INGENIERA. Aracely Quispe Neira es una ingeniera, nacida en un pueblo de Perú, especializada en la industria aeroespacial | FOTO: Cortesía Danny Ortiz-Neira
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Irma Aracely Quispe Neira es una exitosa peruana, doctora en ingeniería astronáutica, con títulos académicos y profesionales que la consolidan en su área. Rompe el molde de quienes creen que se nace en el tiempo y el lugar equivocado. Cada ser humano -dice- viene con “talentos distintos y esos hay que alimentarlos con perseverancia, determinación y pasión”, si no cómo se explica que la niña Quispe Neira, nacida en Marripón, un pueblito humilde del norte del Perú, sea la primera mujer latina que ha participado en tres misiones espaciales. En la última lideró los equipos de ingenieros en todas las actividades del pre lanzamiento del telescopio James Webb.

MISIONES. Desde su puesto de trabajo en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, en Maryland, Aracely ha participado en tres misiones espaciales. | FOTO: Cortesía Marca Personal-AQN

Nació 13 años después de que el hombre pisó la luna. Las imágenes de esa hazaña se grabaron en su memoria como el imborrable pie de Neil Armstrong en el polvo lunar. La nieta de unos abuelitos agricultores entendió que no había límites y ese fue su punto de partida.

“Tuve una infancia feliz, con algunos vacíos por la falta de mi padre que a los 6 años nos abandonó”. Su madre, Irma Neira Samame, una roca por fuera y un pan de miel por dentro, no la dejó derrumbarse. La niña estaba predestinada, el día en que entendió las fórmulas, el álgebra y trigonometría su autopista profesional estaba trazada, la única salida era por la vía de las ciencias y las matemáticas.

También se le daba bien la física y la electrónica, tanto que en la universidad de Chiclayo era la primera en apuntarse a las competencias de robótica. “No había laboratorios sofisticados, lo bueno es que ya se hablaba de la computación. Allá estudié ingeniería de sistemas. Era lo que se podía”, en la universidad de Chiclayo.

Cinturón negro en kárate

FÓRMULA. Curiosidad, la disciplina y la determinación son ingredientes de la fórmula que la llevaron hasta la NASA | FOTO: Cortesía Danny Ortiz-Neira

Madre, abuela y abuelo tenían mensaje simple y claro: “‘Métete en la cabeza que sí puedes, es secundario que seas pobre o mujer’. Ese fue el chip que se me quedó adentro. Así contrarrestamos mis hermanas y yo la ausencia de la figura paterna”.

Sufrió bullying, no por los kilómetros extras de coeficiente intelectual, sino por el abandono. “Tú no tienes papá, yo sí”, le decían. Creció con ese dolor sin dejar que lo alimente el rencor. “¿Sabe qué hizo cuando se enteró que el papá estaba enfermo?, se fue corriendo al Perú, hizo hasta lo imposible para salvarlo, no lo consiguió. Así de buena es mi hija”, dice su madre.

KARATECA. Quispe Neira es cinturón negro de kárate, así llegó a Estados Unidos y luego obtuvo una visa en la categoría de persona con habilidades extraordinarias | FOTO: Cortesía Héctor Neira-Rosas

Quispe Neira es persistente con la curiosidad, la disciplina y la determinación. Esta fórmula la ha puesto al frente de otras misiones espaciales, entre ellas la Misión de medición de precipitaciones tropicales y del Orbitador de Reconocimiento Lunar. La misma receta le sirvió en su adolescencia para convertirse en cinturón negro de kárate, que la llevó a las competencias por distintos países latinoamericanos y Estados Unidos.

Sí se puede. “Nadie nace sabiendo, lo importante es revertir las experiencias negativas y no quedarse estancados. Cada uno es dueño de sus sueños y nadie más. Así se va construyendo la ciencia”.

Aracely Quispe Neira

Esta disciplina deportiva fue el pasaporte con el que vino a competir a Las Vegas. En el primer intento se alzó con el bicampeonato, en el segundo se llevó el trofeo mayor. “Mi hija es mi brazo derecho, siempre quería saber y hacer más. Un día me dijo ‘mami quiero aprender kárate y las clases cuestan 100 soles’. Nunca le dije que no. Después dijo ‘quiero estudiar computación’. En todo es muy aplicada y perseverante. Nada deja al azar”.

Después de ese triunfo deportivo no quería volver a Perú. Su padrastro impuso las reglas y sentenció: “Tú regresas a terminar la tesis y a graduarte, aquí no te faltará trabajo”. Obedeció y se puso a estudiar inglés con la idea de retornar a Estados Unidos.

Así lo hizo con visa de deportista, tenía 21 años. Aquí le extendieron la visa especial para personas con habilidades extraordinarias. Encontró un pupitre en la Universidad de Maryland y en Capitol Technology University, donde se graduó con los más altos honores.

“La ciencia es obra maestra de Dios”

DOCTORADO. En 2021, Quispe Neira obtuvo su doctorado en ciencias espaciales de Capitol Technology University. FOTO: Cortesía Aracely Quispe Neira


Los inclinados a pensar como al Albert Einstein de que “la palabra de Dios no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana”, en Quispe Neira no hallarán una aliada. En este asunto, se diría que es más cercana al pensamiento de María Mitchell, la primera astrónoma estadounidense, quien tenía una fe ciega tanto en Dios como en la ciencia.

