diferencia, todos somos iguales”.

Con su incursión en las grandes ligas del cabildeo en DC, Urrutia Zamora es el modelo de mujer que echa al traste aquella recomendación del filósofo griego Demócrito, defensor de la democracia y la libertad: “callar en público debería ser considerado el mejor adorno femenino”. Que conste que de niña era muy tímida.

Esa actitud de no dejarse vencer de su madre, le enseñó a ser fuerte y a tener voz. A sus abuelitos y a sus años de escolar en España, donde se mudaron cuando su padre estaba en la marina, reforzaron un castellano casi impecable y sin acento, el mismo que ahora le enseña a su hijo.

FAMILIA. Pese a su agenda apretada, Marcela Urrutia Zamora (derecha con un bebé en brazos) siempre encuentra tiempo para compartir con su familia. En el centro la matriarca de los Urrutia.

“Que lleguen más lejos que yo”

Decorarse la vida también consiste en darse tiempo para más allá de las cinco de la tarde, Urrutia Zamora atesora esas horas para pasar con su esposo, Peter Zamora y su hijo; leer y dibujar.

HOGAR. Marcela Urrutia Zamora junto a su hijo Nate Zamora a quien lo está educando y criando en un hogar bilingüe.

A quien estudió literatura mejor preguntarle el libro que más la marcó y su respuesta es Invisible Man de Ralph Ellison, ficción recostada sobre un colchón real de racismo e injusticias. “Me abrió los ojos a la realidad”.

Con el techo de cristal hecho trizas, Urrutia Zamora tiene otra misión más noble: “Inspirar a los latinos, especialmente a las mujeres. Sé lo que es sentirse insegura, tener ansiedades y hacerse tantas preguntas. Mi propósito en los años venideros es compartir mi conocimiento y mi experiencia con niñas y jóvenes para que lleguen más lejos que yo. Que sepan que sí se puede”.

Esas niñas la estarán esperando o, como dice su madre, “creo que hay muchas Marcelas por allí, solo hay que encontrarlas y hacer que se involucren, que sean el ejemplo y que sepan que no todo es ganar dinero, que vale más la familia y la comunidad”.

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