El presidente ejecutivo de la sucursal de la Fed en Atlanta, Raphael Bostic, es uno de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto que favorece un aumento acelerado de tasas hasta 4,5% para finales de este año. FOTO: Bloomberg por David Paul Morris.
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Muchos economistas estiman que el banco central mantendrá su agresivo programa de contracción monetaria en el corto plazo.

Para un banco central que busca señales de que el peor problema de inflación en décadas está empezando a remitir lentamente, el informe de ayer jueves sobre el aumento de los precios al consumo en EEUU fue francamente negativo.

Aunque el ritmo anual no varió mucho, situándose en el 8,2 por ciento, el índice mostró otro alarmante salto mensual, lo que sugiere que las presiones inflacionarias subyacentes siguen acelerándose. Si se excluyen las partidas volátiles, como los alimentos y la energía, el Índice de precios al consumo (IPC) "básico" subió un 6,6 por ciento en comparación con el mismo periodo del año anterior.

El aumento, mayor de lo esperado, deja a la Reserva Federal pocas opciones más allá de seguir adelante con un cuarto aumento consecutivo de 0,75 puntos porcentuales en su próxima reunión de política monetaria a principios de noviembre.

Los economistas afirman que también es probable que el banco central de EEUU se vea forzado a continuar los aumentos de las tasas a gran escala más allá de ese punto y, al menos, hasta que haya pruebas más claras de que las presiones sobre los precios se están relajando.

"Hay una persistencia en la inflación que, si usted es la Fed, tiene que ser profundamente preocupante", señaló Ajay Rajadhyaksha, presidente internacional de investigación de Barclays. "La mayoría de la gente ha tenido la sensación de que estamos a punto de dar un giro, ya sea en el empleo o en la inflación, y simplemente no se produce, no se produce y no se produce".

Rajadhyaksha proyecta que la Fed prolongará su serie de aumentos de tasas de 0,75 puntos porcentuales hasta finales de año y luego reducirá el ritmo a un aumento de medio punto en la primera reunión de 2023, a principios de febrero. Esto sugiere que la tasa de interés de los fondos federales alcanzará un nivel de entre el 5 por ciento y el 5,25 por ciento, muy por encima del nivel del 4,6 por ciento que la mayoría de los funcionarios habían previsto recientemente en septiembre.

Las últimas cifras de inflación suponen un golpe para el gobierno de Biden, que se ha visto acosado por las críticas de los Republicanos sobre la escalada de precios en el periodo previo a las elecciones intermedias de noviembre.

Además, llegan en un momento delicado para la economía mundial y los mercados financieros, ya que el FMI advirtió esta semana en sus reuniones anuales con el Banco Mundial que la "hora más oscura" todavía no ha llegado.

El principal motivo de preocupación son las consecuencias que tendrá una de las campañas de contracción monetaria más aceleradas del mundo, ya que amenaza con provocar una crisis de financiamiento en dólares estadounidenses y sumir a las vulnerables economías emergentes y en desarrollo en mayores dificultades.

La casi implosión de partes de la industria de las pensiones en el Reino Unido tras el anuncio del gobierno de recortes de impuestos financiados con deuda (lo que obligó al Banco de Inglaterra a intervenir en repetidas ocasiones) también ha generado preocupación de que la inestabilidad pueda sepultar a las economías avanzadas.

Ante estas amenazas, algunos economistas e inversionistas habían mantenido la esperanza de que la Reserva Federal suavizara sus planes de subir las tasas de forma agresiva, ya que se enfrenta no solo a las vulnerabilidades mundiales, sino también a la creciente preocupación de que sus esfuerzos por erradicar la inflación causen importantes pérdidas de empleo.

"Cualquier esperanza de un giro se ha desvanecido", aseguró Aneta Markowska, economista en jefe de finanzas de Jefferies, y añadió que también espera que la Fed realizará otras dos subidas de tasas de 0,75 puntos porcentuales este año antes de aplicar un alza de medio punto en febrero. "Resulta que aplacar la inflación es más difícil de lo que pensaban y por eso les preocupa más equivocarse en ese sentido".

Este fue el mensaje que se transmitió en las actas de la última reunión de política monetaria de septiembre, en la cual el banco central elevó su tasa de interés de referencia a un rango objetivo de entre el 3 por ciento y el 3,25 por ciento.

Muchos funcionarios insistieron en que las consecuencias de hacer tan poco para frenar la inflación "probablemente superan" el costo de excederse, según se desprende de las actas, un punto en el que hizo hincapié el presidente Jay Powell cuando reconoció recientemente que no se puede descartar una dolorosa recesión en Estados Unidos.

Incluso el FMI adoptó este punto de vista, ya que el director del prestamista multilateral imploró el jueves a los bancos centrales de todo el mundo que tomen "medidas decisivas" para contener las presiones sobre los precios.

"La razón por la cual estamos apoyando un fuerte enfoque en la inflación es porque la inflación ha sido bastante obstinada y los riesgos de que se pierda el ancla de las expectativas de inflación se han hecho más visibles", afirmó Kristalina Georgieva a los periodistas en una sesión informativa. "No podemos permitir que la inflación se convierta en un tren descontrolado".

Los funcionarios de la Fed parecen estar unidos en su decisión de mantener una postura agresiva mientras sea necesario para enfriar la economía, y han impuesto un estándar muy alto para los datos económicos necesarios para cambiar de rumbo. En lugar de fijar la política exclusivamente en función de las predicciones de la inflación futura y del mercado de trabajo, han dicho que esperarán a que la inflación alcanzada comience a disminuir antes de dar marcha atrás.

Para algunos economistas, eso es casi una garantía de que la Reserva Federal se excederá, dado que estos parámetros de medición son indicadores retardados y los efectos de la política monetaria tardan en filtrarse en la economía. Pero para otros, es un riesgo que vale la pena correr en esta etapa.

"No se trata solo de la credibilidad de la Fed, sino del legado [de Powell] como presidente de la institución", indicó Diane Swonk, economista en jefe de KPMG. "Sería mejor dejar el cargo luego de recuperar la estabilidad de precios y el pleno empleo que terminar su mandato en medio de una explosión inflacionaria más corrosiva y desempleo elevado ".

Colby Smith

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