“Considero que Dios me ha dotado de muchos talentos, es quien guía mis pasos y mis logros y la ciencia y la exploración son parte de su obra maestra”, dice la ingeniera peruana, para quien no hubo cine, discotecas, ni fiestas de quinceañeras, solo libros, más libros y kárate. “Es que tengo que estudiar”, se justificaba para quedarse en casa a estudiar a la luz del candil, porque no había electricidad.

Vale la pena. “Dejar mis raíces, aprender un nuevo idioma, perfeccionarlo al nivel académico y luego competir con profesionales de mucho nivel en la agencia aeroespacial requiere redoblar los esfuerzos más siendo inmigrante, latina y mujer. El resultado ha valido la pena”.

Aracely Quispe Neira

La joven que años atrás voló desde los Andes y más tarde llegó a la NASA, contra todo pronóstico cultural y socioeconómico, tiene dos maestrías en inteligencia geoespacial y en astronáutica y un doctorado en ciencias espaciales.

Con el James Webb en órbita otro sueño más está cumplido. “Fui parte de la misión de prelanzamiento. Esto marca un hito para la humanidad y también en mi carrera y en mi vida”. Por curiosidad y profesión tiene la tendencia a mirar al espacio y preguntarse “¿Estaré allí para cuando la ciencia desvele los misterios del cosmos que aún nos faltan descubrir?”.

Científicamente ha logrado probar el derretimiento de las nieves de la cordillera peruana. Esa fue la tesis de una de sus maestrías. Cinco años de trabajo, con la ayuda de la National Science Foundation y el uso de satélites de alta resolución, pusieron en evidencia las implicaciones sociales y humanitarias de la deglaciación andina.

Su vida más allá de la NASA

TELESCOPIO. La última misión espacial en la que participó la peruana fue en el prelanzamiento del telescopio James Webb. FOTO: Cortesía Aracely Quispe Neira

La mujer que se entregó en cuerpo y alma a esta misión dio por cumplida su meta en el momento en que la primera imagen del James Webb se develó ante el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Esa fotografía apelotonada de galaxias tan lejanas y nunca antes vistas la impresionó. “Eso es el infinito y es el fin de un capítulo de 30 años de incansable trabajo de miles de científicos en todo el mundo. Allí queda inmortalizado el talento y el ingenio humano”.

¿Qué hay más allá de ese punto pálido azul que es nuestro planeta?, el James Webb está escrutando la vastedad del cosmos y dará algunas respuestas. En la vida de Quispe Neira también hay un más allá de la NASA que no tiene fronteras. Ahora está inmersa en el lanzamiento de dos proyectos personales de emprendimiento. Space Tech Inspirer y AQN International la están lanzando al ruedo de conferencista, mentora y entrenadora a nivel educativo para encaminar a hombres y mujeres jóvenes en alguna de las disciplinas de STEM, no importa si están en Lima, Bogotá, Washington DC o Nueva York.

Sus días avanzan entre lecturas, conferencias y viajes. Hablar con los niños y los jóvenes, escucharlos y tratar de entenderlos son sus propósitos. Para ella esto no es trabajo, es vocación. Es confirmar y reconfirmar que su esfuerzo no es vano. “Es cuando digo: no puedo detenerme”.

Como lo hice yo. “En mis charlas a los padres, a los tíos o los abuelitos les digo que tienen que ayudar a sus hijos y nietos a romper la creencia de que no se puede. No soy maestra, pero sé que el único camino para crecer es la educación y aprovechar cualquier programa o ayuda de reforzamiento escolar, como lo hice yo. Al principio, no era tan buena en matemáticas, pero no me perdía ni una clase complementaria con tal de aprender más”.

Aracely Quispe Neira

La lección la traía aprendida de la boca de mamá. “Siempre les decía: hijitas, si su padre las dejó aquí estoy yo. No me defrauden, quiero que sean profesionales. Yo no voy a dejarlas jamás, sólo demuestren que quieren estudiar y que van a ser personas de buenos principios”.

Al despedirse de sus auditorios infantiles tres frases anhela que los niños inmigrantes retengan en sus mentes: “Si les dicen que no se puede, yo les digo que sí se puede. Que, si algún día hacen el mismo recorrido que el mío, no se olviden de devolver lo que les han dado, que aporten con su milla extra inspirando a otros”.

A una mujer de ciencias no es tan fácil sacarla de su zona de confort, siempre tratará de volver donde mejor se está. En su portafolio le encantaría colaborar en una misión espacial a Marte. En el interludio anda huroneando en las teorías no probadas para intentar descifrar el camino a seguir en la investigación y escudriñar la pregunta más vieja de todos los tiempos: ¿de dónde venimos?

CONFERENCISTA. Aracely Quispe Neira estos días está ultimando el lanzamiento de dos proyectos que buscan llevarla de conferencista y mentora para los niños y jóvenes.
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